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LA CEGUERA - por Carmen GonzálezR.

Año 1 después de la caída del gran meteorito. Gran parte de la Tierra ha sido devastada. Unos pocos humanos han sobrevivido a la catástrofe. Los animales, con el instinto que les caracteriza, se anticiparon a la caída, se refugiaron y ahora son mayoría, han tomado el control de la Tierra.
El mundo está ahora gobernado por ratas, cucarachas y gaviotas que, organizadas en grupos, reestablecen el orden y la paz en el planeta.

La caída del meteorito provocó un gran estallido. Los humanos, incapaces de anticiparse a la situación, quedaron ciegos tras la exposición a la luz deslumbrante que irradió.
Los animales se reparten las tareas para distribuir los alimentos a la población. Las cucarachas dominan el subsuelo; las ratas las calles y las gaviotas realizan labores de vigilancia desde el aire.

Los humanos viven abrumados. No aceptan ser gobernados por los animales, a pesar de su ceguera, no ven que las demás especies quieren ayudarles.
Unos científicos buscan desesperadamente una solución a su estado, pero las discusiones entre ellos hacen que no lleguen a ningún consenso.

Mientras tanto, las ratas, las cucarachas y las gaviotas, organizadas en sus tareas, hacen llegar medicamentos, enseres y demás con auténtica destreza. Las diferentes razas están encantadas con su labor humanitaria.
Henry, Lisa y Arthur se reúnen una vez por semana en la biblioteca para comentar cómo se encuentra la población tras la caída del meteorito. Lisa, la cucaracha, expone, ante sus colegas, su preocupación por la actitud hostil que muestran los humanos hacia ellos.
─Ayer, cuando volvía a casa después de entregar unos medicamentos para una perrita con la pata rota, escuché unas voces que procedían de la fábrica de cemento que quedó destruida hace un año. Me deslicé por la chimenea hasta llegar al lugar donde las voces se hacían cada vez más claras. Allí encontré a unos humanos discutiendo, hablaban de encontrar un remedio para revertir su ceguera y acabar con, lo que ellos llamaron, “la situación anómala” de que los animales dominaran el mundo y no ellos. No entiendo por qué nos odian tanto. ¿Qué les hemos hecho nosotros? Solo queremos ayudarles.
─No te preocupes, Lisa. No les hagas caso. Los humanos están preocupados por cómo el meteorito les has afectado y todavía no saben cómo actuar. Ya verás que, al final, se darán cuenta de que no les queda otra que confiar en nosotros. ─responde Henry apoyando una de sus manecitas sobre el lomo de Lisa.
─No lo creo. ─dice Arthur─ En una de mis vigilancias aéreas también he podido ver que los humanos rechazan nuestra ayuda. Con frecuencia tiran a la basura la comida que les proporcionamos. Dicen que les da asco que la hayamos tocado.
─Bueno, tranquilos. ─dice Henry, intentando poner un poco de optimismo a la conversación─ Ya veréis cómo recapacitan y nos aceptan. Es cuestión de tiempo.

Días más tarde, en la fábrica de cemento, unos científicos, reunidos para hablar sobre los resultados obtenidos en su investigación sobre la ceguera, comentan:
─¿Qué novedades tenemos, Liam? Dime que tienes buenas noticias, por favor.
─Me temo que no, Robert. Lo siento, pero no ha habido ningún avance. Tengo a los mejores trabajando en la vacuna que debe devolvernos la vista, pero estamos todos ciegos y así es casi imposible trabajar.
─No estoy dispuesto a seguir conviviendo con ratas, cucarachas y demás animalejos que ahora nos gobiernan. El mundo está loco. Todo está al revés. ─ dice Robert dando unos aplausos lentos y sonoros para que sus compañeros entiendan su ironía─ Nosotros debemos dominar a las demás especies no ellas a nosotros.
─No te exaltes, Robert. ─dice Margaret─ Por el momento, no hay más remedio que convivir con esta realidad. No podemos hacer nada.
─Ni hablar. No puedo tolerarlo. Las ratas son para trabajar en el laboratorio, pero no como científicos, sino para nuestros experimentos.

Meses más tarde, la situación se agrava cuando algunos humanos acaban reconociendo que su ceguera no tiene solución y deben asociarse con el resto de los animales para subsistir. Pero gran parte de la población sigue resistiéndose a admitir que los animales sean los que rijan la nueva realidad. Viven aislados del resto del mundo, buscando una vacuna que les devuelva la vista y el poder sobre los demás. El mundo está dividido entre científicos y animales.

Ccomentarios (1):

Ángela Cruz

18/05/2026 a las 22:51

Hola Carmen, creo entender que hay una moraleja de amor por los animales en tu relato. Una llamada a la reflexión sobre el comportamiento egocéntrico de los humanos.
Me resulta curiosa la elección de animales que haces, y me pregunto si el hecho de restringir a cucarachas, ratas y gaviotas, animales que desde nuestra perspectiva son enemigos naturales, es algo buscado para subrayar aún más lo excepcional de su labor pacificadora.
La última frase me desconcierta bastante, no marca un final, ni siquiera una continuación, es como si cortara de manera brusca la descripción. En el tercer párrafo hablas de “unos científicos”, o sea, no todos los humanos son científicos.
Probablemente la limitación de palabras te ha empujado a resumir todo lo que tenías en tu cabeza, es complicado incluir descripciones y acción en tan poco espacio.
Me quedo con el apercibimiento a los humanos, un mensaje de esperanza que nos debe hacer pensar.
Nos leemos.
Un saludo

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