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Los rebeldes de Euterpe - por OtiliaR.
La oscuridad se extiende sobre la ciudad ayudada por la contaminación que escupen las chimeneas de las fábricas, potenciando los grandes anuncios de neón en los edificios. Luka esquiva a la multitud de viandantes y llega a una arteria solitaria, zona prohibida para los humanos. Va al encuentro del grupo Soothsayers. Personas que se rebelan contra la ocupación, resistiendo persecuciones y asesinatos. Hackers que luchan contra inteligencias artificiales para conseguir algo parecido a una quimera.
Luka escucha el zumbido de los drones vigías. Han preparado un nuevo sabotaje, entrarán en el hospital para neonatos. Allí, nada más nacer les implantan el chip que anula su voluntad para ser personas libres.
Llevan tiempo estudiando la máquina de producción, conocen la contraseña para obtener el permiso y activar el módulo de hardware. Tienen controlados a los cobots, autómatas que gobiernan a los humanos colaboracionistas: trabajadores al cuidado de los implantados en el centro.
De pronto, ve una sombra alargada, se esconde. Es un guardián-robot de la urbe, bautizada por los invasores como Euterpe.
Recuerda la civilización de su padre. La historia olvidada de la entonces metrópoli de Altania. Su padre fue uno de los primeros rebeldes. Le llamaron Lagun.
Hasta ellos llegaron voces desde otros países del mundo:
«La inteligencia artificial se impone en todos los campos, organizada por un científico amoral».
Lagun quiso concienciar al pueblo:
―Hablan de un dictador cruel que acaudilla el mundo científico con guante de seda y puño de hierro. Se hace llamar el Sanador.
No escucharon y la supremacía del planeta estuvo en manos del tirano psicópata. La clase científica lo sustentó con su ejército de robots inteligentes y humanos sometidos.
Medio siglo después, los androides copan los trabajos humanos y estos acatan la autoridad superior. La gran mayoría se dedican a cumplir la ley y a extraer el oro de esta era: el Coluntán. Mineral escaso en la naturaleza, pero estratégico por su uso privilegiado en la microelectrónica e industria espacial. Bases de la vida perfecta regida por un hombre desconocido. No saben su verdadero nombre, ni de dónde procede. El único dato divulgado es que antes de cumplir treinta años ganó el premio Nobel de Medicina por el conocimiento exhaustivo del cerebro humano. Creó un nanocerebro biónico, formado por un chip hecho de neuronas cultivadas que por medio de señales eléctricas se comunicaban entre sí.
El científico psicópata en vez de utilizar el chip neuronal para sustituir las neuronas que dejan de funcionar, o genes alterados productores de enfermedades como la ceguera, generó neurocomputadoras, máquinas casi humanas, para ponerlas a su servicio.
Vio en este hallazgo una poderosa arma para manipular la mente de cualquier persona. Lo hizo y se sintió Dios.
Pero el Sanador necesita el poder absoluto, objetivo que impiden los rebeldes y sus sabotajes diarios. Toma una decisión y convoca a los oligarcas, a los jefes de equipos científicos y a los dirigentes del ejército de cíborgs.
—Los insurrectos siguen riéndose de nosotros. Después del ataque al Instituto de Robótica de la semana pasada, ahora han destrozado las instalaciones donde formamos los nuevos equipos humanos —dice colérico. Y continua—: sabéis que las reservas de Coluntán en la Tierra están casi agotadas, por ello terraformamos el planeta Zebes. En la órbita de su estrella Merak se encuentra un asteroide formado casi en su totalidad por este mineral, y para extraerlo necesitamos más humanos sometidos.
Entre aplausos el Sanador prosigue:
—También podríamos utilizar robots de manufactura espacial. ¡Veremos! —Calla y el silencio es atronador—. Hoy solo quiero exterminar hasta el último de los Soothsayers y a sus familias. ¡A toda su descendencia! —ordena furibundo.
—Será una misión difícil porque se encuentran infiltrados en todos los estamentos del Estado —aclara con temor uno de los generales.
—Los daños colaterales no importan, si hay que quemar el país, ¡se quema!
Una hora después, Luka y su equipo han informado a todos los contactos de la macabra noticia.
A pesar de la vigilancia intensiva y de perder dos amigos en la empresa, logran reunirse en el «Cuartel de la Resistencia».
Deciden que la señal encontrada en el software de la última máquina analizada, podría ser el programa maligno de todas ellas, incluidos robots y androides. Si es así, ganarán tiempo para llegar a la Estación Espacial y emprender el viaje hacia Zebes.
—Sin Coluntán el reino del dictador estará muerto —arenga Luka.
En pos del sueño de una vida diferente, huyen hacia el mundo exterior para convertir el desconocido paraje en su hogar.
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