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Sin cobijo. - por Robert MarcelR.+18
El frío nocturno me despertó. ¿Qué hora será? El reloj de la catedral marcaba las 9:50; en 10 minutos iniciaría el toque de queda.
Me levanté de la banca pública del parque donde me había quedado dormido. Tenía hambre y frío hasta los tuétanos, no traía ni un centavo, un moretón en el ojo derecho y mis lentes extraviados me tenían casi en la ceguera total; el hedor de mi propio sudor y mi aliento alcohólico eran insoportables. No sabía dónde me iba a esconder, necesitaba encontrar refugio rápidamente. Ser golpeado por militares otra vez no era una opción, además de que ni de tragar me daban.
Las calles estaban vacías, ni los perros se asomaban. Sabía que las cámaras de vigilancia ya me estarían siguiendo. Las heridas en una de mis piernas dolían más con el frío y me impedían caminar rápido. ¿A dónde va uno cuando no tiene rumbo? Lo mismo da; solo sabía que no quería estar en la calle por más de 10 minutos. ¡Qué son 10 minutos!
Ya estaba convencido de que otra vez me iban a agarrar esos puercos. El chirrido de los vehículos militares ya se escuchaba acercándose cuando vi a una señora intentando entrar a su casa. La oscuridad le impedía abrir con facilidad. Cuando me acerqué a ella pude ver que sus manos temblaban. Le dije: «Déjame pasar».
Se volteó a mirarme y, por un momento, su rostro se me figuró al de mi propia madre. ¿Qué será de esa viejesita?, pensé. Quise que esa señora fuera mi madre y me recibiera con un abrazo en casa como cuando era niño, me dijera que íbamos a cenar algo que ella había preparado y estar calientitos con el calor de la chimenea; sin embargo, vi cómo en el rostro de esta mujer se abrían muy grandes sus ojos de espanto y quiso empezar a gritarme, pero no se lo permití. Le solté un golpe en la cara y cayó al suelo; no sé si desmayada. Giré la llave que había quedado insertada en la cerradura y la puerta se abrió, jalando el cuerpo por las piernas, entramos.
Adentro quedamos a oscuras y en silencio cuando, de pronto, se escucharon las campanadas de las 10 de la noche. Yo ya estaba a salvo.
Tentando la pared por el marco de la puerta encontré lo que podría ser el switch que encendiera alguna luz. Un foco tenue y mugroso alumbró pálidamente el cuarto. Un comedor pequeño, una alacena. Me puse a buscar algo para comer ahí mientras el cuerpo de la señora no se movía. Encontré una botella de ron añejo y le di un trago derecho. ¡Ah! Eso calmó mis nervios.
Ya con mejor ánimo me agaché para revisar el cuerpo de la señora. Un corte en su barbilla ya había dejado de sangrar; debajo de un abrigo oscuro portaba un uniforme de enfermera. ¡Qué tristeza que a la gente buena le pasen cosas malas! Si no fuera por este gobierno de mierda, esto no hubiera pasado —balbuceé.
Ya iba yo a empezar a llorar cuando tocaron a la puerta y me sacaron de mi tristeza. Me quedé perplejo un momento hasta que nuevamente se escuchó el llamado, esta vez más fuerte, y dijeron: «¡Patrulla militar, abra la puerta!». Yo no sabía qué hacer. Intenté ponerme de pie, pero las rodillas me fallaron y caí de espaldas, estrellando la botella de ron contra el suelo.
Con la fuerza de un ariete la puerta se abrió y, parado a la entrada de la casa, un robot COP con protección antibalas, capaz de correr tan rápido como un caballo de carreras y con la capacidad de responder a un ataque armado, diseñado especialmente para ayudar a los militares durante el toque de queda, dijo: «Sospechoso identificado».
Quise saludarlo como aprendí en el servicio militar, pero dudé por un momento si se hacía con la mano derecha o la izquierda cuando sus brazos metálicos me sujetaron y me levantaron del suelo. Le dije al COP: «Buen trabajo; si pudiera le daría un aplauso», pero el robot, sordo a mis halagos, me aventó dentro de un vehículo blindado sin ventanas.
