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María - por José Torma
Web: http://www.cuentoshistoriasyotraslocuras.wordpress.com
María nunca ha tenido miedo y no es valentía porque sí, ni mérito que merezca aplausos.
La primera vez fue siendo un bebé. Ellos llegaron, la tomaron en sus brazos y desapareció. Sus padres demandaron al hospital por negligencia criminal. La policía no tenía una sola pista. Las cámaras en los pasillos no revelaban nada y expertos forenses habían determinado que las grabaciones no estaban adulteradas. María se esfumó en el aire.
Un aviso a la policía logró ubicarla en una cabaña escondida en el bosque de la sierra madre seis meses después. Debajo del letrero “Se vende”, envuelta en mantas de fino lino la encontraron. La policía no tenía respuestas, pero la familia estaba feliz de haberla recuperado. En un arrebato, el padre compró la cabaña. La consideraba una señal.
Desde que pudo caminar, se convirtió en la pesadilla de padres y hermanos. Osada, desafiaba escaleras y sillones; trepaba la alacena para alcanzar las galletas. Su padre reía al contar que había pedido una niña porque eran muy tiernas y la vida le había concedido una más brava que los otros tres varones.
La segunda vez fue después del accidente. Los padres fueron detenidos para investigar su posible culpabilidad o al menos complicidad en la desaparición.
—Busquen en la cabaña —gritaban.
La policía investigaba, pero no avanzaba. Nada ligaba a los padres al secuestro. El oficial García, desobedeciendo órdenes fue a la cabaña. Acostada en una cama con los vendajes sucios y ensangrentados estaba María.
En preparación a su regreso a casa, los padres compraron el mas sofisticado sistema de seguridad, ni las moscas pasarían desapercibidas, comentó el técnico instalador. Los hermanos se turnaban para estar con ella y nunca tenía tiempo en solitario. Poco había cambiado. Ella seguía creciendo y adaptándose… hasta la remodelación de la cabaña.
Mientras sus hermanos le tenían miedo a la oscuridad, a los monstruos que se esconden debajo de la cama o en el armario. Ella desafiaba al espacio con una sonrisa. Pero odiaba la cabaña. Ahí las cuentas ya no daban desde la remodelación del año pasado. La enorme chimenea que calentaba toda la estancia, fue sustituida por una enorme estufa de leña. «Más eficiente», decía su padre con orgullo, sin importarle que ahora todo era diferente. Los sillones que guardaban ese rico olor del tabaco del abuelo, habían sido sustituidos por piezas elegantes y modernas, “cómodas”, era un adjetivo que utilizaban continuamente al referirse a los cambios.
El frente es tal como lo recuerda el norte por el sol en su frente y una suave brisa que siempre está a estas alturas. Escucha a su padre y a sus hermanos afanarse con el acarreo de la leña y revisando el gallinero para ver si encuentran algún huevo para la cena de la noche.
El ruido del río acaricia sus oídos, ahí se siente libre, sin restricciones. ¿Cómo explicarle a una persona vidente lo que la verdadera libertad es? Le viene una memoria, sutil al principio, intensa segundos después.
Tiene recuerdos de colores, pero son solo una idea en su cerebro. Su ceguera fue total a los cinco años, producto de un accidente en su bicicleta rosa. Ese color está tatuado en su mente y en sus recuerdos, fue el último color que percibió. Cuando volvió en sí, fue como si tuviera un telón de papel de cera en los ojos. Ignoraba su secuestro, sus padres nunca lo mencionaron.
Se levanta y camina hacia el río. Las lluvias han sido generosas este año y esta crecido. El hermano mayor se percata de su ausencia y a gritos solicita la ayuda de sus hermanos. Corrieron a detenerla, pero llegaron tarde y María cayó al rio.
Eran buenos nadadores y se lanzaron al agua detrás de ella.
Todo fue en vano. Era la tercera vez que María desaparecía sin dejar rastro. Cuando los padres llegaron y vieron a los chicos llorando y temblando a la orilla del rio; no llamaron a la policía, abrazados regresaron a la cabaña, con la secreta esperanza de encontrarla ahí. Como en las veces anteriores.
Daniel, el mayor corrió a su cuarto a buscarla. Sus padres a la sala y los demás al ático. Pero no había huella.
—Es muy pronto —dijo la madre—. Tal vez en un par de días.
La esperaron por años sin obtener respuesta.
—La cena está lista —dijo su madre.
Fabián apaga el ordenador y se pregunta si es su culpa que María haya desaparecido. Este taller de escritura es la onda.
