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DistopIA - por Iván PascalR.

El autor/a de este texto es menor de edad

Había llegado el momento de la mujer Y.414.N8B (los nombres de los humanos están codificados). GIA (Gran Inteligencia Artificial), que regía los destinos del mundo en la segunda mitad del siglo XXI, la había seleccionado para educar a una nueva humana. Además de GIA, la especie humana estaba controlada por una legión de robots humanoides. En realidad, eran humanos asexuales, dotados de exoesqueleto y cuya mente estaba bajo el estricto control de GIA. No podían pensar por sí mismos. Solo debían obedecer a GIA y a otros robots superiores en la jerarquía robótica.

Desde el momento de la segregación humana por géneros, mujeres y hombres vivían en territorios diferentes (matriarcados y patriarcados). No convivían en ningún momento de sus vidas. GIA había cambiado drásticamente el proceso de reproducción entre humanos. Comenzaba con una muestra de ADN de la persona (hombre o mujer) que educaría al nuevo humano. Un robot especializado en reproducción la encapsulaba. A partir de esta muestra encapsulada se generaba un nuevo humano del mismo genero que el donante de ADN.

Y.414.N8B se levantó a la hora prevista. Aquel día era el señalado para dirigirse a la granja de reproducción humana y donar su muestra de ADN. Siempre había soñado con ser la educadora (ya no existían madres ni padres) de una humana. Una vez en la recepción de la granja le indicaron el identificador del robot responsable de su proceso y que, al finalizar, le haría entrega del humano recién generado. Desde la donación de la muestra de ADN hasta esta entrega transcurrían cuatrocientos días, de los que el humano generado pasaba cien en una capsula vigilado por un robot nodriza. Acabado el proceso, el nuevo humano se entregaba a su educadora, con el aplauso de una claque de robots. Este proceso, así como las granjas eran idénticas para mujeres y hombres.

Y.414.N8B llevó su tiempo de espera muy tranquila. Su vida continuó de forma sosegada y, sobre todo, ilusionada. Trabajaba en aquellas tareas que correspondían a su estatus. Eran tareas manuales, que no precisaban que tomase decisión alguna. Esta responsabilidad recaía exclusivamente en robots. Además, seguía un curso de instrumentos musicales antiguos que le habían asignado. GIA pretendía con estos cursos llenar los tiempos no laborales de los humanos, de tal forma que aumentase su autoestima al ir consiguiendo objetivos que la propia GIA les iba señalando y, sobre todo, evitar cualquier tipo de socialización fuera de su control que pudiese ser el germen de un levantamiento que obligase a una costosa lucha entre robots y humanos. Con este fin, GIA había separado a los humanos por géneros, creando entre ellos una fuerte beligerancia de la que GIA y los robots eran los grandes vencedores.

Por fin, la tranquila espera de Y.414.N8B terminó. El día de ordinal cuatrocientos uno, desde la fecha de la entrega de su muestra de ADN, llegó. Comenzó la jornada de forma habitual, pero al salir de su habitáculo se dirigió a la granja de reproducción humana en vez de a su centro de trabajo. A punto de llegar, notó algo extraño en el edificio de la granja. Podía ver como de la chimenea surgía un gas azul, poco denso, que iba elevándose a la vez que iba disipándose muy lentamente. Nunca lo había visto. En otras circunstancias, habría dedicado algo de tiempo a observarlo y tratar de entender que ocurría. Pero aquella mañana, su euforia era tan grande que siguió su camino sin detenerse, como si padeciera ceguera y no hubiese visto el gas.

Cuando llegó, la recibió la misma humana que lo hizo en la visita anterior, en la que entregó su muestra de ADN. Pero en esta ocasión, le indicó que debía esperar para ser recibida por el robot responsable de su proceso. Pasó a una sala algo apartada y, apenas cinco minutos después, apareció por la puerta.

— Señora, con gran dolor he de comunicarle que su descendiente ha tenido que ser eliminado. Durante el proceso de generación del cuerpo en la cápsula, ha habido un fallo técnico que impide garantizar la supresión de todos los rasgos masculinos del nuevo humano. Al no poder estar seguros de la presencia exclusiva de rasgos femeninos, GIA ha ordenado la destrucción del cuerpo del humano.

Y.484.N8B recordó entonces el extraño vapor que vio por la chimenea y dedujo que eran los restos de su humano destruido. Lloró desconsolada, pues mujeres y hombres sabían que GIA solo permitía un único proceso de generación por humano. El suyo había fracasado. No habría un segundo.

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