En el mejor de los casos me presentarán ante un juez, pero lo que no saben es que ya estoy condenado a cargar esta maldita vida de la que no puedo escapar.
Comentarios (9):
Julio Cesar Blanco
18/05/2026 a las 22:36
Felicidades, buen relato.
KEKA
19/05/2026 a las 09:41
Hola Robert: me ha gustado mucho tu relato, presentas un mundo dominado por el miedo y la falta de esperanza, como las personas buenas pueden cometer delitos para sobrevivir y lo que suponen los recuerdos maravillosos que no volverán, espero que nunca tengamos que vivir esta utopía.
Seguimos escribiendo y comentando textos en este mundo apasionante de la escritura. KEKA
Akira
19/05/2026 a las 13:30
Buenas Robert, buen relato. se nota mas el punk que el cyber hasta que llega el robot policía, y la atmósfera decadente suma para la distopía. igual me falta un poco de desarrollo de personajes… quien es este protagonista borracho y apaleado capaz de zurrar a una anciana y meterse en la casa para seguir bebiendo? mencionas que fue militar al saludar al robot, pero se puede empatizar con un personaje así?
KEKA
20/05/2026 a las 07:57
Hola Rober gracias por leer mi relato y agradezco tus comentarios la esperanza son los brotes verdes y piensan pero dirigidos por ellos tomo nota para ir mejorando y espero que nos sigamos leyendo
KEKA
Verso suelto
23/05/2026 a las 12:07
Hola Robert. Me ha gustado tu relato, sobre todo el contraste entre lo que se ve obligado a hacer el protagonista y los sentimientos de amor filial hacia la señora a la que, no le queda más remedio que golpear. Consigues muy bien transmitir al lector la angustia del personaje.Buen trabajo.
Manuela Dilemás
25/05/2026 a las 12:32
Hola Robert. Ojala que tu relato no sea una profecia porque sería horrible vivir en un mundo dominado por el miedo. Me ha gustado, pero no he entendido bien si qué se refiere el protagonista cuando habla de “la maldita vida de la que no puede escapar”. ¿Es por su circunstancia personal o s porque el mundo se ha vuelto hostil?. Puedes continuar la historia y se verá más claramente. Un saludo. Nos leemos. Ah, muchas gracias por pasar por mi relato.
Ruvi E.u est{-
26/05/2026 a las 00:10
Hola Robert, muchas gracias por leer mi cuento y por tu comentario.
Muy bien desarrollada tu historia. En una escena logras demostrar un mundo distópico ya sin moral ni esperanza. Ojalá solo quede en eso, un cuento. Nos seguiremos leyendo.
Saludos.
Iván Pascal
29/05/2026 a las 09:08
Buenos días, Robert Marcel:
Muchas gracias por el tiempo dedicado a leer y comentar mi relato. El detalle de tus propuestas de mejora me indica que lo has leído con mucha atención. Esto me sirve de motivación para seguir escribiendo, al igual que me ayudan a ir puliendo mis escritos. Una vez que me lo has hecho notar, me esforzaré en no repetir la ambigüedad que aparece en el texto.
En relación, con tu relato, quiero destacar que has conseguido crear un mundo distópico suficiente para dar contexto a la historia (no es fácil con la limitación de la extensión del escrito). En cuanto a la historia, me ha gustado. Lastima, de nuevo, de las 750 palabras, pues me gustaría saber más del futuro del personaje. Por último, felicitarte por el empelo de la primera apersona del singular del narrador. Un detalle técnico que no pasa desapercibido.
Un saludo cordial
Iván Pascal
Sabas Efraín Bou
30/05/2026 a las 05:36
Buenos días Roberto. Me gustó el relato porque describes un mundo caótico contando una situación concreta de un individuo que vive el caos. Hay algunas frases que no entiendo muy bien que significan. Buen trabajo.