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DSTOPÍA VIRAL.I - por SABAS EFRAIN BOUR.
Se encontraba en una casa desconocida agitando sus manos, a modo de aplauso, frente a la chimenea. Desconocía cómo había llegado a ese lugar tan extraño, con ambiente medieval.
Habitualmente vivía en un ático frente al Palacio de Oriente. Recordaba estar oyendo las inquietantes noticias de la presencia de un gran asteroide dirigiéndose a gran velocidad hacia la Tierra. El riesgo de colisión era peligrosamente inquietante, cuando de repente notó como el suelo se tambaleaba después de una gran explosión. El meteorito había chocado contra la Tierra, haciendo que ésta girara bruscamente sobre su eje entre los polos, en dirección contraria a lo habitual, y debido a este irregular fenómeno, el mundo entero retrocedió en el tiempo, a la Edad Media.
Thomas Brady desconocía el fenómeno, y allí se encontraba, calentando sus manos, con una ceguera mental, sintiéndose impotente. Sin saber como había ocurrido, pasó de su apartamento en Madrid a una choza en un lugar desconocido. Se levantó de la silla y se aproximó a la ventana, observando lo que ocurría en el exterior: una calle de barro, personas vestidas de forma extraña, portando sobre sus espaldas sacos, fardos de paja y otros utensilios que se emplean en agricultura y ganadería. Por la calzada humedecida por la lluvia corrían varios animales: burros, perros, algún gato, gallinas y cerdos. Abrió la puerta y avanzó lentamente por el camino, chapoteando el barro, mientras la gente le observaba como si de un extraterrestre se tratara.
—Será mi ropa —pensó Thomas. Siguió caminando y, al final del recorrido, se detuvo observando a lo lejos,como se alzaba un enorme castillo.
—¡Estoy en la Edad Media! —murmuró sorprendido. Se giró bruscamente y vió que toda la muchedumbre le había seguido hasta allí. Regresó de nuevo, abriéndose camino entre la multitud, hacia la casa, mientras intentaba poner orden en su mente. Un hombre desarrapado le siguió hasta el interior de la vivienda. Thomas le observó con sorpresa, pues empezó a notar como, poco a poco, la cara del individuo empezaba a transformarse, mientras lanzaba alaridos. Comenzó súbitamente a tambalearse como si perdiera la vista, reflejando su rostro muestras de intenso dolor a la vez que expulsaba una espuma blanca y espesa por la boca, fijando su mirada de rabia y odio. De repente, sin mediar palabra, cogió un cuchillo de la mesa y se abalanzó sobre él con intención de matarle. En cuestión de segundos, Thomas sujetó con fuerza el brazo asesino y con un ligero movimiento, que aprendió cuando estaba en las Unidades Especiales del Ejército, consiguió doblegar al agresor clavándole el cuchillo en el pecho. Automáticamente se desplomó ante él, dejando un gran charco de sangre en el suelo. Se quedó impávido ante el desarrapado, viendo como se movía violentamente ante los estertores de la muerte. Cada vez estaba más confuso. No entendía nada de lo que le estaba pasando.
—¿Qué es lo que está ocurriendo? —volvía a repetirse una y otra vez.
Thomas Brady había sido coronel de las Fuerzas Especiales del Ejército de Tierra, lo que le dotaba de una personalidad serena, estable y a la vez decidida y agresiva si la circunstancia así lo requería. Recogió el cadáver envolviéndolo en un saco de esparto que encontró en una esquina de la habitación. Limpió el suelo y esperó a que oscureciera para enterrarlo lejos del poblado. Eligió el lugar más adecuado acorde con su experiencia y comenzó a cavar el hoyo en la tierra. Cuando estaba a punto de terminar, de repente, detrás de él, escuchó un sonoro alarido que hizo que se girara bruscamente, viendo como se abalanzaba sobre él otro desarrapado del pueblo con intención de matarle. Sus movimientos eran descoordinados, como si estuviera ciego, pero a la vez se dirigía hacia su persona milimétricamente en línea recta, sin desviarse un ápice. A pocos metros de distancia, cuando iba a asestar el golpe mortal, inesperadamente tropezó con una piedra que sobresalía del suelo, cayendo abruptamente y clavándose accidentalmente el cuchillo en el corazón.
La situación era esperpéntica y paradójicamente cómica, pues en un espacio de pocas horas habían intentado matarle dos veces, sin un motivo justificado.
A partir de ahora, Thomas Brady tendría que tomar decisiones que definitivamente iban a cambiar su vida en un mundo desconocido que pondría a prueba todos sus conocimientos de supervivencia. Pero eso es otra historia.
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