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La Deuda - por AirunR.

Oswell trabajaba largas jornadas de trabajo como ascensorista en el hotel Shelby, en Birmingham. Hace seis meses, la dirección del hotel le comunicó la decisión de prescindir de sus servicios sin motivo aparente, a la edad de setenta años. El sistema le ha proporcionado una ridícula pensión y el poco ahorro que disponía en su cuenta ha ido mermando en estos últimos meses. Ya no puede hacer frente al pago del préstamo que contrajo veinte años atrás, con una organización fuera del sistema, para poder acceder a una vivienda. La deuda le apremia; podría perder la propiedad de su apartamento. Fue la garantía que le hicieron firmar en caso de impago. Ellos han pasado a la acción o, mejor dicho, a la coacción. Lleva unos meses recibiendo notificaciones aéreas con dron y presionándolo con un robot destartalado, delante de la puerta de su apartamento. Lo persigue allí donde va, provocando risa e incluso algún aplauso de los transeúntes al ver la escéptica escena. Aquella gélida tarde de enero de 2036, al llegar a casa, se dispuso a encender la chimenea del salón del apartamento. La leña prendía, la llama empezó a avivarse, ya se notaba el calor en la estancia. Se sentó en el sofá a leer con su taza de té como siempre. Sonó una llamada en el móvil ,era un número extraño; dudó en contestar, pero le pudo la curiosidad y fue su error. Respondió y automáticamente se produjo una explosión en el interior de la chimenea, saliendo proyectadas las brasas hacia sus ojos. Bomberos y emergencias médicas intervinieron rápidamente, gracias al aviso de la alarma antincendios. El apartamento solo sufrió desperfectos en el salón. Él no tuvo la misma suerte. Los médicos que lo atendieron no pudieron hacer nada por salvarle la vista. Las lesiones le habían provocado ceguera. Transcurrido un mes del ingreso hospitalario, le dieron el alta. En administración, amablemente le entregaron un USB que contenía el informe médico, así como la factura con los gastos ocasionados por la estancia, que, por cierto, ascendían a un importe considerable. Debía abonarla en ese instante, pues no tenía cobertura sanitaria, como otros tantos ciudadanos. Solo podían acceder al sistema sanitario los de clase social alta. Ante su negativa, aclarando que debido a su situación económica no podía pagarlos, la respuesta en administración fue tajante: si no abonaba los gastos, recibiría en unos días una notificación judicial. En la puerta del hospital le esperaba un sanitario, que lo acompañaría hasta su domicilio. Al llegar al portal, el acompañante se despidió de él, entregándole un dispositivo electrónico 8G con una serie de aplicaciones adaptadas, con suscripción gratuita durante dos meses; vamos, lo que ellos consideraban el periodo de adaptación a su nueva situación como invidente, que le permitiría escanear textos de líneas en braille, escuchándolas con voz simultáneamente, solicitar asistencia médica, incluso comida a domicilio. Un vecino curioso se cruzó con él, interesándose por su estado. Aprovechó para comentarle que días después del accidente, un inspector de policía había estado haciendo preguntas sobre lo sucedido. El robot portero del edificio le había dado acceso a su vivienda; llevaba en mano una tarjeta que lo autorizaba al respecto. Estuvo tomando fotos y muestras. Era extraño; en los días que estuvo ingresado en el hospital, ningún agente se presentó para hablar con él sobre el accidente doméstico o eso creía él. Aunque del fatídico día solo tiene vagos recuerdos. Al entrar en casa, se dio de bruces con el perchero de la entrada. Debía ir adaptando el apartamento lo antes posible. Al día siguiente de su regreso, sonó el timbre. El robot portero se identificó, lo acompañaba un inspector de policía; quería hablar conmigo, venía a comunicarle una buena noticia después de meses. Tras una larga y minuciosa investigación al respecto, el agente explicó que habían descubierto que la explosión de la chimenea no fue un accidente, sino que había sido provocada y el detonante aquella tarde fue la llamada al móvil . Al parecer, en el último año se habían producido varios incidentes parecidos a lo ocurrido en su apartamento, camuflados como accidentes domésticos. Habían sido provocados, aprovechando la organización para ejecutar la garantía por impago del préstamo, viéndose el propietario a marcharse y perder la propiedad, como en su caso. Llevaban tiempo siguiendo a esa organización. Por fin habían conseguido desarticularla. Como compensación por los daños ocasionados, el sistema cancelaría mis deudas contraídas anteriormente y tendría cobertura sanitaria mejorándome la pensión. A día de hoy todavía, sigo adaptándome.

Comentarios (2):

Elena M.

18/05/2026 a las 17:55

Me ha parecido un texto interesante. Transmite una sensación de sociedad fría y deshumanizada que no me parece tan lejana…y es muy fácil sentirse identificado con el protagonista. Me gusta también como describes el sistema sanitario, la desigualdad y las prestaciones sociales.
Como aspectos a mejorar, hay pequeños detalles de puntuación y concordancia que si los mejoras, el relato ganaría en fluidez y también hay un pequeño error cuando dices “quería hablar conmigo” en lugar de “con él”.
Pero en general me parece un relato muy bueno y con una atmósfera y una tensión muy bien logradas.

Monica Bezom

18/05/2026 a las 18:59

Hola AirunR,
Nos presentas un relato con una idea central bastante sólida: un anciano acosado por una organización criminal que usa la tecnología para ejecutar sus garantías de cobro, con un crimen camuflado de accidente doméstico. La verdad que cuenta con suficientes elementos para una historia distópica noir y las tres palabras obligatorias están bien integradas, en especial la chimenea, que de ser un elemento decorativo pasa a convertirse en el mecanismo del delito.
No obstante, encontré algunos detalles que entiendo vale la pena que revises. El más evidente es un cambio de la persona narrativa hacia el final: el texto arranca en tercera persona y de pronto aparece “quería hablar conmigo” y “cancelaría mis deudas”, como si la voz narradora hubiese sido Oswell todo el tiempo. Corregir esto le daría más solidez al conjunto. También los tiempos verbales oscilan entre pasado y presente sin un criterio claro. Y la historia presentada como bloque único no deja respirar a momentos que merecerían su propio espacio, como la escena de la explosión o la llegada del inspector. Incorporar más puntos aparte le haría ganar fuerza y dinamismo al relato. Por supuesto, esto que te comento es mi impresión personal y puedo equivocarme. En todo caso, espero que te sirva.
Tienes un muy buen material entre las manos. Con una revisión formal, tu relato puede crecer mucho.

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