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Conmutar la vida - por GitaR.

Conmutar la vida

Ella empezó a hablar en voz baja, por lo que todos permanecieron en silencio para escucharla mejor.
─ Todo se siente muy raro ─, murmuró inclinándose hacia la persona que se hallaba a su lado.
En sus asientos todos se fueron descubriendo lentamente, mostrando otros rostros; tan parecidos unos a los otros que no podrías diferenciarlos. Todos tenían la piel color del olivo cuando se va secando en tanto mostraban pequeñas laceraciones. Los ojos negros vidriosos sobresalían de sus cuencas. Las frentes planas de cada uno de los pasajeros reforzaban la apariencia de una cabeza de mayor tamaño.
Comenzó a respirar con dificultad, lo que estaba mirando era algo que solamente puede ocurrir en películas de ciencia-ficción, no dentro de un avión. Su vecino de al lado la miraba fijamente sin mediar palabra alguna.
Un encogimiento de hombros le hizo hundirse en el asiento, no sin antes fijarse bien en sus acompañantes cercanos. Algo le resultó extraño, cada uno dejaba ver una medalla, con el mismo grabado. Tan similar a la que también colgaba de su cuello. Con nerviosismo tocaba el objeto circular frotando sus dedos en el relieve del mismo gastado por el tiempo y el uso.
El tiempo se hacía largo dentro del avión, ella había sacado un libro y no despegaba sus ojos de él. El vuelo seguía su rumbo salvo por algunas nubes tropezonas que estremecían de alguna manera a la nave.
Tal vez el medicamento que había tomado un rato antes de subir al avión le estaba haciendo efecto.
Todo había sido bien calculado, pero ella aún no estaba preparada para la sorpresa que le tenía la vida.
El silencio permanecía estéril en la cabina de pasajeros. Instantes después la tensión del momento fue quebrada por las atronadoras palabras que salían del intercomunicador:
─Queridos pasajeros, les habla el Capitán Garmendia. Les informamos que estamos entrando en el espacio exterior. Por favor manténgase atentos a las indicaciones y disfruten de esta increíble experiencia. Pueden desabrocharse los cinturones, ya hemos roto la barrera del sonido─, todos los rostros de los pasajeros mostraban una sonrisa inusual, excepto la de ella.
Retraída en sus pensamientos, no comprendía bien el mensaje del Capitán. Le daba vueltas a la palabra "espacio exterior". Además, le pareció curioso que llevara su mismo apellido.
Sus dedos nerviosos jugueteaban a reescribir la letra del medallón, una G invertida sobresalía a relieve. En la familia nunca hablaban sobre la historia de este. Un silencio absoluto se generaba al abordar el tema cualquier amigo de la familia que le llamara atención. Todos iguales, brillosos y desgastados a la vez.
Su cabeza ahora más despejada después de unas horas de sueño, la entregaron a su faceta detectivesca. Ella había perdido toda noción del tiempo. Todos estaban normales, como cuando acabo de subir a la nave. Hasta su vecino de al lado le pareció gracioso en su manera de respirar mientras dejaba salir un estentóreo sonido con su boca. Sus espejuelos llevaban un gran aumento, lo atestiguaban sus gruesos cristales. Intentó examinar su rostro, estaba confusa. Tan solo tenia un vago recuerdo de lo que había pasado. Dibujo una mueca en su rostro tratando de recordar.
Se guardó la medalla debajo de su blusa, pero al mover su brazo, pudo ver un pequeño bulto enrojecido en el antebrazo, terminado en una pequeña perforación.
─ ¿Acá habrá mosquitos? ─ se preguntó mientras pasaba distraída su índice una y otra vez en la roncha.
Otra vez el intercomunicador anunciaba que iban a dar algunas indicaciones, su molesto rechinar lo delataba.
─ En segundos aterrizaremos, abróchense los cinturones. Le daremos la bienvenida a la nueva visitante que nos acompaña hoy, démosle un efusivo pláceme ─, un largo aplauso se dejó escuchar mientras en sus rostros se dejaba entrever una sonrisa de satisfacción.
Aquella nave tenia las siglas de la Confederación de Planetas Unidos. La escalerilla del avión se deslizó suavemente para dar paso a los pasajeros y solo cuando estuvo firme la puerta se abrió. Afuera muchos estaban esperando la llegada. Al parecer el invitado que venía era de un alto linaje, el recibimiento con bombos y platillos comenzaría en breve cuando tocara tierra sus pies. Era la tradición desde mucho tiempo atrás. Era la reminiscencia de aquella etapa histórica en que a todos aquellos les hubiera gustado vivir sin tener que mudar su verdadera esencia.
Ella, la ultima en bajar, disfrutó del aire que penetraba en su pecho haciéndola sentir diferente, como si se inflamase por dentro.

