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LA PRIMERA GENERACIÓN LIBRE - por TrinityR.
LA PRIMERA GENERACIÓN LIBRE
Todo sucedió a raíz del colapso climático. Los entendidos dicen que fue el gobierno el que provoco el colapso del sol, para proteger a la población de una radiación letal. Colocaron una chimenea en cada distrito de las ciudades, como únicos dispositivos para mantener el cielo artificial estable y distribuyendo así, luz sintética. Todos los nacidos en los tres meses anteriores a este colapso, nacieron con una ceguera extraña, que afectaba a la corteza del cerebro: veían sombras y movimientos, pero no formas ni colores. Y se dice que este fue el motivo que aceleró este proceso, sugerido por el gobierno.
Sin embargo, no solucionó los problemas, sino que creó otros, porque esas chimeneas no dejaban de emitir un zumbido. Nadie sabia por qué. Y los niños que nacían cerca de ellas no podían soñar y conforme iban creciendo decían escuchar voces en el ruido. Y no cesaban de gritar.
Cuando un grupo de entendidos decidió investigar a fondo y por su cuenta esta situación tan contradictoria e ilógica, descubrieron que era un problema geopolítico y que el gobierno había actuado sin consultar con la intención de conseguir un poder que de otra forma no conseguiría. La oposición proponía apagar las chimeneas para revertir la ceguera, a sabiendas de que esto podría causar un caos en la población: la gente recuperaría la vista aunque muchos enloquecerían por la sobrecarga sensorial. Algunas ciudades arderían, pero también nacería la primera generación libre .
La oposición no quería solo apagarla, sino crear una burbujas de visión, expulsando así todo el gas toxico que afectaba a quienes habían contraído ese tipo de ceguera. El problema era que esa burbuja atraía a los que no habían enloquecido y el gobierno lo consideraba una amenaza biológica.
Siete días duró el caos y los enfrentamientos. En la primera noche, el gas se detuvo y el zumbido desapareció. En los días siguientes el silencio cayó sobre la ciudad como una losa. Los niños dejaron de gritar. Los adultos se taparon los ojos con las manos, temblando ante la luz que se colaba por las grietas del cielo artificial. Algunos enloquecieron, si. Otros se sentaron en la calle y lloraron porque no podían asimilar el azul nítido del cielo.
Entonces gobierno y oposición hicieron lo que no estaba en ningún protocolo. Uno de ellos dio un paso al frente y aplaudió. Un aplauso lento, seco, que resonó en una plaza rebosante.
No era un aplauso de celebración . Era un aplauso de reconocimiento al miedo, al sacrificio y a la verdad. El aplauso duró un a hora.
Después vino el trabajo de aprender a vivir sin que alguien te dijera que debías ver.
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