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El planeta UNANIMIDAD - por DAILA

El planeta “UNANIMIDAD”

En España, los gobiernos han desaparecido.
El malestar del país con respecto a sus políticos gobernantes, igualmente fuesen de ideas políticas izquierdistas o de derechas, extremos políticos o ideas conservadoras. Todo ya daba igual.
El caos y la incapacidad de creer en ninguna persona e ideología lideraron la mente de todos los ciudadanos de tal manera que se produjo lo que denominaron “ceguera colectiva”.
No creer en la posibilidad de un futuro armónico, convergió en agrupaciones en pequeñas comunidades, de no más de 40 o 50 personas.
En la costa, lo que en su día fueron pequeñas urbanizaciones vacacionales, se habían convertido en grupos de personas que ahora habían establecido su residencia en una especia de guetos.
Al principio, sonaba un tanto extraño y no parecía concordar con las opiniones de todos los ciudadanos. Les parecía algo fuera de lugar y nada adecuado para el bienestar del país.
Sin embargo, con el paso del tiempo se demostró que era bastante eficaz en acuerdos y bienestar de sus miembros. Funcionaba.

Era de madrugada, la noticia asaltó los televisores y prensa de todos los países en sus titulares:
“España ha conseguido un modelo de gobierno un tanto extravagante, parece ridículo que algo así funcione”
“El primer país donde se implementa una libre elección de comunidad, propia y adecuada para cada uno de sus integrantes”
“Estamos todos locos”, se leía en otros periódicos internacionales.
Las redes sociales se hacían eco de lo incongruente y se hablaba de chaladura. Sin embargo, aquello Funcionaba.

Quiteria era una mujer mayor, había adquirido un bungalow en una urbanización en la Costa Blanca, vivía sola, viuda, madre de dos hijas y con varios nietos. Aunque sólo le visitaba una de sus hijas y sus dos nietos. Y ahora, ahí habían establecido su residencia los cuatro.
Quiteria salía a pasear todas las mañanas a lo largo de la playa, recorría sus dos kilómetros y medio de ida y así de vuelta. A la vuelta de su paseo, el churrero del chiringuito playero ya tenía el aceite caliente para estrenar sus ventas.
“Docena y media de churros y una vasija de chocolate caliente.”
A Quiteria le hacían una fiesta al entrar a su casa todas las mañanas. Los chavales saltaban de la cama al chasquido de la cerradura;
Se formaba jolgorio. Sus vidas eran felices, era una felicidad sosegada, sin preocupaciones de ningún tipo. Y de esta manera, también compartían su bienestar con el resto de sus vecinos en la urbanización.

Un reportero recorría la Costa Blanca filmando y tomando impresiones de sus habitantes. Todo aquello, caló hondo en el país, que decidieron por unanimidad.
¡UNANIMIDAD! Esto no había ocurrido antes en la historia de la humanidad.
Decidieron por unanimidad tomar este modelo de convivencia.
Se celebró un simposio compuesto por todos los países, sin excepción, del planeta Tierra.
España, pionera, recibió el aplauso unánime de todo el planeta. Se acordó una gran celebración para tal evento:
“UNANIMIDAD” fue la consigna.

Se retransmitía el inicio de esta nueva era desde todas las capitales del mundo. En el edificio más emblemático que poseía cada ciudad, había sido colocada una chimenea, de cada chimenea una fumata expandía humo de los colores del arco iris: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.
Desde el Empire State Building un arco de humo en estos siete colores circunvalaba el cielo de la ciudad de Nueva York.
El Cristo del Corcovado enviaba este mensaje desde Rio de Janeiro.
Desde el Estadio del Boca Juniors la fumata de colores alegraba porteños; el cielo de Argentina se vestía de color.
El planeta estaba rodeado de una fumata arcoíris increíble: La Torre de Toronto, las montañas de Machu Picchu en los Andes, la gran pirámide maya de México Chichén Itzá, Taj Mahal en la India, los bosques de bambú y los santuarios y templos de Kyoto, desde la Gran pirámide Guiza en Egipto, la ciudad islámica La Meca, La madraza de Samarcanda en Uzbekistán.
Desde Europa, todas las ciudades europeas, desde sus edificios más significativos, coloreaban el cielo.
A España le llegaban nítidos los colores desde la Torre Eiffel en Paris, o desde el Big Ben de Londres, la Puerta de Brandenburgo en Berlín se engalanó no solo con su fumata sino con luz y sonido audible desde cualquier punto del planeta.
La Acrópolis de Athenas ofrecía una vista impresionante en la oscuridad de la noche con sus coloridos rayos luminosos.
Incluso desde la Opera House de Sidney, lejana Australia, nos alcanzaba el brillo multicolor.

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