Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

El guión - por Rafael RicardoR.

Vio, como una coreografía, dos partes del pasado; pensó en los japoneses, el cortejo, las disculpas y su tradición, mientras practicaba su diálogo. Sin perder la idea de que en ciertas categorías no se adornan esas palabras, ¿serán coincidencias o eso atrae a ese personaje?

— ¿No crees que ver que se comportan igual es cuestión de que tenemos un cuerpo similar y pensamos lo mismo? O al menos concordamos con lo que es bueno o malo; prácticamente coincidimos con las leyes.

— Sí, pero este personaje es muy atractivo; hay algo que no… Yo creo que sí inspira a los otros a reaccionar.

— Puede ser un personaje melómano. Y tú, que la representas, eres bella. ¿Te pasa a ti?

— No lo había pensado así; salgo poco y leo mucho. Creo que me cubro bastante el cuerpo; tampoco soy una actriz famosa como para disfrazarme, y no entiendo a los paparazzis. Mira un rato y me dices.

Al imaginarse la coreografía y pensar en los japoneses, meditó un rato y actuó:

— Siempre vienes con lo mismo.

Lee el guion de los otros personajes mientras hace los gestos de reacción y va a escena:

— Esa respuesta de "soy yo" no es excusa para que tenga ya la imaginación coordinada y nada de especial.

Volvió al espejo y miró sus gestos para imaginarse la escena.

— ¿Cómo te pareció esa escena?
— Alimenta el ego del personaje.
— Cierto, yo pienso lo mismo. ¿Y qué tal los gestos?
— Dame contexto.
— Él dice: "Yo soy así".
— ¿Cómo resuelven los pensamientos del personaje?
— Se van a ese otro escenario. Déjame hacer al otro personaje.

Se levanta y actúa:

— Yo soy así. Esa respuesta de "soy yo" no es excusa para que tenga ya la imaginación coordinada y nada de especial.

Vuelve al espejo y deja el libro sobre la mesa.

— Creo que ya lo memoricé.

Alguien tocó la puerta; vestía todo de blanco y era grande. Le pregunta:
— ¿Qué haces?
— Estoy practicando el guion.
— Suerte con eso —y cerró la puerta.

Volvió a mirar al espejo y le preguntó:
— ¿Qué tal te pareció la escena?
— Bueno, con el diálogo de él, veo muy poca dramatización. ¿Eso es todo lo que vas a decir?
— El personaje es su amante escondida y él es casado.

Volvió el hombre de blanco:
— En unos minutos vengo, ya tú sabes.

Ella empezó a hablar en voz baja:
— Qué detalle, ese hombre me ama. Me da unas vitaminas que me vuelven más inteligente, como si quitaran algo, y me despreocupo de la actuación. Igual es solo un comercial.

El hombre de blanco le pregunta:
— ¿Con quién hablas?
— Contigo.
— Murmurabas algo.
— Sí, el buen efecto de las vitaminas.
— ¿Y esas hojas en blanco sobre la mesa?
— Es un guion.
— ¿No será otra de tus ideas?
— Bueno, dame las vitaminas. Tengo que brillar en el escenario.
— La negación no es un buen punto de partida si quieres sacarle provecho a tus vitaminas.
— Yo solo quiero actuar.

El hombre de blanco la inyecta, revisa toda la cama buscando algo cortopunzante y, por último, la celda acolchada.

Comentarios (2):

Hugo

21/04/2026 a las 01:50

Hola Rafael Ricardo:

Construiste una buena historia con un narrador externo omnisciente que parece desaparecer para cederle el mando a “los” personajes, interviniendo en muy pocas ocasiones.

Alterna estilo indirecto con estilo directo (muy buenos diálogos).

El tiempo de la narración aparece alterado:

Las dos primeras intervenciones son en tiempo pasado (vio, meditó).

La tercera es en tiempo presente (lee, hace, va)

La cuarta es en pasado (volvió, miró).

La quinta es en presente (Se levanta y actúa)

La sexta también en presente (vuelve, deja)

La séptima comienza en pasado (tocó, vestía, era) y termina en presente (Le pregunta).

Octava, novena y décima son en pasado (volvió, preguntó, empezó)

Finalmente las dos últimas intervenciones son en presente (pregunta, inyecta)

No sé si es a propósito para aportar a la creación del clima, de la ambientación, pero creo que si toda la narración fuese en tiempo presente, simulando que todo sucede en tiempo real, el relato ganaría en inmediatez, suspenso y conexión emocional con el lector. Igual, está muy bien, solo estoy pensando en voz alta.

Si bien va dando algunas pistas, recién comencé a sospechar de qué iba la cosa cuando aparece el hombre de blanco. Está muy bien armado para crear el efecto final.

Felicitaciones, hiciste un gran trabajo.

Monica Bezom

21/04/2026 a las 15:25

Hola, Rafael Ricardo.
Nos traes una historia rica y atrevida en el argumento. De su lectura se desprende que tenés clara la idea y la construcción del personaje, ambas muy buenas y sólidas. La revelación final de que la protagonista está en una celda psiquiátrica resignifica el relato; el efecto sorpresa realmente funciona.
Pero en el desarrollo la narrativa se vuelve confusa en razón de su falta de claridad; nada que no puedas salvar con un repaso detallado, ya que la historia lo vale. La ambigüedad entre ficción y realidad, entre ensayar un guion y vivir una ilusión, tiene mucho potencial a mi ver.
En cuanto a la falta de claridad,
los diálogos del principio son confusos: no queda claro quién habla con quién y, algo tarde para el lector, luego se entiende que ella habla sola frente al espejo. Esodesorienta.
El primer párrafo lo encuentro especialmente oscuro. “Los japoneses, el cortejo, las disculpas” aparecen y desaparecen sin dejar rastro en el resto del texto.
Los cambios de tiempo verbal, que Hugo señala en su comentario, también contribuyen a esa sensación de inestabilidad. Vale la pena reescribirlo, es una muy buena trama que merece brillar.

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *