Literautas - Tu escuela de escritura

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Ciudad Estéril - por Ruvi E.R.

Margot corría sin mirar atrás; sabía que cada segundo contaba si quería sobrevivir.

Sin aire, se escondió tras un automóvil para descansar. Sus manos buscaron el bulto que llevaba en su bolsa; seguía ahí. Después de todo el esfuerzo que puso la comunidad en planear la misión, y las vidas que se sacrificaron, sería ridículo perderlo cuando faltaba tan poco.

Saltó al escuchar el ladrido de los perros a lo lejos; todavía no estaba a salvo de sus perseguidores. Analizó sus opciones y emprendió la carrera por el gran canal que alguna vez fue un río caudaloso. No podía recordar su nombre en ese momento; al llegar le preguntaría otra vez a su abuela. Era la vía más rápida para llegar a su destino, pero estaba muy expuesta. Decidió meterse por las calles para poder esconderse de ser necesario. Bajó la velocidad; los escombros no le permitían correr. El riesgo de contraer una infección era demasiado alto.

No pudo más y se sentó en el umbral de una puerta. No le gustó el silencio; cuando escuchaba ladridos tenía idea de a qué distancia estaban sus enemigos. Ahogó un grito cuando unas manos heladas taparon su boca y la arrastraron hacia adentro.

—Soy yo —dijo una voz casi imperceptible que Margot conocía a la perfección—. No grites, que están muy cerca —añadió al destaparle la boca.

—Armand —susurró con un sollozo y lo abrazó—. ¡Estás vivo! ¿Cómo llegaste antes?

—Pensaron que me habían eliminado y se enfocaron en perseguirte. Corté camino por el canal. Sentí un gran alivio cuando te vi, y estaba a punto de llamarte cuando decidiste entrar por esta calle.

Un fuerte sonido interrumpió a Armand. Él puso el dedo en sus labios y Margot sintió una corriente en la espalda; quiso atribuir ese sentimiento al miedo, pero en el fondo sabía que era por el roce… «No es hora de estas tonterías», sacudió la cabeza.

—Si nos quedamos aquí, los perros nos descubrirán —le susurró Armand al oído—. Yo los distraigo; corre, no pares hasta que estés a salvo.

—Ten cuidado, por favor, te necesito —se sonrojó—. La comunidad te necesita —corrigió.

Sus miradas se conectaron por unos segundos.

—Yo también te necesito. Nos vemos pronto —una sonrisa apareció en su rostro. Le dio un beso en la mejilla y salió por una puerta trasera.

El sonido de botellas rompiéndose era la señal. Echó a correr; pronto se darían cuenta del engaño. Al doblar una esquina, se detuvo y levantó la vista.

—La chimenea está encendida —masculló jadeando.

La imponente torre de Eiffel City lanzaba humo; era una buena señal. El ingreso a la ciudad estaba libre y podía entrar sin peligro. Al llegar a la muralla, respiró aliviada al notar que ya no la seguían; la puerta secreta estaba a unos cuantos pasos. Paró en seco al oír aplausos a sus espaldas. Bajó la cabeza y se dio la vuelta; trató de que sus largos rizos cubrieran la lágrima que rodaba por su rostro. Le temblaron las rodillas. «He fallado a mi gente».

—¡Bravo! Casi lo logras. Engañaste a los tontos de mis soldados, pero yo te conozco muy bien. Devuelve lo que robaste y no te haré daño —el hombre extendió la mano.

—Qué canalla eres, Jules. Esto pertenece a la ciudad. Tú fuiste quien robó esto, nos traicionaste. Solo estoy recuperando lo que nos pertenece —sus nudillos se blanquearon al apretar la bolsa.

—Ay, hermanita, tu ceguera me causa gracia. Te dejas manipular por extraños y no confías en mis planes —Jules adelantó unos pasos.

—La abuela no es una extraña; trabajó mucho para conseguir que estas semillas dieran fruto. El ciego eres tú. Si uniéramos fuerzas en vez de crear guerras innecesarias, podríamos prosperar.

Margot se sobresaltó al sentir una mano en la espalda. Armand le rodeó la cintura y le dio un suave apretón. Ella le tomó la mano: todo estaría bien.

—Tu hermana tiene razón, Jules; déjanos pasar. No puedes contra toda una ciudad —Armand miró hacia la muralla.

—Hola, abuela —saludó Margot sonriendo a la anciana que observaba al grupo desde la garita.

