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Apuntes, tutoriales, ejercicios, reflexiones y recursos sobre escritura o el arte de contar historias

#RetoLiterautas Nº 18 (5 de abril, 2020)

Llegamos a otro domingo y seguimos con los retos. Hoy os proponemos escribir un relato que contenga las palabras: balneario, cuesta, fotógrafo, monólogo y tierra.

RetoLiterautas18

Al contrario que con el taller de escritura, aquí no ponemos límite de palabras ni otro tipo de restricciones. Tampoco hay hora de entrega máxima, podéis publicarlo cuando queráis.

Puedes dejar tu texto como comentario a las entradas de este post. ¡Feliz escritura!


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8 comentarios

  1. 1. Helenicus dice:

    En otro tiempo, por respetar la voluntad de Dunia, deje de insistir haciendo llamadas y enviando mensajes. Ahora, parecía claro, era ella quien estaba insistiendo. Sentí que me había rechazado y ahora venía detrás.
    Creo que tendré la oportunidad de conocer el interior de su alma, pensé. Me propongo ser respetuoso y darle la oportunidad de que se exprese libremente. Deseo conocer lo que le agrada. En muchas ocasiones ha hecho alusión a un balneario. Pienso que quizá le agradaría…
    ─ ¿Te apetecería ir la semana que viene a un balneario, Dunia? Es tu semana de vacaciones.
    ─Claro Alberto, nada me apetecería más.
    ─Pero, ¿quién tendría el honor de ir contigo?
    ─Alberto, si tú me preguntas, interpreto que insinúas y propones. Si te contesto que sí, es que quiero ir contigo.
    ─ ¿Conoces alguno o buscamos uno cualquiera por Internet?
    ─Conozco alguno, sí, pero prefiero elegir contigo.
    Balneario Termas Chelonia fue el elegido.
    Los días que siguieron todo fueron preparativos, llamadas, mensajes, sugerencias, desvelos e ilusión. Iban a ser 5 días, 4 noches.
    ¡Y llegó el día! Elegimos el tren para viajar, cargado de añoranzas y romanticismo. Cinco horas de fluida conversación, aunque estábamos más atentos a lo que íbamos a decir que a lo que teníamos que escuchar.
    Llegamos al Termas Chelonia. Yo prácticamente no conocía nada de balnearios, pero ella se desenvolvía muy ágilmente en aquel ambiente.
    Conocimos los baños, las termas, el pediluvio, los contrastes, los barros, las inhalaciones, la sauna etc.
    El cuarto día, por la tarde subimos a un cerro, donde podíamos tomar el sol, muy próximos a la sombra de unos pinos. Nuestra conversación ya había perdido fluidez.
    No verbalizábamos, sólo pensábamos: Quizá habíamos tropezado con escollos inesperados. Quizá cada uno pensó que no suscitaba suficiente interés en el otro. Quizá, quizá… No éramos realmente conscientes de lo que había pasado, incluso de lo que no había pasado…
    Se esfumó la ilusión, respeto.
    Cuando no te tengo, te quisiera alcanzar. Cuando te tengo, no te puedo tocar, pensaba.
    Regresamos antes de la puesta de sol.
    Dunia caminaba deprisa, cada vez más deprisa, volaba cuesta abajo. Yo no sabía si jugar al “¡Que te pillo!” o respetar su voluntad de poner distancia.
    Aquella noche tuvimos la cena envueltos de frialdad, pero sin reproche. Era la última noche. Ya en la habitación, Dunia estuvo tecleando indefinidamente en su Smartphone. Yo me quedé flotando y abatido en una dulce melancolía. No hubo desvelo.
    Al día siguiente la despedida.
    Salimos para la estación. No me acompaña al andén. Dice que ha contactado con un blablacar.
    ─ ¿Podemos al menos sacarnos una foto aquí en la estación? ─Le dije.
    ─Para el humor que hoy tenemos no encontraremos un buen fotógrafo.
    ─Sea respetada su voluntad, señora. ─Dije, con un frío nada molesto y con una reverencia sin desdén.
    ¡Y yo que pensaba conocer el interior de su alma!
    Cada día había más misterios entre ella y yo. No entiendo nada. Creía dialogar mirándome en su espejo que refleja dolor y contrariedad, pero sólo era un monólogo en mi mente.
    Ni reproches ni autoinculpaciones, deja fluir, respeta, libérate. Desciende ya de la nube y pon los pies en la tierra, decía para mis adentros.

