Literautas - Tu escuela de escritura

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Hecho para ti - por CarmenigneR.

Se mira al espejo. Esa mujer que ve no la refleja. Esas adiposidades que desbordan su espalda como flotadores, esa cara de amargada con expresión de payaso triste, no es ella, al menos no es como se siente. La dueña de la tienda apenas si la mira, deja que ella tome un vestido tras otro, sin hacer comentarios. Quizás su actitud al entrar de no preguntar, de observar, de elegir, le haya molestado. Los que elige le quedan chicos, debería haber tomado dos talles más.
Detrás de ella siente un aplauso, es de otra clienta frente a una imagen, la propia. La mira con desdén frente a ese derroche de alegría, luego vuelve a su imagen. Se acomoda los breteles, esconde el abdomen, eleva los pies.
Se sobresalta al sentir otro aplauso, vuelve a mirar, el vestido se parece al anterior, aunque la chica es más baja. La dueña está atenta, la mira satisfecha.
Decide llamarla para que le traiga un vestido que había visto. Le responde con cierto malestar, hace un comentario en voz baja a las clientas. Se ríen y vuelven a aplaudir.
La dueña se acerca y sin palabras le lleva el vestido que ha solicitado, se lo deja en la percha y sale a atender a una clienta que recién llega. La conduce a un vestidor próximo a las demás.
Luego de intercambiar unas palabras le alcanza un modelo, lo observa detenidamente, es igual al de las otras mujeres. El aplauso no demora en llegar. Se da cuenta que hay un preciso instante en que eso sucede: cuando se ajusta, estira la falda, y queda como un guante, en ese preciso instante hay un aplauso propio que es reforzado por más aplausos. Observa que las tres clientas y la dueña están mirando sus celulares al mismo tiempo. Se escucha como llegan los mensajes de texto, interrumpidos por risas iguales. No hablan. Cada gesto ha sido precedido por un sonido
Se queda mirando fijamente las bocas redondas, los labios inflamados y los dientes con sus carillas exactamente iguales. Piensa que se esta volviendo loca pero las caras se parecen cada vez más, la única diferencia es un matiz en el color del vestido que se hace imperceptible.
Hace mucho frio, la estufa a leña, con su chimenea de hierro, esta encendida, es el toque con glamour del local, algo hogareño inserto en un clima gélido. El local vidriado de arriba abajo permite mirar hacia afuera y ser visto. Realmente siente frio. Observa los espejos, descubre que hay tres que le devuelven su imagen desde todos los ángulos. En el espejo que queda enfrente, puede ver la escena de las tres mujeres con la dueña. Parece haber una complicidad entre ellas de la que no es parte. El silencio es sepulcral, solo lo interrumpen los sonidos del celular. Percibe un olor metálico. La dueña camina hacia ella atravesando la estancia. Parece no verla. Decide cerrar la cortina quedándose sumida en un espacio oscuro. Observa entre la unión de la cortina y la pared. Ve que la dueña camina alrededor de ellas, las mira, acomoda los vestidos. Todos parejos. Hace girar a cada una sobre si misma. La miran mientras la dueña les saca una foto. A cada una, luego a las tres juntas. Otro aplauso. Las cuatro miran en una dirección que es señalada por la dueña, ríen, aplauden. Por momentos se siente presa de una ceguera, no logra ver lo que ellas ven. Cada una pasa la tarjeta por la caja mientras la dueña sonríe. Ellas también.
Está asustada, quizás se quede hasta que pase un rato y la dueña se olvide de ella si es que en algún momento la tuvo en cuenta. Se sienta sobre la ropa en el banco cambiador. Espera.
Afuera se escucha la publicidad de la tienda invitando a” encontrar el vestido de los sueños: perfecto, especialmente hecho para ti, único”.
Trata de distraerse con el celular, desliza el dedo, una noticia tras otra. Guerras, el video del gato, niños llorando, tips para hacerse el maquillaje perfecto, como curar las cataratas.
Transcurre un tiempo, no sabe exactamente cuánto. Siente unas pisadas que se dirigen hacia ella. Abre la cortina y ve a la dueña con una gran sonrisa. En su mano trae un vestido igual al de las mujeres que se fueron, para que ella se lo pruebe. Recibe un mensaje en su celular.

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