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El latido de la porcelana - por Moldy Blaston
Reparar algo es, en esencia, una forma muy cortés de negarse a aceptar un cadáver, de que algo está perdido para siempre. Don Elías pasaba las tardes rodeado de muertos de metal y porcelana, trabajando con la precisión de un cirujano y la paciencia de quien no tiene a nadie esperándolo en casa para cenar.
En su taller de reparaciones, el tiempo parecía detenerse, acumulándose en polvo y aceite. Sus dedos, arrugados y curtidos, manejaban engranajes que ya nadie fabricaba, intentando rescatar objetos que el mundo moderno prefería desechar.
Sobre su mesa, un autómata de porcelana del siglo XIX descansaba frente a un pequeño piano sin cuerdas. Lo raro no era su mecanismo, que Don Elías conocía bien, sino que, según el cliente —un hombre con ojos de cabra muerta y un traje que olía a alcanfor y libros viejos—, la muñeca no tocaba música, sino que confesaba secretos.
—A veces, las máquinas se cansan de ser solo cosas —murmuró Don Elías mientras ajustaba un resorte que vibraba de manera extraña—. Se cansan de la física y empiezan a probar con la metafísica.
El taller olía a estaño fundido y recuerdos viejos, una mezcla que te hacía sentir que el pasado te apretaba la garganta.
Al acercar la lupa al rostro de la muñeca, sus ojos de cristal, de un azul estupefaciente, parecieron seguir el movimiento de sus manos. Entonces, el silencio se rompió. Ella empezó a hablar en voz baja. Empezó a pronunciar nombres. Nombres de gente que Don Elías conocía bien: vecinos que se habían ido sin avisar, el carnicero que cerró hace años para no volver, la niña del 4º B que se perdió jugando en el parque. La voz era suave, casi como la seda, pero cargada de un dolor insoportable.
—¿Cómo sabes eso? —susurró Don Elías, dejando caer las pinzas que resonaron en el suelo. La muñeca no respondió con palabras, pero sus dedos comenzaron a moverse rápido sobre las teclas mudas. El piano empezó a sonar, no con notas, sino con un latido extraño, como un corazón grabado en cera vieja.
Un frío terrible recorrió a Don Elías, un frío que no pertenecía a esa tarde de abril. Le venía de dentro, de sus propios huesos, como si su esqueleto estuviera intentando mudarse de su cuerpo. Miró alrededor: radios viejas, relojes de cuco, televisores de tubos… todos empezaron a encenderse solos, llenando el aire con ruido estático y voces distorsionadas, como si los objetos olvidados reclamaran su lugar.
—La materia no olvida, Elías —dijo la muñeca con una voz que retumbó en su mente—. Guardamos los secretos, los miedos y las traiciones que ustedes tiran. Somos el recuerdo de lo que un día desecharon.
Don Elías dio un paso atrás, tropezando con un gramófono que soltó una risa metálica. El tipo del traje con olor a alcanfor no era un coleccionista, sino un cobrador y Don Elías, que pensaba dar vida a lo muerto, sólo mantenía atrapadas las almas encerradas en esas máquinas.
Sintió un dolor fuerte en el pecho, como si un hilo de pescar invisible estuviera enredado en sus costillas y alguien estuviera recogiendo el carrete desde el otro lado de la realidad. Miró sus manos, que empezaban a brillar de manera extraña. Sus nudillos ya no le dolían, sino que se volvieron rígidos, como de marfil.
Intentó gritar, pero sólo salió un sonido hueco, como un fuelle roto. Se dejó caer en su silla viendo cómo sus dedos se transformaban en cilindros de madera pulida.
La muñeca se levantó y creció al tamaño de una mujer. Con una belleza fría de cristal y engranajes, se inclinó sobre él con una ternura aterradora y le acarició la mejilla, que sonó como porcelana al contacto de sus dedos.
—Tranquilo, Elías —dijo mientras lo acomodaba en una vitrina de cristal cerca de la puerta de entrada—. Ahora te toca escuchar lo que otros han guardado.
La muñeca salió del taller cerrando la puerta con llave.
Él, ya convertido en un reloj de pared, sintió cómo un péndulo comenzaba a moverse dentro de su pecho. Miró el cartel de la tienda, que había cambiado y ahora decía: “Museo de Almas de Segunda Mano”.
Lo último que vio antes de quedar cubierto por el barniz fue al hombre del traje con olor a alcanfor y libros viejos entrando a otra tienda, cargando una vieja caja de música que, si uno prestaba mucha atención, lloraba con la voz de una madre buscando a su hija.
Comentarios (20):
Diana T
21/04/2026 a las 00:32
Hola, Moldy
Considero que tu relato es muy evocador desde un inicio, con una pequeña lección en cada párrafo que nos llevan de la mano hasta un final sorprendente y que nos deja reflexionando.
Quiero destacar cómo desde un inicio nos atraes con una frase poderosa. “Reparar es una forma muy cortés de negarse a aceptar un cadáver” Se me hiela la sangre cada vez que lo leo, porque a mi me encanta reparar cosas, y muchas veces sé que es causa perdida, pero ahí estoy. (Espero no terminar como un reloj jaja)
Y como si esa poderosísima frase no fuese suficiente, nos introduces a un taller muy bien imaginado con descripciones sensoriales y llamativas. Cuando nombraste los “muertos” de metal y porcelana, pude vislumbrarlos, un sitio parecido al taller de Geppetto, pero con cosas de… bueno, metal y porcelana; cuando me dices de la precisión y paciencia de Elías, puedo ver sus manos minuciosamente trabajando; cuando me presentas el olor a estaño fundido, siento cómo mis pulmones se inundan del intoxicante olor (al cual también estoy muy acostumbrada).
A lo largo de todo tu relato, nos presentas frases muy poderosas. No las nombraré todas, pero destacaré la que dice “Se cansan de la física y empiezan a probar con la metafísica.” Es una forma llamativa, e incluso cómica de decirlo, pero que genera una incertidumbre en el lector que lo mantiene al borde del asiento.
El único pero que pondría, es que me hubiera gustado tener más pistas del papel del hombre que huele a alcanfor, o del pasado de la muñeca ¿es una madre que perdió a su hija? no me quedó muy claro. Y por supuesto, de qué tenían en contra de Elías para convertirlo en reloj, además del hecho de que él “sólo mantenía atrapadas las almas encerradas”. ¿Es sólo un acto de venganza o hay algo más?
Aparte de estas pequeñas dudas, no tengo nada de qué quejarme, es una historia mágica, inesperada y muy bien escrita. Un placer leerte, y saludos 🙂
José Torma
21/04/2026 a las 17:34
Hola, Moldy.
Pedazo de escrito que nos has presentado. Don Elías, un artesano que se aferra a reparar lo antiguo, cuando ahora todo es desechable. Los objetos que aprisionan almas es una imagen aterrorizante. Si alguna pega tengo, es que el hombre del traje que huele a alcanfor, parece tener más peso del que nos muestras. Tal vez en otro relato lo retomes y podamos saber más.
Disfrute mucho la lectura. Nos tomas de la mano y no sueltas. Yo soy una persona que tiende a ser acumulador y ahora que me has puesto la idea de que tal vez un poco de mi alma se quede en esos objetos, resulta inquietante por decir lo menos.
Muy buen relato, felicidades.
Monica Bezom
21/04/2026 a las 20:05
Hola, Moldy.
En primer lugar, muchas gracias por pasarte por mi relato.
En cuanto al tuyo, es un despliegue de imaginación de gran nivel. La primera frase es fuerte e incisiva y marca el tono, el tema y el mundo del personaje en la singular economía de una sola imagen. El universo del taller está construido con precisión sensorial; el olor, la luz, los objetos, todo contribuye a crear una atmósfera densa y coherente.
Encuentro la frase disparadora utilizada con originalidad en la voz de la muñeca; un desplazamiento coherente con el ecosistema fantástico del relato.