Comentarios (4):

Edu, S.C.

23/04/2026 a las 21:30

Hola Gita, soy tu compañero de arriba y por lo tanto me toca comentar tu texto.

Sientiéndolo mucho, me temo que no voy a ser de gran ayuda. Lo cierto es que lo he leído tres veces, pero no he conseguido coger el hilo de la historia. Al principio pensaba que los compañeros de pasaje eran alienígenas, luego…la verdad que, como te decía, me he perdido. Me da la sensación de que hay muchas ideas metidas en el texto y tal vez no entrelazadas con la mayor claridad. Espero que no te molesten mis comentarios, prefiero ser sincero y decirte lo que me ha parecido como lector.

Por ponerte algún ejemplo, en tu frase:

Todo había sido bien calculado, pero ella aún no estaba preparada para la sorpresa que le tenía la vida.

Es de las primeras frases que me han desconcertado en el cuento. ¿Que ha sido calculado? no parece guardar relación con lo que ibas contando, o yo no he sabido verla.

A ver que te dicen otros compañeros, tal vez soy yo que no he sabido entender la historia.

Gita

24/04/2026 a las 07:14

Hola Edu:

Siempre son bien recibidos todos los comentarios porque uno aprende de ellos. Es mi manera de ver.
Pues no estabas errado: todos son alienigenas, incluyendo la protagonista. Sólo que ella no lo sabía.
Fue criada tan normal, por una familia “normal”, que hasta cierta edad, no le daban a conocer la verdad. Pienso que para no confundirla.
El secreto va en el medallón. En el lugar de aterrizajes la esperan para celebrar a la nueva miembro.
Pienso que al bajar las escaleras del avión se descubra su verdadera identidad.
Otro dato curioso es el apellido, todos tienen el mismo apellido.
En lecturas realizadas me llamó la atención éste, es de procedencia vasca y según historiadores pueden tener procedencia alienígena.
Espero que mi comentario te haya ayudado.
Nos leemos y es un placer poder compartir este taller tan interesante que comparte con nosotros Iría, los aprendices de los sueños.

Guillermo Cédola

28/04/2026 a las 19:27

Hola Gita!
Ante todo gracias por haber comentado mi texto
Me resultó un cuento interesante, con una atmósfera inquietante que se instala desde el inicio y se sostiene bastante bien. La sensación de extrañeza en el avión está lograda, sobre todo en esas descripciones de los rostros y el silencio compartido.
La protagonista transmite bien la confusión y esa duda constante entre lo real y lo percibido.
Hay una idea de fondo atractiva, con ese cruce entre lo cotidiano y lo extraterrestre que se va revelando de a poco.
El anuncio del capitán y el cambio hacia lo espacial le dan un giro que amplía el mundo del relato.
El cierre deja una sensación ambigua, medio enrarecida, que acompaña bien todo el recorrido.
En general, tiene un clima logrado y una propuesta que invita a quedarse pensando un rato más.
Espero nos sigamos leyendo
Guillermo Cédola

González

15/05/2026 a las 22:50

Es un gran ejercicio, envidio sanamente la prosa elegante que acompañas en tu narración, no sobra ni una palabra y la pregunta por los mosquitos es tan divertida en medio del ánimo general que me resultó como una especie de vuelta a la tierra.
Felicitaciones

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