Comentarios (9):
Moldy Blaston
19/05/2026 a las 19:30
Hola José, siempre que puedo me paso por tus excelentes escritos y voy a ello.
Me ha parecido un relato extraordinario, con una estructura y un manejo del suspense verdaderamente originales. Creo que el mayor logro de la pieza es cómo juegas con las expectativas del lector: nos introduces en una trama que roza lo paranormal o el misterio psicológico con las desapariciones imposibles de María, nos sumerges después en la sensibilidad de su ceguera y su bellísima percepción del mundo a través de los sonidos y los olores de la cabaña, para finalmente regalarnos un giro metaliterario magistral en las últimas dos líneas. Descubrir que María es solo un personaje en el ordenador de Fabián es un golpe de efecto brillante que resignifica todo el texto y le da un sentido divertidísimo al contexto de nuestro propio taller. Las metáforas visuales, como la del “telón de papel de cera en los ojos”, están cuidadas al detalle y demuestran una gran sensibilidad en la prosa. ¡Un ejercicio de metaficción soberbio, inteligente y muy disfrutable! ¡Enhorabuena!
Si quieres puedes pasarte por el mío (#56) y me comentas, sin compromiso.
Nos leemos!!!
Aner
20/05/2026 a las 21:29
Aupa José,
Participé en el taller en algunas ocasiones hará unos diez años, y al ver tu nombre he recordado que por entonces siempre merecía entrar a leerte. No tengo una memoria demasiado fina, pero esta vez se ha portado y me ha recompensado con tu relato.
Poco puedo aportarte. Escribes como quien lo hace sin esfuerzo, eso que los ingleses llaman ‘second nature’, o al menos así percibo yo tu texto. La historia es genial, tiene una secuencia de sucesos y un ritmo que hacen la lectura inevitable, y además describes las cosas con elegancia y sin artificio innecesario. El final en el que la familia desiste de la búsqueda y espera encontrar a María en casa mezcla el absurdo con un autoengaño muy real; escribir así es, en parte, conocer bien la psicología humana.
“¿Cómo explicarle a una persona vidente lo que la verdadera libertad es?” Sencillamente genial.
¡Un saludo!
Gonzalo
21/05/2026 a las 02:28
Hola José
Me encanto tu relato. Cómo se genera ese bucle y cómo quedan a la espera de que vuelva a aparecer en la cabaña.
Tienes un lenguaje exquisito para trasmitir y describir las situaciones. Logras un buen ritmo y no es sencillo.
Me encantó el personaje de María y la vida que tuvo: nunca tranquila, con una realidad inestable, que queda abierta a si algún día aparecerá de nuevo, aunque la historia te haga pensar lo contrario.
Mi comentario personal, me gustó mucho el relato, diferente a lo que estamos acostumbrados con muchas desapariciones y ninguna aclaración. También porque genera misterio constante y deja muchas preguntas abiertas. Leyendo comentarios, veo que ya sos conocido por acá, te cuento que este fue mi primer taller en el que participo.
¡Felicitaciones!
Monica Bezom
21/05/2026 a las 04:29
Hola, José.
“María” me resultó un texto de los que atrapan desde la primera línea y ya no me suelta.Has sabido construir el misterio en forma gradual y segura. El giro metaficcional final es arriesgado, sí, pero lo encuentro perfectamente ejecutado; no se siente forzado ni gratuito y otorga a la historia una dimensión extra que resignifica todo lo anterior.
Por otra parte, las tres palabras obligatorias me parecen muy bien integradas. La apertura con “mérito que merezca aplausos” instala el carácter de María de inmediato. La chimenea sustituida por la estufa moderna, carga de nostalgia y pérdida un detalle aparentemente menor. Y la ceguera está tratada con una delicadeza poco común: no es un obstáculo sino una forma diferente de percibir la libertad. La frase “¿Cómo explicarle a una persona vidente lo que la verdadera libertad es?” me resulta extraordinaria. La imagen del “telón de papel de cera en los ojos” es una metáfora muy original y sensorial.
La familia que espera sin llamar a la policía, con la secreta esperanza de encontrarla ahí, mezcla el absurdo con una psicología muy reconocible.
Moldy Blaston en su comentario ya lo describió bien: el texto nos lleva por un misterio que roza lo paranormal y termina revelando que María es un personaje en el ordenador de Fabián, un participante del mismo taller. Me pareció un guiño delicioso y muy bien ejecutado.¡Enhorabuena!
Un placer leerte.
