Literautas - Tu escuela de escritura

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La fiesta - por Mónica Bezom

Web: http://letrasturquesa.blogspot.com

Reconozco que me automedico con cierta eficacia. Pero no resultó así cuando me automediqué el casamiento.
La fiesta se perpetró en el coqueto piso de mi tía Kitty, bebidas multicolores mediante.
Mi tío —y mi padrino en este caos, digo, caso— y yo fuimos Sissí y el emperador bailando el vals, hasta que el emperador escapó hacia el aseo, emergiendo perfumado cual cuento del bosque de Viena andante.
Establecido su radio de acecho desde la chimenea, se concentraba en las invitadas, cuando apareció su novia Lola. El pánico cruzó el semblante de Mauro, que, fingiendo ceguera, planeó hacia una dama de honor fascinada por el aterrizaje.
Con una mueca que presagiaba la tormenta perfecta, Lola bajó al kiosco “a comprar”.
El empezóse del acabóse ocurrió cuando, de regreso, pulsó el timbre para que le abrieran la puerta de calle. Desde el sexto piso nadie se hizo cargo.
Siguieron timbres histéricos y sostenidos.
Nada.
Los timbres se desgañitaban, ante la pícara indiferencia colectiva.
Hasta que se oyó un grito de guerra proveniente de la planta baja.
—¡Abrí, impotente!
El balcón se convirtió en un palco repleto de cabezas mirando hacia abajo.
—¿Ah, no querés abrir? Pagame, entonces. ¡Pagá, que eso lo sabés hacer! —bramaba Lola.
Hubo aplausos.
—¡Por favor, qué escena tan desagradable y ordinaria! —comentaba Kitty, frunciendo los labios con asco.
No sé si aclaré que mi tío es medio sordo. En este caso, fue sordísimo y encabezó un trencito tendiente al desalojo del balcón indiscreto. Pero algunos seguían atentos al culebrón.
—¡Abrí, cornudo!
Por fin, un alma caritativa—-o taimada— le abrió.
Lola se dirigió enfurecida hacia mi tío, que ya tenía puesta su mirada candorosa.
—¿Te sentís mal, chiquita? Vamos, que te llevo —le susurró. Y la cargó literalmente, desapareciendo no sin antes guiñarle un ojo a la dama de honor, tipo: “ya vengo, esperame.”
El estupor generalizado degeneró en un silencio infame, interrumpido por mi futuro exesposo que, entonado, acusaba a mi primo de robarle la copa de vino.
—Ay, yo le dije a ella que no se casara. Mirá cómo muestra la hilacha. Resultó un loquito, ¿viste? —farfullaba Kitty, a quien quisiera escucharla.
En eso volvió mi tío con marcas en el cuello y rouge en la cara. Lola lo había devuelto estampillado.
Pasada la opereta de los timbrazos, la gente se divertía como loca.
Mi futuro exesposo contribuyó agarrando a mi tío —que se entregaba a cualquier payasada— para brincar fideo fino, cantando “dos elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña; como veían que resistía, fueron a buscar otro elefante”. Enseguida se sumaron voluntarios.
Yo me reía, no sé de qué.
El salón parecía un saloon donde una junta de varones desaforados de variopintas edades y profesiones de bien bailaban fideo fino, al son de “veinte elefantes se columpiaban…”.
Fui a buscar la torta para atemperar el dislate.
Justo cuando la partíamos, irrumpió Lola gritando que "ese impotente" no iba a desalojarla de la fiesta.
Sobrevino un incómodo silencio.
El cántico masculino se detuvo cuando andaba por los cincuenta elefantes, mientras algunos bailarines eran ayudados por sus esposas a levantarse del piso. Fue un momento sublime diríase, dada la armonía que imperó, leve y fugitiva.
De pronto, el movimiento se reanudó hacia los guardarropas. Los invitados se despedían apresuradamente.
En la confusión, mi tío no pudo esquivar a Lola y fueron a dar a un sillón, con tan mala suerte que quedaron abrazados. No tardaron en hacerse mimos y ya ninguno de ambos se acordó quién empezó qué cosa.
La dama de honor se despidió dedicándole a mi tío una mirada rencorosa, gruñendo que Mauro era "un típico donjuán de cuarta."
Mientras, la vecina del séptimo, cansada de golpear la puerta, nos avisaba a través del balcón que había llamado a la policía a causa del griterío. Aunque creo que no dijo griterío… No sé, la verdad.
Mi futuro exesposo y yo abandonamos la fiesta en puntas de pie.
Como las llaves del auto las tenía mi tío, que estaba perdido en los brazos y piernas de Lola, nos paramos en la esquina del Jardín Zoológico esperando un taxi salvador.
Pero ninguno se detenía. Hasta que uno se apiadó.
Durante el viaje, el chofer nos observaba con intriga por el espejo retrovisor. Finalmente, la curiosidad le ganó.
— ¿Y, chicos? ¿Estuvo bueno el baile de disfraces? No sabía que el Zoo abría de noche. ¿O fue en el Botánico?
—¿… ?
— ¡Qué buena iniciativa, la de esta intendencia! Los voy a volver a votar.