    Escrito el 5 abril 2020 a las 15:06
  2. Hoy toca hablar de Grávalos. Es un pueblo de La Rioja, donde está ubicado un balneario con su mismo nombre. Realicé una petición al IMSERSO y en principio me la denegaron; a última hora, me ofrecieron una estancia en este balneario y como las lentejas.
    La verdad es que cuando salí de vuelta, lo hice de mal humor, desencantado. Hoy, algo más atemperado, me considero más objetivo para hacer un comentario sobre él. La entrada a la habitación, supuso un duro golpe, se me cayó el alma al suelo; parecía un zulo. Techo abuhardillado, con un ventanuco estrecho y alargado que daba poca luz, fría…. si no me hubieran hecho pagar a la entrada, me voy. Pedí cambio, nasti monasti.
    Luego una compañera de mesa en el comedor, muy dicharachera que se marchaba al otro día, nos dijo que como tenían dos tarjetas -ahora la llave de entrada es una tarjeta- una la dejaban puesta con lo cual la calefacción, por split, no paraba. Cuánto se aprende por el mundo… El baño sí que estaba bien iluminado; cuando me levantaba por la noche, veía a la Luna por la ventana tipo buhardilla. Las camas, resultaron amigables y cómodas. Pero no había más que un sillón y un taburete. El taburete para mí, of course. Una mierda pues de esa forma no se puede estar allí horas sentado; tenía que apoyar la espalda contra la pared. Lo más negativo.
    El spa, bien pero contrarreloj; éramos IMSERSO. Hasta las diez y media de la mañana y después, a correr la teca y la meca… si el tiempo hubiera acompañado. El hecho que rompió la monotonía fue la nevada que comenzó a caer mientras estábamos en la piscina. El panorama exterior cambió radicalmente. ¡Vaya novedad! incluso para los aborígenes; hacía dos años que no nevaba. Me convertí en fotógrafo aficionado pues temas no faltaban; desde la terraza se observaba el Moncayo desde una perspectiva diferente a la que estamos acostumbrados.
    Había dos comedores; uno para el IMSERSO y otro para los de pago (como si nosotros estuviéramos gratis). La gente se quejaba y se sentía discriminada por la comida y las habitaciones. Con la nieve nos vimos obligados a permanecer en el hotel tres días y con un frío del carajo. Fueron de excursión por el pueblo, pero yo envié a la santa, me quedé en casa. La iglesia en lo más alto, con una cuesta que ni los burros; los abuelos, si no los llevan, no la pisan.
    No así en dos salidas a sendas bodegas. Es tierra de vinos. Nos ofrecieron charlas y degustación de vinos y cavas, un monólogo cantando las virtudes enológicas de los caldos. Una de ellas, exclusiva de cava, miles de botellas reposando y madurando. En una conversación telefónica entre catalanes, uno decía a su oyente que “era una mierda” (el cava). Esa es la opinión de esa gente respecto a lo “extranjero”.
    Tuve que ir hasta Arnedo a comprar zapatos; la santa ya salió de casa con la idea fija en la mollera. Un lío hasta que encontré donde estaban las tiendas. También aproveché una mañana para ir a un pueblo llamado Muro de Aguas. Una fuente con un montón de caños, saliendo agua natural, sin lejía ni historias. Una pareja, de fuera, llenaron un remolque con garrafas de 5 litros. Otro pueblo, Igea, con una bonita iglesia. Era domingo y llegamos a la hora de la misa. Por cierto que la animadora cultural del balneario, era de este pueblo; joven y con una vitalidad envidiable.
    Resumiendo, la experiencia no fue tan excepcional como hubiera deseado, pero no tan negativa como en un primer momento me pareció.

