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Un joven con muchos años - por AmadeoR.
Desde que tomaron el poder dictatorial tras batallas entre bandas guerrilleras, lograron independizarse del país al que pertenecían. Durante los primeros doce años, el triunvirato gobernante impuso el concepto de autoridad máxima: obedecer sin límites ni excusas. Los pobladores fueron aceptando la situación, pues la vida de ellos era ordenada y pacífica.
Años después el gobierno inició una campaña de “concientización” dirigida a los ancianos mayores de 80 años. Se les confirmaba qué los viejos, aun cumpliendo todas las leyes, eran una carga para el estado por no aportar valores compensatorios.
La publicidad en panfletos y en noticieros radiales sobre el tema, comenzó a difundirse diariamente: “Los ancianos, cada año son más ignorantes e inútiles”… “Muchos viejos son desatendidos por la familia”… “Los mayores de 80 son débiles sin iniciativas”… “Los vejetes complican a otras vidas y al país”… “Por lo que todos ellos serán considerados “descartables”.
Luego de tres años de adoctrinamientos, la mayoría de la población, incluidos los ancianos “descartables”, habían aceptado dichas falacias.
Odolf, un anciano de 93 años, activo y con plena conciencia de vida, se enteró que los primeros viejos “descartados-desaparecidos” fueron quienes padecían ceguera. Cuando lo confirmó, tembló enfurecido.
Una madrugada, insomne por pensar en las mentiras atroces del triunvirato, se rebela y decide demostrar que los ancianos pueden y deben aportar experiencias positivas y negativas, para mejorar la vida de niños y adultos. Odolf se sabe terco y luchador. Comienza su propia campaña de rebeldía: “Ancianos abandonados en soledad”, pero luego de tres días es “silenciado” en una celda carcelaria.
Su nieto, Urus de cuarenta y tres años, funcionario destacado del gobierno, afectado por el encierro sorpresivo de su abuelo, reacciona inconsciente y planea liberarlo, aun corriendo riesgo de vida para ambos. Durante una semana busca y encuentra el modo. Tras algunas visitas al detenido y de acuerdo con él, Odolf simula enfermedades y finalmente su muerte, cuyo cuerpo es sacado de la prisión por Urus, lloroso… y regresan a la casa.
Aliviados, deciden reemprender la lucha mostrándose solo Urus, quien conversaría, asesorado por el abuelo, con los vecinos y ellos con otros, hasta lograr el objetivo prefijado: “Vida libre para los ancianos”.
En las noches, con las persianas bajas y en voz casi imperceptible, se proponen ideas y modos para “despertar” a la población:
—Háblales sobre que es ser viejo. Que todos luchen contra el “viejismo” sin timideces.
—La publicidad actual ignora la vejez, el cine se burla y la tecnología la excluye —asegura el nieto.
—Sí, querido. Creen que los viejos somos asexuados. Si se quiere, se puede. No será el sexo de los 20 años, pero es erótico —dice el abuelo, mientras Urus sonríe.
—Cuando yo diga eso, recibiré aplausos…
Durante horas y noches seguidas, unifican criterios y concluyen en redactar un manuscrito con los conceptos básicos que Urus explicará a los vecinos, y ellos aportarán opiniones hasta llegar a miles de ancianos y familiares.
MANUSCRITO
+ En la vejez descubres lo importante que es el tiempo y el poco que le has dedicado a lo que realmente vale para vos. El pasado no vuelve. Aprovecha el presente.
+ Es verdad que te vuelves sabio en la vejez.
+ Ser viejo no es malo, ser viejo es una etapa de la vida.
+ Si lo in ten tas, nunca pierdes… o ganas o aprendes. Inténtalo.
+ Dicen que los viejos tenemos poco que hacer. Podemos hacer lo que podemos.
+ Todos seremos viejos, aunque nos ocupemos en negarlo.
+ Lo importante es una salud regular, socializar y tener un propósito de vida.
+ La finitud le da sentido a la vida. La muerte es un desafío inevitable.
+ Hay que regular las expectativas posibles de cada uno y aceptadas, concretarlas.
+ Nunca equipares la vejez con la discapacidad.
+ La vida tiene el sentido que le des.
+ Es tu tiempo de valorar las cosas simples: una buena siesta, una conversación serena y otros quehaceres placenteros para vos.