El remate de don Elías convertido en reloj y el cartel que dice “Museo de Almas de Segunda Mano”, constituye un golpe inmemorable. La imagen final de la caja de música que llora con voz de madre buscando a su hija me resulta extraordinaria y acertadísima. Entiendo que la hija es la muñeca. Aunque tal vez me equivoco, imagino la muñeca girando sobre la caja de música hasta que resolvió cobrar vida.
Tú dirás. Ha sido un placer leerte.
I noOsvaldo Mario Vela
22/04/2026 a las 01:26
Hola Moldy, saludos y un abrazo desde México.
Esa primera introducción a tu texto tiene mucha fuerza y más cuando termine de leerlo.
Debo de contarte que en mi niñez conocí a un Don Elias. Él era hermano de mi madre yo le llamaba tío Raúl.
El era relojero y componía cualquier utensilio del hogar que le llevaran. Un día, al trabajar en una licuadora, le pregunté que si funcionaria y me respondió que sí, pero que sería de segunda mano. Su taller justo frente a la casa de la abuela. Me pasé muchas horas observándolo. Me gustaba su oficio.
Admiro de tu relato la v obertura tan anplia que le das a nuestros atrasos de convivencia. Una madre buscadora.
Felicitaciones mil.
Susana
22/04/2026 a las 16:42
Me ha encantado tú cuento.
Terror en letras.
Luego de lo que se ha dicho previamente, creo que hay poco que agregar.
Felicidades por cultivar la escritura y hacer de la lectura un espacio para el disfrute.
Moldy Blaston
22/04/2026 a las 22:00
Muchas gracias Diana T., José Torma, Mónica Bezom, Osvaldo y Susana. Quería agradeceros de corazón vuestra lectura y los comentarios tan enriquecedores que me habéis dejado. Aprender de vuestras miradas es lo mejor de este taller. Gracias por ayudarme a mejorar y por hacer de este espacio un lugar tan especial para compartir historias.
Nos leemos!!!
Otilia
23/04/2026 a las 09:55
Hola, Moldy, muchas gracias por tu comentario tan generoso y estupendo.
Tu historia mágica me ha encantado a la vez que aterrorizado. Siempre me han dado miedo esos almacenes de reliquias y tú con tus palabras logras un taller ” de ternura aterradora”.
Buenas descripciones enriquecidas con frases potentes como la de acumulación del tiempo en polvo y aceite o la del pasado que apretaba la garganta.
Creo que el recuerdo que aprieta la garganta de Elías y por el que es castigado tiene algo que ver con la desaparición de la niña del 4º B, por ello, antes de ser cubierto con el barniz escucha el llanto de la madre buscando a su hija.
¡Felicidades! ¡Buen trabajo!
Nos leemos. Saludos.
Verso suelto
23/04/2026 a las 11:31
Hola Moldy. Lo primero agradecerte tus elogiosas palabras a mi texto. El tuyo te engancha en cuanto aparece la muñeca que confesaba secretos. Hábilmente, nos enredas con tus palabras en ese mundo de muelles y engranajes y cuando ya estamos dentro del juego, como si fuéramos un cachivache más, nos manipulas a placer. El texto contiene expresiones muy originales: “un hombre con ojos de cabra muerta y un traje que olía a alcanfor y libros viejos”, “ Se cansan de la física y empiezan a probar con la metafísica”, “ un azul estupefaciente”, “ un corazón grabado en cera vieja”
Estupenda la manera en que anticipas el final: El tipo del traje con olor a alcanfor no era un coleccionista, sino un cobrador. Magistral la frase: “Con una belleza fría de cristal y engranajes, se inclinó sobre él con una ternura aterradora y le acarició la mejilla, que sonó como porcelana al contacto de sus dedos”.
En resumen, un relato muy, pero que muy bueno.
PROYMAN1
23/04/2026 a las 17:13
Saludos Moldy te comento tu relato aunque los compañeros ya se encargan en abundar en mas detalles
Me ha gustado y creo que es una una pieza de terror gótico moderno. Logras una escena desde la ternura de un viejo taller hasta una pesadilla donde la materia cobra vida y se cobra su deuda.