Comentarios (16):

Elena M.

18/05/2026 a las 17:43

Hola Mónica, he disfrutado muchísimo leyendo tu relato. Me parece maravilloso el tono, cómo se va desarrollando la historia, cómo está narrada y el final me parece redondo.
Hay un detalle que me ha gustado especialmente y es que la narradora habla de su exesposo, lo que hace que la historia tenga continuidad, no sé cómo explicarlo, pero me ha gustado mucho. Enhorabuena!!

Moldy Blaston

19/05/2026 a las 19:12

Hola Mónica, como cada mes me paso a comentar tu relato, con mucho gusto.

¡Qué genialidad de texto! Me ha parecido una absoluta maravilla. Es una comedia de enredo brillante, con un tono costumbrista, satírico y un ritmo frenético que recuerda a las mejores comedias cinematográficas o al teatro de vodevil. El humor es ácido, inteligente y está manejado con una ironía exquisita desde la primera línea.

Me ha parecido un relato absolutamente hilarante, con una frescura y una voz narrativa arrolladora. Es un grandísimo acierto romper con el tono oscuro de las distopías anteriores para traernos esta comedia de enredo costumbrista, casi berlanguiana, donde la boda se convierte en un auténtico “dislate”. Tienes un manejo de la ironía y el humor satírico brillante; frases como “automedicarse el casamiento” o el balcón convertido en un “palco repleto de cabezas” son perlas literarias que demuestran un gran control de la voz de la protagonista. La construcción de los personajes (el tío Mauro sordo y donjuán, la tía Kitty escandalizada y la volcánica Lola) es magnífica, y logras mantener un ritmo frenético donde el caos no para de crecer hasta ese remate final con el taxista, que es un cierre perfecto y desternillante.
¡¡¡Te felicito!!!

Si quieres puedes pasarte por el mío (#56) y me comentas, por supuesto sin compromiso.

Nos leemos!!!

Carmenigne

20/05/2026 a las 13:36

Hola Mónica! Gracias por pasar por mi relato y por tu devolución.
Creo habértelo dicho en otras oportunidades y con este relato lo vuelvo a confirmar. Tú escritura “me lleva puesta” tengo la sensación incluso física de estar arriba de un tobogán arrastrada por una inercia que me impulsa.
Es ágil, fresca, espontánea, irreverente, plagada de imágenes que condensan múltiples sentidos, con momentos de humor no solo explícito sino del que se desprende de las situaciones planteadas. He leído y confirmado que escribís con la misma eficacia géneros tan diferentes.
Del punto de vista de la construcción del relato, etc, no tengo nada para aportar, al menos hasta ahora porque para mí es impecable.
Si no tenés un libro de cuentos publicado, hacelo. Lo digo desde el egoísmo puro: quiero seguir leyéndote.

IGNACIO

20/05/2026 a las 16:01

Hola Mónica. He de encontrar la forma de que me inviten a las mismas bodas a las que vas tú. Risas aseguradas. Cuando no es el coche que derrapa delante de la iglesia es el padrino tonteando con la dama de honor. Eso sí, hay que evitar ser el tío de la novia porque entonces la bronca es segura. Color local, imágenes vivas, descripciones hilarantes. Muy bien relato.
Me chirrió una cosa, acostumbrado a los pisos de ochenta metros cuadrados que tenemos por aquí, que se celebre la boda en tan poco espacio y que tengan guardarropa. Cuadriculada que tengo la cabeza.
Un placer leerte.

JL.Martín

20/05/2026 a las 18:12

“Un típico donjuán de cuarta”… Así como: “el empozose del acabose”… son términos de un modo de lenguaje que entiendo pueden ser habituales en el entorno social donde vivas. Hay montañas de dichos y acentos muy comunes entre los millones de habitantes que hablamos y escribimos en español. Los citados, no suelen ser muy conocidos en la escritura de creación literaria. El cuento es muy agradecido, pues todos estamos deseosos de participar en ambientes agradables y que proyecten alegría y humor, pues algo así nos ha sucedido y lo han vivido muchos de nosotros. Lo de tu exmarido, en mi opinión, tiene una originalidad atractiva, así como el relato gramatical que es correcto, está bien ordenado. Tal vez al ser un piso familiar, lo del “guardarropas” sea un exceso. Un placer.

Wiccan

20/05/2026 a las 21:48

Buenas Mónica,
Tengo que reconocer que tu relato me superó un poco pero más por un problema mío que tuyo, hay tal cantidad de imágenes, de situaciones contadas y además en un texto tan corto que creo que me hicieron perder el hilo de la historia en ocasiones, aunque probablemente también haya influido que tu forma de escribir y contar la historia está influenciada por el lugar de donde eres y en ocasiones exagerada y se me puede hacer raro. Como digo es una sensación mía sobretodo en una primera lectura, ya que en la segunda ya se me hizo más claro todo, pero creo que es importante comentar este tipo de sensaciones como lector para que quien escribe las pueda valorar de la forma que considere.
Dicho esto, a nivel formal no me voy a meter por lo que comentaba, el texto se me hace raro en algunas expresiones o formas de contar las cosas pero no puedo dar opiniones de cosas a mejorar porque seguramente ya están bien así y sea a mi a quien le suenen raro por una cuestión cultural.
Sobre el fondo te felicito, consigues con una situación inicialmente cotidiana contar un sinfin de historias y caracterizar a muchos personajes y eso me parece tremendamente difícil en un texto tan corto. Los protagonistas, el tío, la tía, el primo, Lola, los invitados cantando y borrachos, el exmarido, la querida del tío, si lo piensas es un ejercicio extraordinario de condensación sin que tengas la sensación de que se está haciendo ya que parece natural. La historia de la boda se lee como se viviría una boda de verdad: miro hacia un lado y está pasando esto, miro hacia otro y está pasando aquello. Hay historias que se mantienen, otras que solo pasan fugazmente. En concluisón, que a nivel fondo me parece un trabajazo y te felicito.
Como única cosa que sí me extrañó y tuve que releer varias veces para ver si me había perdido algo fue el comentario del taxista sobre una “fiesta de disfraces”, entiendo que los novios estarían elegantes pero si van así entendería que el taxista hablase de una fiesta, pero no de disfraces, ¿me habré perdido algo?
Muchas gracias por compartirlo.

Monica Bezom

20/05/2026 a las 23:38

Hola, compañeros.

Elena: gracias por tus palabras, me alegra que lo hayas disfrutado.

Moldy: agradezco tu amable comentario y destaco la acertada descripción que haces de los personajes: el tío sordo y donjuán, la tía Kitty escandalizada y la volcánica Lola; me hiciste reír.

Carmenigne: muchas gracias por tus palabras y por tu consejo sobre publicar los cuentos. Sería lindo.

Ignacio: gracias por tu amable y divertido comentario. Prometo conseguirte una invitación para alguno de estos casamientos ¡jaja! Así después escribís sobre ellos.En cuanto al “piso” con guardarropas, entiendo tu punto, así como también lo plantea J.L. Martin. Sucede que, a diferencia de España donde “piso” se denomina a los apartamentos en general, en Argentina -de donde soy- el término “piso” indica que la unidad ocupa toda la planta completa de un edificio, lo que suele implicar una gran superficie, mucha privacidad y, por lo tanto, un estatus de lujo o categoría premium. En el caso del cuento (que está inspirado en hechos reales) doy fe que el “coqueto piso” al que me refiero era enorme y contaba con un par de guardarropas. Así que, tranquilo, no es que tengas cuadriculada la cabeza (me hizo reír esa expresión).

J.L. Martín: agradezco la devolución que haces a mi texto. Con relación a los términos que señalas: “típico donjuán de cuarta”, es coloquial y de uso en Argentina, desde donde escribo, significa algo de pésima calidad u ordinario; en el cuento sería un donjuán vulgar. Las palabras “empezóse del acabóse” son coloquiales también; integran una divertida variante gramatical popularizada por la historieta Mafalda. Respecto al “piso” con guardarropas, me remito a la explicación brindada más arriba a Ignacio.

Wican: muchas gracias por tu devolución; tomo en cuenta lo que señalas en orden a las rarezas y sensaciones que comentas. El relato incluye expresiones coloquiales y algunas vulgares según la necesidad de la historia y escribo desde Argentina.
Con relación a la vestimenta de los novios y que el taxista toma por disfraces, se debe a que es muy inusual ver personas vestidas de novia/o de a pie y esperando un taxi en la soledad de la madrugada. Por tanto el taxista pensó que eran disfraces. Y hay un localismo: el Jardín Botánico y el Zoológico están contiguos en Buenos Aires. Espero haber satisfecho las dudas.
Muchas gracias por sus comentarios.

Daniel Calleja

21/05/2026 a las 01:02

Mónica, gracias por tus acertados comentarios a mi relato. En cuanto a tu alocada fiesta me gustó mucho, hay que leer con atención para no perderse entre tanta situación y personajes alocados, pero de eso se trata. El ritmo frenético le viene como anillo al dedo. En lo referente a ciertas expresiones coloquiales tengo una ventaja: soy uruguayo. Felicitaciones. Nos seguimos leyendo.
P.D. Lamento no tener mucho para aportar.

Aram

21/05/2026 a las 15:57

Hola Mónica,

Muchas gracias por tus comentarios en mi relato. ‘Definitivamente’ tienes razón en tus observaciones.

Lo que más me gustó de tu relato: La elegancia de tu escritura y su uso en una sátira tan caótica como ocurrente.

Lo que menos me gustó: no puedo pensar en nada, tal vez el final. Podrías terminar justo con la parte del diálogo respecto a la ‘fiesta de disfraces’ siento que cierra todo el tema de las normas sociales y el ridículo.

Muy buena escritura, me encantó encontrarte y definitivamente seguiré leyéndote.

Verso suelto

21/05/2026 a las 17:46

Hola Mónica. Muchas gracias por pasarte por mi relato y por tus comentarios tan laudatorios. Voy con el tuyo. Empiezas con dos golpes de efecto que, junto con el recuerdo aun fresco de tu anterior relato, nos ponen en situación: “ me automediqué el casamiento” y “La fiesta se perpetró en el coqueto piso de mi tía Kitty”. Suma y sigue: “ planeó hacia una dama de honor fascinada por el aterrizaje”, gráfico a más no poder. Y llegamos al “ empezóse del acabóse”, a la “ pícara indiferencia colectiva”, me los imagino a todos haciéndose los locos, y luego los elefantes , etc etc.
En fin, un relato desternillante. Y para remate, el taxista adivino “ No sabía que el Zoo abría de noche”.
Si nos has hecho partirnos de risa con la boda y la fiesta, no se que va a pasar con el viaje de bodas… si es que la novia y el ex-marido aguantan hasta entonces.

José Torma

21/05/2026 a las 23:31

Hola, Monica.

Ya lo sentenciabas al final del relato anterior…

“Pero la fiesta es otro cuento.”