+ La vejez no es para cobardes: Hay que tener valor para decidir seguir adelante.
Durante el invierno tras saludar al abuelo, Urus se calienta las manos acercándolas a la chimenea de la salamandra. Cariñoso, le comenta cuántos adeptos ya visitan a vecinos en otras ciudades y sobre la certera posibilidad de derrocar a los tiranos antes del año 1966, cuando Odolf, el joven con muchos años, cumpla los 100.
—¡Lo veremos, abuelito! —exclama Urus, mientras el abuelo aplaude.
Comentarios (4):
José Torma
20/05/2026 a las 17:25
Hola, Amadeo.
Me toca revisar tu texto al ser el siguiente al mío. No creo haber leído algo tuyo antes, por lo que mi comentario pueda revisarse en un futuro ejercicio que te visite.
El tema distópico lo bordaste. Si bien es cierto que en un espacio tan corto era riesgoso expandirse en la descripción, queda claro que sabias a donde ibas. Yo soy mas aventurero, por eso mis escritos terminan con 1000 palabras y empieza el infierno de recortar.
El tono marcial de la introducción te hace poner atención, pero también corres el riesgo de perderte. No tengo claro el tema de las edades en los escritos, si van con letra o con numero: pero ya te comentarán personas más entendidas que yo en el tema.
Cuando presentas a Odolf, de inmediato se hace un personaje entrañable, te importa lo que le pasa y atiendes sus palabras que se oponen a la dictadura. Me encanta la idea de pensar en una persona de 93 años siendo tan activo y lúcido. Me recordó a un tío que tiene esa edad y cero intenciones de parar.
La trama empieza a fluir y estas en ese barco. Siendo testigo de la creación de la disidencia que, de manera lenta pero segura, restaurara el valor de la experiencia de los adultos.
El manuscrito o “manifiesto” te ralentiza el relato, lo sentí como un tope muy largo.
Al final cierras con una escena muy tierna, casi fuera de lugar con el tema. Cotidiana, hogareña, acogedora. Una imagen linda de un abuelo y un nieto que esperan que, para el año de mi nacimiento, esperan derrocar esa dictadura, mientras viven sus vidas.
En lo general me ha gustado mucho. Tiene sus partes que ya te comenté. Pero al final es muy redondo y como debiera ser todo, la esperanza siempre hará al mundo mejor.
Felicidades y te anoto a mi lista para leerte en futuros talleres.
Federico Nicolás
20/05/2026 a las 18:53
Que tal Amadeo, aquí tu vecino del 17.
Me gustó el tema que abordaste y concuerdo con varios compañeros cuando dicen que las 750 palabras limitan un poco el desarrollo del escenario. Sin embargo, creo que tu idea se entiende bien y la relación del abuelo con su nieto me resultó muy tierna. Saludos y gracias por compartir tu texto.
Naír
22/05/2026 a las 10:30
Hola Amadeo,
Qué relato tan tierno, a la vez que revolucionario. El personaje de Odolf me atrapó, provocándome mucha ternura, sensibilidad y dulzura; al mismo tiempo me generó admiración, creo que se trata de un hombre inconformista e inspirador. Y luego está su nieto Urus, el cual tengo que decir que, en un primer momento me generaba algo de desconfianza pero, inmediatamente, me di cuenta de que tenía un gran corazón, como su abuelo.
Un lenguaje muy cuidado, natural y fluído. Me encanta. Por poner algún “pero” te diría que el manuscrito se me hizo un pelín largo, quizá lo sintetizaría un poco. Pero, en general, el relato está muy logrado. Así que mis felicitaciones.
Un saludo!
Elena M.
23/05/2026 a las 08:28
Hola Amadeo,
Te devuelvo tu amable visita. A mí me pasa como al compañero de otro comentario, yo me extiendo y después me toca recortar por lo que al final el relato no queda como a mí me gustaría. Y digo esto porque siempre me admiro al leer relatos en los que pasa una historia mantenida en el tiempo, como sucede con tu relato y que no se ve forzada ni artificial.
Me ha gustado muchísimo el enfoque que le has dado y la complicidad que existe entre abuelo y nieto.
Para mí tú relato es una manera muy original de describir la sociedad actual (aunque no maten a nadie de manera literal, claro!)
Tu forma de narrar me gusta mucho también y el manifiesto es oro puro. Te seguiré leyendo.