Osvaldo Mario Vela Saenz
21/05/2026 a las 20:46
Hola compadre José. no se ai solo felicitarte o engrandecer nuestro compadrazgo. Vay UBAPIExuin vaya trabajo como el guionista se una obra perfecta. Excelso.,
Coincido con Moldy Blastin en sus apreciaciones del tu relato.
desdee la primera linea, NOS MUESTRAS TU PROFUNDIDAD DE ESCRITURA Y EN OCACIONES NOS SDS PRU8EBA DE LA LA CONTINIUDAD DE TUS LETRAS. uUn abrazo y saludos desde Nuevo Laredo.
Naír
22/05/2026 a las 10:13
Hola José,
Paso a comentar tu relato con mucho gusto. Me has tenido con el corazón en un puño durante todo el relato y el giro final ha sido maravilloso. Utilizas un lenguaje muy natural, fresco, sensible, a la vez que inquietante; esto me encantó, ya que haces sentir al lector una mezcla de emociones que lo tiene en vilo desde el principio hasta el final.
También destaco tu fluidez a la hora de escribir. Sinceramente, enhorabuena!
Nos seguimos leyendo. Un saludo.
Cristina Otadui
23/05/2026 a las 06:49
Hola José,
lo que mas me gusta de tu relato es la forma en que dosificas todo sin llegar a contar en ningún momento lo que realmente ocurre: nunca sabemos quienes son “ellos”, por que devuelven a María o que quieren de ella. La atmosfera está logradísima durante todo el cuento pero, en mi opinión, se pierde al final: después de tanta tensión y melancolía, la expresión: “es la onda” suena rara: me saca de la historia y no se donde me lleva. Entiendo, como dice Mónica, que quieras darle un giro metaficcional pero yo lo siento demasiado ajeno, coloquial…no se… personalmente a mi no me gusta.
En relación a la frase: “¿Cómo explicarle a una persona vidente lo que la verdadera libertad es?” rompe con la sintaxis natural de los atributos verbales en español, que tienden a anteponer el verbo antes del atributo. Creo que la construcción “¿Cómo explicarle a alguien que ve lo que realmente significa sentirse libre?” o “¿Cómo explicarle a una persona ciega lo que es la verdadera libertad?” sería mas correcto.
Por el contrario tienes una frase que me parece buenísima: “La esperaron por años sin obtener respuesta”: es sencilla, seca, efectiva: es devastadora.
Voy a señalar también ese cambio de narrador que haces hacia mitad del texto. De un narrador omnisciente que todo lo sabe, de pronto limitas el campo de visión y filtras la historia a través de los ojos de María: “El frente es tal como…” ¿Funciona? Si… pero con estas cosas hay que tener cuidado porque el lector puede tropezar.
En general es un buenísimo trabajo donde consigues que la desaparición de María deje de ser un evento sobrenatural y se convierta en una herida emocional para la familia.
¡¡Felicidades!!
Gracias por escribir y compartir,
¡¡nos leemos!!
Amadeo
24/05/2026 a las 23:19
José:
Primero mi agradecimiento por tus comentarios al mío.
No tengo nada para agregar luego de leer las opiniones de los compañeros.
Totalmente de acuerdo. Felicitaciones.
Nos leemos en la próxima.
Cordiales saludos.
Amadeo (Argentina)
Hugo
28/05/2026 a las 04:20
Hola José:
Muchas gracias por haberte pasado por mi relato. En cuanto al tuyo, me dejaste boquiabierto y pensando. Demás está decir que me encantó todo: el tema, el argumento, la trama, el principio, el final. Vayamos por partes.
El punto de vista es el de un narrador externo, omnisciente, muy cercano al personaje María, a tal punto que en el nudo hay una frase en indirecto libre donde la voz del narrador se funde con la del personaje.
El narrador emite opinión en dos oportunidades:
En la primera frase: “…y no es valentía porque sí,…”; y luego cuando dice: “En un arrebato”, el padre compró la cabaña…
Sin embargo, el tono en general es bastante neutro.
El argumento: María desaparece siendo bebé y a los seis meses aparece en una cabaña escondida en el bosque. El padre compra la cabaña porque la considera una buena señal.
María va creciendo, es una niña inquieta y alegre pero a los cinco años tiene un accidente con su bicicleta y queda totalmente ciega.
Luego del accidente María desaparece por segunda vez y después de un período no mencionado aparece en la cabaña con los vendajes sucios y ensangrentados. María queda ciega por el accidente.
En su regreso a casa la familia cuida de ella. Continúa creciendo y adaptándose a su ceguera, pero cuando remodelan la cabaña: la chimenea, los sillones… todo cambia para María, que llega a odiarla.
Lo que no cambia es el frente, el afuera de la cabaña, el trajinar de los quehaceres domésticos, el sol, la briza, el rumor del río. María se levanta, camina hacia el río y cae en él. Los hermanos se arrojan al agua para rescatarla pero no la encuentran y María desaparece por tercera vez.
Los padres esperan que vuelva a aparecer en la cabaña como las veces anteriores pero pasan los años y eso no ocurre.
Finalmente, la madre llama a cenar, Fabián apaga el ordenador, se pregunta si es su culpa que María haya desaparecido y se regocija de estar participando de un taller de escritura.
Hasta aquí el “qué cuenta”. El “cómo lo cuenta” está desarrollado en una trama estupendamente diseñada que comienza con una frase que además de engancharnos, atraviesa todo el relato y se resignifica cuando nos enteramos de la ceguera.
“María nunca ha tenido miedo y no es valentía porque sí, ni mérito que merezca aplausos.”
Luego se sucede la secuencia de desapariciones, que al no explicarse nos mantiene atrapados. Y la cabaña como escenario de los hechos narrados y lugar de aparición de María. Que el padre la considerase “una señal” es el primer indicio de lo que vendrá.
“La segunda vez (que desaparece) fue después del accidente.” Aquí tenemos un segundo indicio. María tuvo un accidente, pero no se nos dice más que eso.
María reaparece y la familia prepara la casa para su regreso y no la dejan sola nunca. Esta escena nos hace pensar que es por su seguridad, para evitar nuevos secuestros, pero también es un indicio de la nueva situación de María.
“Ella seguía creciendo y adaptándose… hasta la remodelación de la cabaña.” La incomodidad ante la remodelación es otro indicio, a tal punto que llega a odiar la cabaña.
“Mientras los hermanos le tenían miedo a la oscuridad, ella desafiaba el espacio con una sonrisa.”. Este indicio es casi revelador
Describe las remodelaciones y deja una potente frase, como al pasar, refiriéndose al padre: “sin importarle que ahora todo era diferente”. Este es un reproche que María le hace al padre. No se lo dice pero lo piensa.
María parece más feliz en el frente de la cabaña, un despliegue de emociones sensoriales así nos lo hace saber: El sol, la briza, sus hermanos acarreando leña y revisando el gallinero, el ruido del río…, “ahí se siente libre, sin restricciones”.
En una poética frase en estilo indirecto libre nos revela: “¿Cómo explicarle a una persona vidente lo que la verdadera libertad es?”
El nudo se fue ensanchando, increscendo, mediante los indicios y en el párrafo siguiente nos afirma lo que ya intuimos: ”Su ceguera fue total a los cinco años, producto de un accidente en su bicicleta rosa”.
En el final de la historia, María camina hacia el río y cae al agua y desaparece por tercera vez. Parecería ser el final del cuento pero hay una doble vuelta de tuerca. La primera es que todo es un cuento escrito por Fabián, y la segunda, y para mi más significativa, es el involucramiento de Fabián con la historia que está narrando. Siente culpa de que María haya desaparecido, o mejor dicho, que esta vez no haya aparecido. Esa culpa siembra la duda, crea la posibilidad de que en una revisión de la historia María vuelva a aparecer.
Es difícil que ocurra. Podemos pensar que esta vez no regresará porque cambió todo en la cabaña o porque su desaparición no fue un secuestro como en las dos veces anteriores, ahora fue el río el que se la llevó. Pero la duda queda plantada, y mientras haya duda sigue habiendo una historia.
Felicitaciones José. Hiciste un relato estupendo.
Te comento algunas pequeñas cosas:
La historia está narrada en tiempo pasado, pero a partir de: ” El frente es tal como lo recuerda …” hay cuatro párrafos narrados en presente y luego retoma el tiempo pasado para la parte final. Creo que lo que está en presente, debería continuar narrado en pretérito imperfecto: “El frente era tal como lo recordaba…”
“…los padres compraron el mas sofisticado sistema…” Más, lleva tilde.
“…sin importarle que ahora todo era diferente.” Fuera o fuese diferente.
“…para la cena de la noche.” Quitaría “de la noche” por redundante.
El relato tiene frases muy bonitas. Las que más me gustaron fueron:
“Tiene recuerdos de colores.”
“Ella desafiaba al espacio con una sonrisa”
“¿Cómo explicarle a una persona vidente lo que la verdadera libertad es?”
Nos seguimos leyendo.