Jules alzó la cabeza y retrocedió alzando los brazos al ver los rifles que le apuntaban.

—Cuando te des cuenta de tu error, no me busques —dijo alejándose.

—Nosotros siempre estaremos aquí para ti —sentenció la abuela desde lo alto.

Comentarios (7):

Manuela Dilemás

21/05/2026 a las 11:16

Hola Ruvi, soy tu vecina del 49 y me corresponde comentar el tuyo. He leido varias veces tu relato y desde mi punto de vista hay demasiados personajes que se relacionan entre ellos de una manera fugaz. Podrias haberte centrado más en explicar su objetivo de salvar las semillas, es un tema estupendo en los tiempos que corren. Nos leemos, un saludo

KEKA

21/05/2026 a las 14:17

Hola Ruvi. Ante todo gracias por tu comentario tomo nota de las comillas y siempre intentando mejorar he leído tu relato y paso a decirte que me ha gustado mucho la valentía de Margot y como tu dices la esperanza vuelve a florecer y esta bien explicada la historia una historia llena de esperanza
Seguimos escribiendo

Robert Marcel

23/05/2026 a las 04:09

Saludos Ruvi E.:
Al leer tu texto me ha gustado que dejas un mensaje de amor muy grande al final. Creo que tu texto además de cumplir con todos los requisitos del taller y del reto, habla sobre amor incondicional.
Me quedan unas dudas que a continuación te expongo:
“No podía recordar su nombre en ese momento; al llegar le preguntaría otra vez a su abuela.”: Margot viene huyendo, es perseguida por unos perros, ella tenía una misión muy importante que quería cumplir, no entiendo porqué le interesaba tanto recordar en ese momento su nombre ¿el de ella o el del el gran canal?
“Él puso el dedo en sus labios”: ¿en los labios de quién?
¿ Armand es una especie de fantasma? Nadie lo ve llegar nunca, ni Margot ni Jules, cada vez se aparece de repente.
¿Porqué el grupo deja ir a Jules impunemente y no lo detienen? se supone que había robado algo de la ciudad ¿no?
Te invito a comentar el texto #55 “Sin cobijo”.

Dani Bouquet

23/05/2026 a las 13:56

Hola Ruvi E., soy tu vecina de arriba (#50). Me he llevado una sorpresa al leer tu texto, porque he encontrado algunos paralelismos con el mío. Echándole imaginación, podrían encajar en la misma novela.
La redacción es ágil y fácil de leer, y el diálogo final le da sentido a la huida de la protagonista. La temática de las semillas es muy propia de un mundo distópico. Me quedo con ganas de saber cómo continuará la historia.
Un saludo, encantada de leerte.

Guillermo Cédola

24/05/2026 a las 16:05

El dinamismo de la persecución inicial y la frescura del romance que se insinúa entre Margot y Armand le otorgan una humanidad maravillosa que equilibra perfectamente la crudeza del entorno.
El giro final es sencillamente brillante: descubrir que el enemigo es su propio hermano y que el valioso botín son semillas —el símbolo máximo de futuro y renacimiento— eleva la historia a una metáfora hermosa sobre la esperanza. Con la imponente imagen de Eiffel City y el respaldo de la comunidad liderada por la abuela, lográs un cierre triunfal y sumamente emotivo que celebra la unión frente a la adversidad. ¡Una narrativa impecable y muy atrapante!
Felicitaciones!!!

Ruvi E.

25/05/2026 a las 10:26

Gracias a todos por sus comentarios, me alegra mucho que les haya gustado el cuento. Cada comentario me ayuda a seguir mejorando.
Guillermo, muchas gracias por tus palabras. Creo que has dado en el clavo con lo que quise que signifique la historia. Con tanta cosa que está pasando en el mundo necesitaba escribir algo que evoque esperanza.
Roberto, el comentario de Guillermo creo que responde tus preguntas.
Saludos a todos.

Verso suelto

28/05/2026 a las 09:55

Hola Rubi, lo primero agradecer tu comentario a mi texto. Creo que no te había leído nunca o, al menos, no lo recuerdo, así que me alegro de que me hayas leído porque de esta forma he tenido oportunidad de disfrutar con tu relato. Creo que manejas muy bien la intriga, generando curiosidad de una manera muy hábil. Esa parte del relato, la primera es la que más me ha gustado. En el desenlace se nota, quizá, la presión de las 750 palabras. En conjunto un magnífico trabajo. Te felicito.

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