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TIRANÍA - por JL.MartínR.
Un jueves, me llamó Begoña, mi amiga del alma. Deseaba pedirme que la acompañara a un corto viaje a Madrid, con la intención de visitar la Biblioteca Nacional para conseguir unos informes que la ayudaran a construir un trabajo de investigación.
Ella sabía que la acompañaría de mil amores, pues yo dedico tiempo a leer y escribir literatura, e ir a una biblioteca siempre es una tentación para los amantes de los libros.
Al día siguiente salimos del pueblo temprano. A las diez, entrábamos por la monumental escalinata del Paseo de Recoletos.
En una sala de estilo clásico, se agolpaban personas en la puerta de entrada. Un cartel anunciador decía que se trataba de una ponencia sobre la tiranía del Nuevo Orden Mundial.
—Puedes esperarme aquí, seguro que te va a gustar; tengo que subir a otra planta —dijo Begoña animándome.
—De acuerdo, te espero.
Sentada en la cuarta fila frente al conferenciante, abrí mi cuaderno y me dispuse a escribir argumentos y párrafos que pudieran despertar mi interés.
Al terminar la conferencia, un aplauso interminable recibió el orador que sonreía. Yo salí aturdida y mareada, deseando intentar encajar los datos del espacio distópico que proyectó en su discurso aquel docente intelectual.
De vuelta a Sigüenza, esa misma noche, me despedí de Begoña con cientos de besos. Aquel viaje había representado para mí un inmenso espectáculo verbal y, sin sentir cansancio alguno, encendí la chimenea y me dispuse a escribir en mi ordenador un relato de compromiso social, ordenando primero los apuntes tomados.
He comprendido que existe una gigantesca campaña mediática de la red del poder de la plutocracia que se ha convertido en la religión del N.O.M. Es como el opio de un pueblo dormido transformado en borrego. Es una guerra de propaganda al servicio de los supremacistas que promueven e imponen su tiranía contra la vida, la economía, la agricultura y la soberanía de los pueblos para empobrecerlos.
Un ejército de mercenarios tan ignorante como paniaguado trabaja incansablemente desde distintos frentes para aniquilar nuestra identidad individual. Esa que hemos heredado como hijos de una nación formidable. Esa que procede del carácter de nuestros ancestros, de aquellos valientes que forjaron nuestra historia, que defendieron la verdad, que combatieron a invasores y que trabajaron de sol a sol para darles un destino apropiado a sus hijos y sus nietos.
Actualmente, nos encontramos con un burdo ataque contra la familia tradicional. Parece existir un intento de destrucción, porque no les gusta a las élites globócratas la visión ideologizada que tenemos la inmensa mayoría de los seres humanos de la familia. Parece como si quisieran destruir los pilares esenciales de la civilización. Son los mismos que establecen consignas de tiranía climática y también los que amenazan la libertad de expresión.
Reflexiva y estresada, configuro en mi cabeza el adoctrinamiento masivo que se pretende, como, por ejemplo, un pensamiento interpretable publicado por la propia Unesco. «Es indispensable hacer que los niños y las niñas conozcan que las partes privadas de su cuerpo no deben ser tocadas sin su consentimiento». Algunos profesionales estudiosos enfatizan que la frase deja la puerta abierta para que cualquier adulto toque a un menor y se justifique al decir que sí hubo consentimiento. La gravedad de estas cosas ha llegado al extremo de tener que recurrir a la justicia en algunos países.
Busco en los pódcasts bajo el paraguas de YouTube y me encuentro con las políticas de género diseñadas en laboratorios de ingeniería social que se introducen en las escuelas para adoctrinar a niñas y niños. Su ceguera teórica pretende apoderarse de la debilitación espiritual y mental. Así como adoctrinar a las niñas para que odien a los hombres, siempre que sean de su «tribu», porque a los inmigrantes que delinquen está prohibido señalarlos, bajo pena de castigo por delito de odio.
Otro enfermizo paradigma trata de sustituir la libertad ontológica del individuo por una dañina y falsa «libertad sexual». De este modo, los conceptos tradicionales se pervierten hasta el extremo de vulgarizar las relaciones humanas.
Estoy denunciando aspectos sociales, pero es que ciertamente todo esto forma parte del mismo protocolo de los globalismos. Una única y gran estrategia para derribar nuestra civilización.
Finalizo este relato documentado, con humilde autoridad, pues para hablar de tiranía, existen innumerables autores acreditados para denunciar estas aberraciones que nos salpican a todos los seres en este mundo inseguro y desdichado de hoy. Resumiendo: La codicia promueve los actos tiránicos de los amorales. Continuará…
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