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Grito silencioso - por GonzaloR.+18

Cae la noche, hay que esconderse rápido.
Comienzo a ver todo el alboroto que se genera: padres levantando a sus hijos para ir más rápido, dos amigas sacándose los zapatos de tacones altos que no las dejan correr, a la derecha un hombre chocando a personas lentas porque solo es un poco más rápido que el resto.
Los vehículos quedan en cualquier sitio de la calle. Mucha basura que la gente deja atrás. Es todo un caos, como cada día que la noche está por caer. La sirena solo suena hasta 10 minutos antes de oscurecer, porque a “ellos” les gusta el silencio.
¿Quiénes son ellos?, te preguntarás.
Son seres que aparecieron en la Tierra hace cien años. Vinieron en son de paz, a traer tranquilidad y prosperidad, pero mi abuelo me contó que un día un grupo se rebeló contra sus superiores, y se adueñaron de la Tierra. “Ellos” eran malos, decían que la noche sacaba lo peor de la humanidad: vicios, juegos, asesinatos, robos, violencia, y un sinfín más de cosas. Obligaron a toda la humanidad a vivir de día y a la noche, encerrados.
Si se encontraban a alguien, lo llevaban hasta la base para ejecutarlo a sangre fría y lo dejaban colgado en la plaza como aviso, para que al otro día observen lo que le pasa a los que no obedecen.
Faltan 15 minutos para la noche, se escucha el sonido de las puertas y ventanas cerrándose. Hoy va a ser una noche muy fría. Ya se comienza de a poco a notar todo el humo que sale de las chimeneas de las casas, y de los edificios pequeños, el sonido de los aires acondicionados.

Faltan 10 minutos y la sirena se ha apagado. El bullicio de las conversaciones cesa, quienes escuchan música la apagan, los aires acondicionados se desconectan, solo se escucha la brisa que comienza a aumentar de velocidad y hacer como un silbido aturdidor. “Ellos” se aproximan.

Muchos estuvieron de acuerdo con estos seres: personas trabajadoras que debían levantarse temprano, religiosos que llamaban a las personas nocturnas, pecadoras y también, aunque no lo creas, a los médicos. Siempre batallaron por el arduo horario que debían hacer, a veces más de 12 horas. Era la primera vez que podían descansar lo suficiente, por consecuencia muchas personas enfermas quedaban solas en el hospital. Ningún médico quería estar lejos de la familia. En contra estaban, primero, los adolescentes: esos rebeldes que son necesarios para avanzar, cambiar la realidad y no vivir en un mundo monótono, y avejentado. Después muchas empresas nocturnas, bares, bailes, casinos, toda la vida nocturna comenzaron a dar quiebra, varias personas sin trabajo y en la calle.

Las primeras semanas de aquel toque de queda, no se le hacía caso. Siempre había alguno que se quedaba afuera para ver qué pasaba: las bandas de delincuentes, personas a las que se les olvidaba o no les interesaba, pero cuando comenzaron a colgarlos en la plaza, tomaron conciencia.

Faltan 5 minutos, no sé si será mi ceguera o qué, pero ya no diviso gente en la calle, nadie se queda en la calle antes de la noche.
Tampoco avanzamos como humanidad por no vivir en la noche, lo que se hacía, ahora se hace a la luz del día, y se ha vuelto peor. Ya no se esconden las bandas para delinquir, practicar sus vicios, o asesinar a la gente. A mis 70 años no sé qué es más peligroso, si el día o la noche.
A mi edad me encuentro muy solo, mis hijos no vienen a visitarme y no veo a mis 4 nietos adorables. No tengo esposa, ella falleció hace muchos años de cáncer, y la plata de la jubilación no me alcanza.
Cayó la noche. Ahora sí que no hay ni un alma ni un poco de ruido, es un ritual irse a dormir pensando si alguien aparecerá mañana colgado en la plaza.
Esta noche solo deseo que mis hijos mañana pasen por la plaza, así por fin voy a sentirme mirado por ellos después de tanto tiempo.
“Ellos” ya vienen por mí, estoy cansado de una larga vida de trabajo y terminar así. Comienzo con un aplauso temeroso en el medio de la calle para que me encuentren rápido. Cada vez hago más ruido para terminar esta agonía.
Siento que vienen detrás de mí.
Escucho un chillido.
Pienso en mi esposa y cierro los ojos.

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