    Escrito el 5 abril 2020 a las 17:07
  3. 3. El chaval dice:

    UNOS DIAS DE DESCANSO

    Que inmejorables días estoy pasando en el balneario de Caldas de Reis, en la provincia de Pontevedra. Sólo, con libros pendientes de leer y con un tiempo primaveral, que me permite pasear por el jardín, tocar y abrazar a los árboles plataneros de sombra.
    Mañana me vendrán a buscar para ver una pequeña presa formada por el rio Umia, que aunque hay que soportar una pequeña cuesta, me han asegurado que es digna de verse.
    Galicia, es una tierra encantadora, con sus gentes sus montañas sus bosques de eucaliptos y el deleite que supone sus vistas marineras.
    Bueno, ya tengo un pequeño monólogo dictado para empezar un encargo de mi sobrino, que tiene la idea de pasarse este verano por aquí.
    Ahora me voy al fotógrafo que le he encargado una foto ampliada por él, de la Ria de Arousa y sus bateas de mejillones, que a lo lejos parecen navíos de guerra bien alineados.

    Escrito el 5 abril 2020 a las 18:49
  4. 4. elvocito dice:

    Balneario Montemayor.

    Bello panorama desde el valle que llega hasta el Hotel del Balneario.
    Hay una empinada cuesta arriba para verlo. Los baños eran unas termas romanas de aguas sulfatadas. Calman y mejorar la circulación de la sangre. Antes de llegar tuve un cierto monologo pensando que íbamos a una cueva de baños con agua caliente.

    Se me olvido la cámara fotográfica, pero uno de mis compis se hizo como fotógrafo tomándonos para el recuerdo. Nos tocó una habitación con llaves que parecía una llave inglesa de gran tamaño a la antigua usanza. Era espaciosa y daba a la calle del esparcimiento, se veían las altas montañas abruptas. Tenía dos camas y un amplio cuarto de baño al completo con bidé.

    Cada día hacíamos muchas actividades excursionistas: Hervas, Cáceres, Salamanca, Las Hurdes, Museos y Embalses. ¡Qué delicia! Por la noche salidas a la disco o al cine hotelero. No había tiempo para aburrirse, por la noche un sueño de guindilla.

    Una bodega que sirvieron los exquisitos vinos de la tierra, en una de las visitas probé de todo con manjares como paleta salmantina y cacereña, así como quesos. Acabe en una tremenda borrachera dándome vueltas a la cabeza veía muchos pajarillos con un canto en los dientes: “Pajaritos por aquí, pajaritos por allá”…

    Escrito el 5 abril 2020 a las 19:37
  5. 5. Verso suelto dice:

    El fotógrafo

    Estos días de enclaustramiento y soledad a veces me quedo mirando a las musarañas, sin pensar en nada, hasta que inconscientemente me entrego a un monólogo que solo interrumpe algún anuncio estridente de la televisión. No es bueno estar sin hacer nada así que hoy me he puesto a ordenar mi secreter. En uno de los cajones he encontrado una foto que me ha traído muchos recuerdos; es del balneario donde pasábamos los veranos cuando aún estábamos bien de salud. Era muy agradable, había un hermoso jardín y muchos salones. Por las tardes, mientras las mujeres jugaban al rami, los hombres fumábamos y contábamos chistes y anécdotas subidas de tono, o nos enzarzábamos en discusiones filosóficas de mucha enjundia.
    Un tema recurrente era el de la forma de la tierra. La mayoría no teníamos ninguna duda de que es redonda, pero Agustín, el autor de la foto, sostenía que era plana o como mucho poliédrica. Su único argumento era que el había viajado por los cinco continentes y había hecho miles de instantáneas y todo lo que veía era plano.
    La foto en cuestión esta hecha en una ermita, en lo alto de un otero, al que trepábamos por un camino sombreado por los álamos. La subida por la cuesta era algo fatigosa y, con el tiempo dejamos de ir a la ermita. Luego murió Pilar y yo, solo, no volví a ir al balneario.
    Nunca más supe de Agustín, de él solo me queda la foto de la ermita en la que estamos todos, menos él que estaba tras la cámara.
    Cierro el álbum recordando su respuesta cuando alguien le preguntaba si de verdad creía en lo que decía. Muy serio sentenciaba: “La tierra es plana y la vida también, las dos caben en una fotografía”.

