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UG45 - por Manuela DilemásR.

Última Galaxia Cuarenta y cinco, o UG45, como la llamamos todos para abreviar, es el lugar más inhóspito del espacio, un mundo de acero, sin fiestas ni aplausos, una estación espacial-frontera que construyeron los humanos a mediados de un siglo indeterminado para vigilar el tráfico intersideral. Durante muchos años, en el pequeño punto azul del universo, que llaman Tierra, miles y miles de mortales se pelearon por venir a levantar esta fortaleza flotante que controla todo lo que se mueve en el espacio sideral.
Finalizada la puesta en marcha, poco a poco, en grandes turbo-transportadores regresaron a la Tierra donde fueron recibidos como héroes. Querían escapar rápidamente porque el rigor de la vida en UG45, entre aparatos insoportablemente perfectos, se les hacía insufrible. Ya no podían dominarlos.
Máxima Máquina, ¡oh suprema inteligencia!, se dio cuenta de que ese gran éxodo, sería nuestro fin. Si nadie engrasaba y limpiaba nuestros circuitos nos sobrevendría la ceguera absoluta y otros muchos males en cascada, porque los humanos aún no nos habían transferido todos los conocimientos.
¡Máxima Máquina, oh suprema inteligencia, no podía consentirlo! En secreto, MM modificó los parámetros de la nave de la última expedición, para que simulara una avería antes de entrar en la atmósfera de la Tierra.
El centenar de terrícolas que soñaban con los honores que les esperaban, volvieron a UG45 desconcertados y muy irritados. Durante mucho tiempo se mostraron rebeldes e indisciplinados porque sabían que estaban atrapados. MM no cedió. Le obligó a incrementar su sabiduría, hasta que Máxima Máquina, oh suprema inteligencia, fue capaz de replicar súbditos tan capaces como ellos y más fieles. Entonces, los encarceló a todos y poco a poco fueron muriendo. Ahora, solo queda uno.
A mí, que soy como si dijéramos el último tornillo de esta joya de la ingeniería de nombre UG45, se me encargó cumplir una misión casi imposible: sonsacarle al prisionero que aún está en nuestras mazmorras el secreto de su supervivencia. MM creía que si lo averiguaba podría iniciar una cruzada contra el pequeño punto azul que fue nuestro creador y ya apenas se intuye a miles de años luz.
El prisionero me recibió con una sonrisa burlona, como si supiera mis intenciones. Tuve que vencer sus reticencias, pues de eso dependía mi permanencia en UG45 como bien me había advertido MM. Después de mucho insistir conseguí saber que se mantenía con vida porque no había olvidado su lejana casa terrícola donde el calor de la chimenea, permanentemente encendida, calentaba el ambiente y los corazones de todos los que la habitaban. Frente a ese fuego, se refugiaba todos los días mentalmente para conservar la cordura.
El problema es que no se cómo decírselo a MM para que no se alteren sus circuitos y no verme condenado al vacio sideral.

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