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En honor a Ray Bradbury - por Violeta NegreR.
Web: https://inma-volandovoy.blogspot.com/
Entro despacio en la casa a oscuras. Debía de anular la antigua chimenea que en la Nueva Era suponía una provocación, un peligro, una tentación de contactar con algo real. Tras el carné (falso) de seguridad, ella le acompañó en silencio hasta el interior de la vivienda. Recordó la llamada del propietario: su mujer era un espíritu inestable y no quería problemas. Hacía una semana había lanzado al fuego su novísimo y carísimo móvil chamchung. Desde entonces, parecía distinta. Hacía preguntas raras y apenas si la reconocía. No quería conectar con las pantallas amigas laterales. Permanecía aletargada, rara, sin interés por el mundo digital. Y sí, era cierto que la mujer tenía una sensación de alienada, de alucinada, de estar ausente que uno percibía en cuanto abría la puerta. De hecho, no le hizo ninguna pregunta y en cuanto llegaron al salón, se dio la vuelta y le dio la espalda. Murmuró una excusa sobre hacerse una taza de café y lo dejó solo.
Así que así, con total libertad, en lugar de tapiar o deshacer la chimenea, hizo un buen fuego. Pronto sintió el crepitar y el calor de las llamas en su cara.
Mientras disfrutaba de la lumbre, sacó un libro del bolsillo. Empezó a leer al azar:
“Fue la noche de Santiago,
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos”…
En ese preciso momento, ella volvió al salón con un aire entre espantada y maravillada.
-¿Qué hace usted? ¿No sabe que leer está prohibido?
-¿No se siente mejor al escuchar los versos?, contestó ignorando la pregunta.
-La verdad es que sí. ¿De quién son?
-De Lorca, Federico García Lorca.
-Me da la sensación que estos versos son como curar una ceguera. Y me resultan muy agradables. Me transportan a otro sitio. A otro lugar más real. ¿No leerá un poco más?
-Claro que sí:
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El viento sobre la mar y el caballo en la montaña…
-Son maravillosos. Si le descubren los vecinos tendremos problemas. Le denunciarán y me denunciarán a mí.. Y empiezo a sentir que me da igual. También comienzo a sospechar que usted no ha venido a encargarse de la chimenea…
-No, Elena. He venido a encargarme de ti. Antes los leías. Te encantaban. Lo enseñabas en las clases de Literatura y arrancabas los aplausos de tus alumnos en los recitales de poesía. Es el “Romance sonámbulo".
-¿Los leía? ¡No hay título que explique mejor cómo me he sentido hasta este momento! Sonámbula, sí, ¡así he estado mucho tiempo! Dormida sin descansar y despierta sin consciencia. Pero se acabó: ¡ahora me he despertado de verdad!
Abrió la puerta de un tirón. Salió a la zona ajardinada y él fue detrás. La noche era cálida y, como en el poema, los grillos empezaron a cantar.
Salieron por el paseo y, en las casas vecinas, las pantallas amigas laterales ya estaban encendidas. En ellas, todos parloteaban sin cesar o a voces para acallar los pensamientos, las necesidades y las emociones de las personas.
-¿Dónde vamos?
-Con el resto de profesores de Literatura. Has sido de las últimas en ser recuperadas. Hay mucho que hacer. Las peores pesadillas de Ray Bradbury se hicieron realidad…
-Qué nombre tan poderoso…
-Poderoso y visionario, querida. Estamos en Fahrenheit 451. Pero ya hay un compañero-libro que se ha encargado de él. Necesitábamos interiorizar este referente lo antes posible dadas las circunstancias, pero si Lorca te ha hecho despertar, debemos aprovechar y fijar sus obras de inmediato. ¿Te suena Soledad Montoya?¿No? ¿Y Bernarda Alba? Te va a encantar…
Comentarios (2):
Elena M.
18/05/2026 a las 18:05
Hola Violeta,
Me ha gustado mucho tu relato, sobre todo la manera en la que introduces los poemas de Lorca y la referencia a Fahrenheit 451. Por otro lado, la atmósfera está muy conseguida y hay imágenes muy bonitas, como el fuego de la chimenea o los grillos en la noche.
Me parece un relato muy interesante y muy bien escrito. Da ganas de que haya una segunda parte para ver qué sucede. Enhorabuena!
Monica Bezom
18/05/2026 a las 21:06
Hola, Violeta.
Nos presentas un relato cuya idea me parece hermosa y bien concebida en su eje: un agente que finge venir a tapar una chimenea y en cambio enciende un fuego y lee poesía para despertar a una mujer adormecida por el sistema. Preciosa imagen; una inversión elegante de Fahrenheit 451.
La elección de Lorca me encantó por cuanto la musicalidad de sus versos torna creíble que sean capaces de “despertar” a Elena.
El final, hacia un polo de resistencia integrado por los profesores de literatura, arroja una luz de esperanza sobre una sociedad domesticada.
Por otra parte, encuentro que has manejado muy bien La referencia a Bradbury, ya que ésta es el núcleo temático del relato.
Tal vez podrías reconsiderar la
explicación final; me parece algo extensa e innecesariamente explícita:”Estamos en Fahrenheit 451″, “necesitábamos interiorizar este referente…”. El relato ya lo ha mostrado sin necesidad de nombrarlo.
Digno de destacar es el hecho de que el texto respira a través de un párrafo encantador: “Salió a la zona ajardinada y él fue detrás. La noche era cálida y, como en el poema, los grillos empezaron a cantar”. Muy logrado también el parloteo “de las pantallas amigas” a fin de acallar pensamientos y emociones.
En orden de peros, encontré algunos: el texto abre en primera persona (“Entro despacio en la casa a oscuras. Debía de anular la antigua chimenea”), para, de inmediato, saltar a tercera persona (“ella le acompañó en silencio”, “Recordó la llamada del propietario”) en la que se mantiene, sin explicación para la primera persona del principio que queda flotando.
“-¿No se siente mejor al escuchar los versos?, contestó”, debería llevar raya de cierre antes del atributo: “—¿No se siente mejor al escuchar los versos? —contestó”.
“chamchung”, marca inventada, con mayúscula funcionaría mejor.
Finalmente, de las tres palabras obligatorias, “chimenea” destaca como muy bien empleada ya que es el pretexto del protagonista para entrar a la casa y también el símbolo de lo real y lo prohibido.
Has escrito una historia estupenda que me dio gusto leer. Más que justificado el homenaje a Ray Bradbury.
Saludos.