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Mi Mundo Feliz - por Fernando Luis Duran AcostaR.+18

El autor/a de este texto es menor de edad

Vivíamos en una sociedad plagada de maldad y desenfreno total; en todos los rincones solo había caos e injusticias. La sociedad había llegado a unos niveles de intolerancia que sobrepasaban a la más cruel de las historias escritas por los grandes cineastas. El líder de la poca humanidad que quedaba, Sadi Sutikku, era un dictador ególatra, narcisista, sádico y enfermo mental, nacido en medio de la guerra por el agua, la cual había ocasionado la muerte del 70% de la humanidad. Se erigió como líder, haciéndose paso con asesinatos, magnicidios y un golpe de Estado que inició en la región central de Pangea y se extendió por todo el territorio con campañas violentas y sádicas.
Mi familia fue una de las más afectadas en la región norte; mis padres, mis hijos y mi esposa fueron cruelmente asesinados por el régimen, todos fueron colgados en el jardín y exhibidos con un letrero que decía “ARRIBA EL LIDER”. Gran parte de la población cedió a esta nueva era de dictadura cruel, solo algunos se negaban a hacer parte de esta orgia de violencia, por mandato de Sutikku, solo podías ser un Forowa, que no eran más que sus asesinos de mente sádica como la de él, o un Suhaisha quienes eran los que le rendirán pleitesía y le pagaban tributo para ser protegidos.
El día que asesinaron a mi familia, yo estaba en el sótano, en mi laboratorio, estaba en medio de un experimento que ayudaría a toda la humanidad, iba a ser algo revolucionario, con solo una capsula calmarías la necesidad de beber agua por más de 48 horas, obteniendo los mismos beneficios que esta otorga para la salud.
Había estado encerrado en mi laboratorio, un poco más de dos semanas, decidí subir a ver a mi familia y dormir un poco, la capsula Mizu, como la bauticé, ya estaba casi lista, me podía dar el lujo de descansar un poco para ultimar detalles. Tomé un baño y comí frijoles enlatados, reaccioné y pregunté si alguien estaba en casa, no obtuve respuesta, estarán de paseo, pensé. Subí a la habitación a recostarme en la cama, aprovechando la paz que había y fue cuando los vi, estaban todos colgados en las ramas de un árbol seco que irónicamente es conocido como el árbol de Judas, me quebré, me destruí por dentro, todo colapso en mi interior, pero no salió ni una lagrima, solo me levanté, y me encerré en mi laboratorio.
Miles de ideas pasaban por mi cabeza, pero ninguna era contundente, no quería apagar la violencia con más violencia, solo quería ponerle fin a este mundo desastroso y entonces llego la idea perfecta y claro que la iba a poner en práctica.
Mizu era la base, solo cambie el magnesio y el hidrogeno por algo más elaborado, componentes que actuaban directamente sobre la ínsula anterior y el estriado ventral del cerebro, que es donde se alojan los pensamientos sádicos y la satisfacción que sienten estos animales al hacerle daño a los demás. Dispuse en mi mente un plan muy simple, y lo llevé a cabo.
Incinere mi laboratorio creando una gran chimenea donde arroje muchas capsulas del nuevo Mizu, para que actuara sobre los destructores de gran parte de la región norte y todo salió según lo planeado. Al hacer contacto con altas temperaturas, el componente principal de Mizu se esparce atacando solo a los individuos que tienen más desarrollada la violencia en su cerebro, bloqueándoles la visión, y causando una resequedad excesiva que los obliga a buscar líquidos, con el pasar de los días y al no poder satisfacer su necesidad de agua, el cerebro colapsa y el individuo muere.
Veinte días después, y con la ayuda de los Suhaisha liberados y los que quedaban de la resistencia, esparcimos la ceguera por toda Pangea. Nos dirigimos a la región central a buscar a Sutikku, estaba encerrado en su mansión, ya no tenía a nadie de su lado, ya no era el monstruo que atormentó a la humanidad, ya no tenía reino, ya no era nada. Tiré el resto mis cápsulas de la nueva Mizu por su chimenea y en cuestión de segundos murió delante de la multitud, ciego y con el cerebro destruido, toda Pangea grito y salto de emoción, ya eran libres de verdad y los aplausos no faltaron. Mi nuevo mundo feliz ya no sufrió con la violencia, mi nuevo mundo feliz ya no sufrió de sed, somos libres y vivimos en paz.

Ccomentarios (1):

Aram

18/05/2026 a las 21:54

Hola Fernando, veo que eres menor de edad lo cual habla mucho de tu potencial. Sigue adelante y llegarás muy lejos. Nunca dejes de escribir.

Ahora bien quisiera darte algunas ideas, espero también pases a mi relato y dejes un comentario. Soy el número 28.

Lo que más me gustó: Hilas bien las ideas y todo se lee muy fluido. La idea de tu mundo es muy interesante también.

Lo que menos me gustó: Creo que deberías enfocarte en la acción ya que es un texto breve, tal vez estabas pensando en un texto más amplio y te faltaron más palabras. Podrías empezar con “Había estado encerrado en mi laboratorio,…” o “El día que asesinaron a mi familia, yo estaba en el sótano…” aunque en la segunda frase se entendería que el narrador está contando el relato en forma de recuerdo. De todas formas mi sugerencia es ir contando conforme a las acciones más que a las descripciones.

Lo que creo que podrías mejorar: Podrías leer (si no lo has hecho ya) relatos cortos como los que puedes encontrar en este libro: Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Creo que te puede gustar, además de darte muy buenas ideas.

Gracias por escribir tan bien, sigue compartiendo tus textos y nos leemos en el camino.

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