Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

Declive - por kekaR.

DECLIVE Año 2070

Había una vez un mundo desolado, inhóspito, sombrío y desapacible, donde nadie podía pensar, donde no había libertad, donde no existía el amor, donde no había esperanza.
La gente se empezaba a mover, “Era la hora”, teníamos un tiempo, _Siempre controlado por ellos _ para salir y ver el horror que nos esperaba fuera, la atmósfera se había transformado, las calles vacías nos recordaban el pasado, el cielo antes azul ahora parecía fracturado por líneas rojizas apocalípticas, caminábamos flotando sin rumbo, los rascacielos estaban inclinados como gigantes cansados, el viento rugía como una bestia herida.
El sol luchaba para poder salir entre las nubes, nubes toxicas que nos ahogaban y no nos dejaban respirar
Los mares, tenían un color amarillo intenso reflejando la presencia de sedimentos.
Las montañas estaban secas, aparecían ante nuestros ojos enhiestas frías sin vida.
Los aparatos eléctricos no funcionaban, todo era dirigido por las altas esferas, “Ellos” decidían cuando hacía frio o calor y un aire negro aparecía para controlar la temperatura, a veces nos preguntábamos, ¿Como habíamos llegado a esto? Poco a poco, perdiendo cosas irrecuperables, sin luchar por lo que tanto nos había costado conseguir y dejando escapar lo más importante “La libertad”.
Comíamos lo que nos daban, solo era eso “comida”, no sabíamos que era, nos habíamos acostumbrado al olor, un olor fuerte y algo desagradable, pero nos ocupábamos que no nos faltara cada día. ¿Cómo llegábamos a ella?, esperando a los drones que nos la suministraban dos días a la semana, eso que ellos llamaban provisiones , la gente no enfermaba “MORIA”, no había hospitales, ni farmacias, nos daban unas pequeñas botellas para tomar una vez al mes, que sustituían las antiguas medicinas, que ya no actuaban en el organismo, ya no había virus, ni bacterias, nadie tenía ninguna enfermedad, todos estábamos “sanos o muertos”.
Queríamos luchar, pero no teníamos fuerza para hacerlo, ¿Qué iba a suceder?, nadie lo sabía, nadie quería saberlo, solo que vagábamos por un mundo sin rumbo, estábamos vacíos, no teníamos ningún tipo de control sobre nuestras vidas_ para que cambiaran las cosas, teníamos que dar marcha atrás_ y eso era imposible, nadie quería luchar por nuestro mundo anterior.
“Ofrecer” nadie ofrecía nada, no había nada que ofrecer, solo desolación y tristeza, no había vínculos, ya se habían ocupado “Ellos” de que no los hubiera, el otro día alguien encontró unas ramas verdes con unas cositas rojas, muy pequeñas que olían muy bien, no sabíamos que eran pero al llevarlas a la boca estaban dulces, nos encantaron a todos, miraríamos a ver si había más por algún lado, uno de los ancianos _que había muy pocos_ , nos dijo que eran fresas, y que hace años había muchas, no sabíamos si creerle, como se podía comer algo tan pequeño, y sobre todo que hubiera para todos.
Desde que apareció ese brote verde, cada vez que alguien encontraba algo le dábamos un aplauso, siempre con mucho cuidado para que “Ellos” no nos oyeran el anciano empezó a hablar con nosotros, no sabíamos su nombre, allí no había identidades, nos dijo que sí que el ya había encontrado más al lado de un rio de aguas profundas, y que iba de vez en cuando y encontraba alguna que otra fresa, el las llamaba así, nosotros no las conocíamos, pero nos gustaron y desde ese momento apareció ante nosotros una esperanza de recorrer los campos estériles con la ilusión de volver a encontrar algo que fuera nuevo para nosotros.
Y así fue, encontramos más fresas y una ramita que olía muy bien y empezaba a aparecer a la orilla de los ríos, algunos de nosotros padecíamos de vez en cuando una ceguera que era producida por las nubes toxicas, al rato los ojos se aclaraban, nunca nos quejábamos, o sanos o muertos ese era el lema.
Lo único que nos quedaba del pasado era una chimenea, que “Ellos” habían intentado derribar, era de piedra y pesaba mucho, al final la dejaron en píe y allí nos reuníamos, era lo más cercano a un hogar que recordábamos.
Si, yo sí, me quejaba, me quejaba de mi soledad, ya nadie dependía de nadie, no había edades, todos teníamos que sobrevivir por nosotros mismos, el amor y la protección formaba parte del pasado, un pasado que no volvería

Y así día tras día iba pasando el tiempo y vivíamos con la esperanza. Y nos preguntábamos.

¿QUIENES SON ELLOS?

KEKA

Ccomentarios (1):

Julio Cesar Blanco

18/05/2026 a las 22:29

Felicidades Keka, bonita historia con un final que invita a la imaginación. A seguir escribiendo. Saludos

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *