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LIBERTAD - por CarmenR.
Una sociedad sin libertad es una sociedad condenada al fracaso, al deterioro paulatino de las creencias profundas en las que se sustenta, a la aniquilación de los sueños, de las esperanzas, de la vida misma, por esa razón Adolfo decidió escapar, huir de aquella amalgama de fieras costumbres y restablecer en otro lugar el orden lógico que debe regir a las sociedades de bien.
Varios compatriotas compartían la misma opinión y, a hurtadillas, se reunieron para elaborar un infalible plan de escape y poner fin a la locura colectiva de la que eran víctimas.
Antes intentaron terminar con el sistema de forma pacífica y no pacífica, restablecer el orden, anular las ridículas leyes que los gobernantes proclamados, a su entender de forma dudosa, habían impuesto bajo la infame mentira de leyes demócratas.
Trataron de hacerse con el poder a través de las urnas presentando un programa ordenado y vigilante de las antiguas enseñanzas, pero fueron derrotados estrepitosamente gracias a oscuras e indeterminadas maniobras y a la ceguera de los votantes incapaces de reconocer las peligrosa deriva a la que se precipitaban. Nadie tomó en serio la denuncia que interpusieron a los supuestos ganadores, legítimos según ellos, farsantes y tramposos según Adolfo y los suyos que intuían turbias maniobras y un contubernio mundial oculto para favorecer a los usurpadores.
La violencia tampoco resultó útil ya que llegada la hora de la verdad, su minoría se evidenció de manera dramática y les traicionó el valor ante tamaña inferioridad. Corrieron como conejos a refugiarse en sus casas, disimulando su frustración al amparo de algún viejo libro frente a una pacífica chimenea. Libro que jamás leyeron y leerán por cuestión de principios. Los impostados ganadores celebraron la victoria con aplausos y leyes aún más restrictivas.
El grupo disconforme decidió entonces formar una sociedad alternativa lejos de allí y tras deliberaciones de hondo calado, tomaron el camino de villadiego una mañana a principios de Abril. Su destino no estaba muy lejos: un bosque con una pradera lo suficiente amplia para albergar a todos ellos. En realidad se trataba de un lugar de recreo donde algunas familias solían pasar los domingos con un límpido río apto para el beber y bañarse y árboles que acogían con su sombra los descansos veraniegos.
Los rebeldes llegaron al lugar elegido y montaron sus tiendas de campaña, más adelante construirían casas de ladrillo, pero por ahora debían conformarse con las provisionales viviendas hasta que conformaran debidamente la nueva sociedad y las nuevas leyes por las que regirse, excelso trabajo que requería de todas sus energías. Terminado el borrador de su estatuto, ya se ocuparían de los temas menores, como conseguir comida tras terminar con la que traían consigo, ropa con la que abrigarse al llegar el invierno y demás menudencias.
El lugar elegido no fue solo fruto de la casualidad o de la belleza que exhibía, el lugar fue elegido porque cerca, muy cerca, separados tan solo por el cauce del río, se encontraba una granja de toros de lidia, allí habían sido desterrados tras la prohibición de las corridas y su primera determinación fue rescatarlos del destierro a que fueron condenaron para restablecer las capeas y los encierros, no como mero entretenimiento ocasional, si no con la obligatoriedad bajo pena de cuantiosa multa, de acudir un mínimo de una vez por semana a tan vilipendiado festejo.
Continuaron: «piropear a las mujeres y de la manera que cada cual determinase, también obligado. Las mujeres necesitan de semejantes muestras de admiración ¿quién lo duda? Igual que un buen pellizco o una buena bofetada en el culo. ¿Cómo van a sentirse ellas mujeres si no? Aquí se ha terminado el feminismo y esas zarandajas, ya es hora de que recuperemos nuestra libertad. ¡Ah! Y eso de no poder dar una buena patada al perro cuando uno está de mal humor, ¿desde cuándo? Mi perro es mío y lo trato como me viene en gana. Y nada de libros ¡eh! Que la letra menuda marea, como mucho un tebeo de vez en cuando, pero muy de vez en cuando, que luego pasa lo que pasa. Ni libros, ni teatros o tonterías semejantes. Hartos hemos quedado ya de esas bobadas, ¿De acuerdo, camaradas? ¡libertad, carajo!».
Talaron algunos árboles para construir la plaza de toros, su primera y más importante medida, pero las obras quedaron suspendidas ante la llegada de la guardia civil que se llevó a toda la comuna a comisaría acusados de cortar árboles sin permiso. ¡Qué falta de libertad!
Ccomentarios (1):
Caesar
18/05/2026 a las 21:19
Hola, Carmen.
El texto está muy bien. La historia es interesante y, sobre todo, está muy bien contada. Me ha gustado especialmente la forma en que has introducido la ironía alrededor del concepto “libertad”.
Si tuviera que señalar algo que quizá podría mejorarse, sería la longitud de algunas oraciones. En ocasiones, el ritmo se hace un poco denso.
Igualmente, muy buen texto.