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Feliz existencia - por WiccanR.+18
@onlyplay214 salió de su cama de éxtasis con una sonrisa, había sido un buen sueño. Se desperezó y fue por el pasillo de paredes metálicas a la zona de limpieza. Se desparasitó y eligió de la consola la ropa que mejor le quedaría ese día: unos pantalones bombacho azul fosforito y una chaqueta de tela metálica, junto con unas botas negras. Sintiéndose perfecto, ajustó la pantalla de la chaqueta a “desconectado”, por el momento no le apetecía hablar con nadie. Tras tomar su suero alimenticio salió a la calle.
El camino hacia el salón de entretenimientos le resultaba tedioso, ¡que siete minutos de su vida más desperdiciados! Maquinas cultivaban, reciclaban, construían, gestionaban, lo hacían todo, incluso los bebés se gestaban en úteros artificiales; y el tenía que moverse andando, ¡que esfuerzo más tonto! Al parecer la IA había resuelto que mecanizar el desplazamiento provocaría un exceso de obesidad y no beneficiaría a la humanidad, obligándolo a perder el tiempo de aquella manera. Pero lo peor era que en el trayecto tenía que pasar cerca de aquel horrible lugar: “La papelera”. Si el tuviera que vivir allí preferiría que las máquinas lo reciclasen como “bug”, ¿qué sentido tenía esa existencia? La ceguera era lo peor, no hablar u oír era pasable pero, ¿no ver? Era imposible ser feliz así. Por eso llevaba siempre sus gafas pantalla, andar le aburría enormemente y conectarse hacía aquellos siete minutos soportables.
Al entrar en el edificio @darkpixie se le acercó pero pasó de largo en cuanto vio su estado en la ropa. Aquella mejora en la vestimenta sí que había sido un gran invento por parte de la IA, así nadie perdía el tiempo inútilmente. Las etiquetas eran casi infinitas para que el contacto requiriese la menor interacción posible, así todos dedicaban su tiempo a las cosas que realmente les valían la pena.
@onlyplay214 se apresuró a entrar en una de las cientos de salas de cine, se acomodó en la única butaca de la estancia y la pantalla empezó a emitir vídeos de no más de un minuto que disfrutó durante dos horas, colocando iconos de aplauso, caca y otros tantos más. Satisfecho con el tiempo bien empleado salió.
Se dirigió a una de las salas de juego y seleccionó el icono de su nueva pasión, la última novedad en videojuegos: Tiempos pasados. Entró con su personaje, Daniel Rodríguez, al que había dejado trabajando en su oficina de venta de seguros. Estaba muy satisfecho porque lo había conseguido casar e iba a tener un hijo. Dedicó varias horas haciendo recados en tiendas y se desconectó cuando devolvió a su personaje a casa con su mujer, abrazados frente a la chimenea del salón que había comprado en su última partida. Miró el reloj, había jugado siete horas. Había sido una gozada.
Por eso le gustaban tanto los juegos, le permitían vivir cosas imposibles, ¿qué mujer en su sano juicio perdería nueve meses de su vida con un embarazo? ¿Y eso de trabajar? Rió para sus adentros. Las máquinas y la IA lo resolvían todo y la propia IA tenía backups y hasta cincuenta protocolos, uno tras otro, para solucionar cualquier problema que pudiera surgir. En realidad, las personas fuera del sistema eran los auténticos errores. Recordó un vídeo del cine donde un hombre ciego tocaba la cara de una mujer y sonreía. Siempre salía alguno de aquellos en las sesiones, era imposible que no se colase alguna tontería.
Retiró del dispensador de alimentos un batido proteico y fue bebiéndolo hasta la habitación de contactos. Para su disgusto, los masturbadores mecánicos estaban todos ocupados, así que se resignó y cambió el identificador de su chaqueta a “Recibir felación”. Lo bueno del sexo era que podía ser rápido y satisfactorio. Pasó varios “Modo voyeur” y “bdsm” hasta que un “Sexo oral” se agachó frente a él. Sin intercambiar palabra se bajó los pantalones y disfrutó de la experiencia. Al terminar se marchó feliz, otros cinco minutos maravillosos en su vida.
Era suficiente, conectó sus gafas en lo que volvía para descansar. Su influencer favorito hablaba sobre como elegir correctamente tu nick si ya no te gustaba el que habías elegido a los seis años. @onlyplay214 ya no recordaba cómo había decidido el suyo, solo la alegría de tener un nombre de verdad tras seis años llamándose algo así como @bebe3523844. Se tumbó; alegre, satisfecho y contento de su vida perfecta. Antes de caer dormido, una duda inesperada cruzó su mente: ¿Por qué sonreiría aquel ciego?
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