Y para que te cuento. La locura total. Pasan tantas cosas al mismo tiempo que podría ser fácil perderse, pero siendo mexicano, esa fiesta podría haber sido, fácilmente a la que acudí la semana pasada.

La terminología, las situaciones chuscas, todo me funciona. Casi quiero que nunca sea el “exesposo” porque la historia tiene tela.

Paroxismo total. Super divertido. No hay mucho mas que decir. Aun siento que me da vueltas la cabeza.

Felicidades

Cristina Otadui

23/05/2026 a las 07:29

Teatralidad, caos e ironía en un texto donde encadenas situaciones disparatadas sin perder nunca el control y el ritmo. Donde todo, creo, esta pensado y muy bien pensado pero parece totalmente improvisado. Da gusto ver como con las pocas pinceladas que das muestras unos personajes tan sólidos: el seductor Mauro, la deliciosa caricatura social de Kitty, la propia narradora que cuenta su propia boda con una distancia emocional y un humor que ¿quizás? sirva de anestésico.
A veces siento la historia demasiado saturada de ocurrencias pero en cualquier caso creo que es un relato vivo, en la mas pura tradición de la comedia donde el cierre funciona simbólicamente…también 😉
¡¡Felicidades!!

Gracias por escribir y compartir,
¡¡nos leemos!!

clarinete

23/05/2026 a las 17:03

Hola Mónica, nunca pensé que una boda pudiera presentarse como un budevil, gracioso, divertido y casi común en grandes acontecimientos donde todos quieren ser protagonistas.
Hablas de tu futuro ex ¡A saber que haría para llevar ese san Benito de “ex”, pero como una familia así, cualquier cosa.
Enhorabuena he paso una lectura muy divertida.

Un abrazo

Violeta

25/05/2026 a las 09:27

Pero, Mónica, ¡qué descubrimiento! Me he reído muchísimo con este texto y lo he leído varias veces para disfrutar de la ironía y de los juegos del lenguaje. Me ha enganchado la primera oración: “Reconozco que me automedico con cierta frecuencia…” -y yo también, he pensado-:D 😀 😀 Y a partir de ahí ha sido un no parar. Se nota la procedencia por los insultos y por ciertas expresiones: “cornudo”, “impotente”, “loquito”. Y me ha hecho mucha gracia el propio grado de confusión de la protagonista. “Yo me reía, no sé de qué”. ¿Qué es bailar fideo fino?Te sigo a partir de ahora. Genial.

PROYMAN1

26/05/2026 a las 16:17

Saludos Mónica soy PROYMAN1 tú vecino del 47 y leyendo tu relato que me ha gustado paso a comentar lo que me ha parecido aunque los compañeros te han descrito sus opiniones y yo tengo poco que decir.
Tu relato despliega una comedia de enredo , donde el caos se acumula escena tras escena sin que la narradora pierda el pulso humorístico. Se combina ironía, ritmo frenético y un lenguaje coloquial, creando imágenes tan nítidas como disparatadas, desde los timbrazos furiosos de Lola hasta el vals convertido en vodevil. Los personajes —el tío Mauro, la tía Kitty, la propia narradora— quedan trazados con pocas pinceladas pero enorme eficacia. La boda, lejos de ser solemne, se transforma en hilarante y coral, rematado por un final que subraya el absurdo general. Un texto ágil, teatral y muy divertido, que se lee con una sonrisa constante.
Te doy las gracias por haber leído mi relato y tomo nota de tus observaciones que tendré en cuenta para los próximos.
Seguro que continuaremos leyéndonos.

Monica Bezom

29/05/2026 a las 23:27

Daniel, Aram, José Torma, Verso Suelto, Cristina, Clarinete, Violeta y Proyman, ¡muchas gracias por sus amables comentarios!

Violeta: a tu pregunta: “¿Qué es bailar fideo fino?”, te cuento que se trata de movimientos algo alocados con el cuerpo como si uno fuera un fideo en la olla; se popularizó por estos lares gracias a un viejo programa de tv infantil.
Un abrazo a todos.

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