Lo más importante es el cambio de roles: el reparador acaba convertido en la pieza reparada. La frase “la materia no olvida” condensa perfectamente esa atmósfera de inquietud donde los objetos no son solo cosas, sino recipientes de lo que el ser humano desecha. Un relato con un cierre circular y visualmente aterrador.
Te doy las gracias por haber leído el mío y tomo nota de tus observaciones
Nos seguimos leyendo.
Codrum
24/04/2026 a las 13:34
Hola,
Primero, gracias por pasarte por mi texto y comentarlo.
Ahora el tuyo:
Tienes unas frases que son preciosas y muy acertadas. me gusta como todas las metáforas y similies del texto se mantienen dentro de esa tienda.
La primera parte me atrapó, siento que estoy dentro, veo la tienda y me enriquezco con lo que presentas.
La segunda parte me pareció mucho más acelerada. Potente, pero acelerada.
No me cala con la misma intensidad que la maravillosa descripcion inicial.
Dicho esto, es un texto muy muy original. La primera frase es tan potente que te obliga a seguir leyendo.
Felicidades por esta maravilla y gracias por una version tan diferente de toy story 😉
Codrum
24/04/2026 a las 14:03
Hola, Hugo.
Muchas gracias por la valoración de mi relato. Se agradecen mucho tus comentarios, que siempre aportan. Los tendré en cuenta. Siempre es un equilibrio entre describir y dar ambiente, y el incorporar algo que aporte.
Ahora tu texto. Es muy interesante lo que planteas. No he notado un clímax puro; siembras dudas sobre la importancia de la anciana al llamarse igual que la hija del capataz, pero no se desarrolla. Pese a eso, no desmerece el texto, que tiene una lectura fácil y con un guiño metaliterario.
Ahora, cosas que no entendí:
Lo primero es el motivo que le hace al protagonista evitar la prensa local, si no tiene el libro publicado. ¿Es un bombazo antes de haber salido?
—Permiso, joven —me dice una señora, un poco más joven que yo, tratando de colocar su equipaje en el mismo compartimento.
¿Cómo, siendo más joven que él, le dice “permiso, joven”?
Nunca he intentado escribir una novela. ¿Cómo es que tiene el libro ya impreso y la señora sabe que no está publicado? “No puedo esperar a que se publique para leerla”. Ella no sabe que la presentación es al día siguiente. Ella ve un libro tal cual. ¿De dónde ha sacado esa información?
—Por supuesto Marité. —No sé si aquí falta una coma y sería: “Por supuesto, Marité”.
—¡Hay, pero qué emoción compartir el viaje con un escritor! Contame por favor de qué trata. —Ese “Hay” debería ser “Ay”. ¿No?
—Cuentan que alguien le llevo un manuscrito a Chéjov y le preguntó: — “Llevó” iría con acento.
—¿Y, que le parece? — “¿Y, qué le parece?”
Eso intento decirle, es mi primera novela. — “Primera”…
A ver, son cosas mínimas. Son demasiados fallos para que los tengas. A ver si estás haciendo un giro genial de metaliteratura y estás dándonos a entender que los libros se deben de revisar y revisar y revisar y revisar… Juegas con esos fallos para acrecentar la sensación de lo que el texto habla.
No sé, me vino ahora a la cabeza. Jejeje, sería ya el giro final del metatexto.
Codrum
24/04/2026 a las 14:09
Perdon por mi último comentario, no iba aquí.
Cristina Otadui
25/04/2026 a las 08:05
¡¡¡Pedazo de relato que te has marcado este mes Moldy Blaston!!!
Tu texto tiene todos y cada uno de los elementos de lo que se llama “Terror Lírico”. Este cuento de hadas oscuro construye para el lector un ambiente melancólico e inquietante. La atmosfera que creas con esa mezcla de lo emocional y lo puramente físico, y a la vez con el metal, la porcelana, los engranajes es perturbadora. A veces siento que la intensidad de las descripciones, de las metáforas es tal que me resulta asfixiante.
Una voz narrativa consistente con una cierta carga de filosofía (la materia no olvida), un ritmo bien medido que te va llevando a través del texto hasta llegar a lo inevitable, el desarrollo de los personajes, la estructura clásica y bien armada… Todo está de 10 🙂
A partir de ahora tendré cuidado con intentar rescatar “cualquier cosa” del pasado que si quedó olvidado, pudiera ser que la razón fuera indiscutible
Mi mas sincera enhorabuena,
Gracias por escribir y compartir.
¡¡Nos leemos!!
Edu, S.C.
25/04/2026 a las 14:25
Hola Moldy Blaston, lo primero muchas gracias por tu visita a mi texto y disculpa haber tardado tanto en devolver la visita. En cuanto a tu cuento, me uno a los aplausos de los compañeros. Me ha gustado mucho. La historia atrapa y contiene imágenes muy potentes y originales, sin que en ningún momento sean excesivas. Buenísimo trabajo.
Si tuviera que mencionar un mini “pero”, sería en esta frase:
El tipo del traje con olor a alcanfor no era un coleccionista, sino un cobrador…
Tal vez es la única parte explicativa del texto, a mi parecer.
Pero lo dicho, me parece muy bueno tu cuento, felicidades!
Jesúss
25/04/2026 a las 16:38
Me ha encantado este relato
Y sobre todo me ha gustado mucho el cartel que había cambiado de la tienda
. Realmente es verdad no damos valor a las cosas simplemente las cambiamos la no les damos una segunda vida y no la reparamos y es como si no reparáramos el alma y me ha gustado mucho comparativa entre las cosas viejas y el alma como es el alma se pudiera reparar el internet hervida y el final la verdad me ha dejado un poco inquieta.
Te sigo leyendo y espero poder hacer los comentarios porque ahora tengo un problema con la vista.
Moldy Blaston
25/04/2026 a las 20:02
Otilia, Verso Suelto, Proyman1, Codrum, Cristina, Edu y Jesusa, muchísimas gracias a todos por dedicarle tiempo a mis letras y por vuestros comentarios. Escribir es un acto solitario, pero leeros y recibir vuestras impresiones hace que este viaje mensual que compartimos merezca realmente la pena. Me llevo vuestras sugerencias y, sobre todo, la calidez de vuestras palabras. ¡Nos seguimos leyendo!.
KEKA
26/04/2026 a las 17:14
Que decirte gracias por escribir, por descubrir personajes llenos de vida, por tu muñeca especial y por seguir creando mundos. Un relato original. Y con fuerza que me transporta a mundos imaginarios Enhorabuena seguiremos.
Pilar (marazul)
26/04/2026 a las 17:19
Hola Moldy: te felicito por tu relato. Perfecto en cuanto a la forma: ambientación, estructura, definición de los personajes. Imaginación y fantasía, misterio, temor…El final perfecto para un relato que trata el terror de una forma muy sutil y que encaja muy bien con el acertado título: “El latido de la porcelana”.
Me ha encantado
Un abrazo
Daniel Calleja
28/04/2026 a las 18:46
Hola Moldy: te felicito por tu relato y te agradezco tu comentario al mío. Lo único que puedo agregar a todo lo que te han comentado previamente, es que tu prosa muchas veces nos regala momentos cargados de poesía e imágenes. Un hermoso texto, bien narrado, fácil de leer, que nos transporta a ese taller tan bien ambientado y esa transformación final que le da un cierre mágico y sin embargo creíble. Un placer leerte.
Moldy Blaston
29/04/2026 a las 17:00
Keka, Pilar, Daniel, muchas gracias por vuestras elogiosas opiniones y por los ánimos a continuar escribiendo.
Me hago un mix con todo y tengo carburante para seguir en la brecha.
También a todos los que me habéis hecho alguna crítica, siempre constructiva, os lo agradezco enormemente. Todo ayuda.
Nos leemos!!!!