    Escrito el 6 abril 2020 a las 14:01
  6. 6. Gladys Moreno dice:

    El fotógrafo en cada exposición que realizaba hacía una especie de monólogo con su obra, parece que el conjunto de fotografías interpelaba al público sin derecho a replica. Y ésta no era la excepción.
    Cada persona que salía de la muestra, experimentaba emociones fuertes y hasta contradictorias que solo comentaría con sus amistades y cercanos lo que producía un número más que considerable de asistentes.
    Ver desde un ángulo perfecto, y capturar dentro de un rectángulo en tonos grises dos realidades diferentes:
    -el mendigo que pide unas monedas para come, al conductor de un auto de marca reconocida y del año, mientras está detenido por la lúz roja el semáforo.
    -La escultura de un conquistador español sobre su caballo, hecha por un famoso artista de la década del 40, instalada antes de la entrada a una Universidad, en cuya pared, como telón de fondo una frase con pintura roja se lee “libertad y justicia al pueblo indígena”
    -La madre con un pequeño bebe en los brazos, saliendo del hospital, mientras cruza una carroza funebre.

    Hoy el fotógrafo trabaja en un nuevo proyecto tan provovador como los anteriores, es sobre la tierra, la explotación de los recursos, tiene material, esta seleccionando.
    Tiene en sus manos fotografías de grandes incendios forestales, aparecen en las mismas figuras insignifiantes que apenas se distinguen que son hombres luchando contra el fuego. Otras muestran lo que fue un lago, un lindo balneario donde vacacionar, parece que nuestra mirada es desde el suelo reseco y quebradizo hacia el sector oriente dejando en mitad de la foto un muelle que no funciona como tal, más parece mirador de esqueletos de animales que murieron de sed y en la misma foto apreciamos muy lejos al extremo superior, entre los cerros, en la cuesta nor-oriente un cuadrado verde, muy verde, que los lugareños nombran “el oasis de las paltas”
    -en la playa ve mucha gente reunida .mirando como en la orilla van quedando sin vida miles de peces.
    Interrumpe la observación el sonido del teléfono, suponemos que es alguien relacionado con la próxima exposición, el artista dice, “será una muestra virtual porque la tierra no puede esperar”

    Escrito el 21 abril 2020 a las 07:53
  7. 7. Inés dice:

    La pareja más feliz de la Tierra. En serio que lo parecéis, les dijo el fotógrafo de su boda. Como dice las cosas la gente que habla con facilidad de cualquier cosa, las palabras disparadas desde las tripas, como un corcho de champán. Palabras que, por la fuerza con la que se pronuncian, creemos que son verdad.
    Pero no hay verdad eterna. Ni amor. Ni nada.
    Hoy, suben la cuesta que lleva a aquel balneario, parada idílica en su no tan lejana luna de miel. Empujados por la mentira tópica de que volver a lugares donde fuimos felices nos hace recuperar lo perdido, creyendo que las palabras son un pegamento mágico que vuelve a unir lo que se ha roto. Sin querer ver que llevan demasiado tiempo viviendo cada uno en su propio monólogo.

    Escrito el 27 abril 2020 a las 20:34
  8. 8. Mercedes dice:

    En el balneario hacen todo tipo de tratamientos con nombres variopintos…fangoterapia es el que más le choca a Paco. Cuando su hija, que trabaja allí de masajista, hace su monólogo de cada noche y le cuenta lo que pagan algunos por echarse tierra por el cuerpo le cuesta aguantar la risa. ¡Eso lo ha hecho él toda la vida cuando bajaba con los amigos a la playa! “Papá, es que no sabes cómo vive esta gente, se tiran una semana de masajes, ¡eso es vida!”. Para Paco la vida es la calma que se respira al pasear por el pueblo, la alegría de abrazar a su nieto cuando entra por la puerta y acurrucarse con su mujer en la cama, aunque le toque con los pies congelados y le haga pecar un brinco en mitad de la noche. Pero qué va a saber él, es solo un abuelo de otro tiempo, no como su yerno, que es fotógrafo y ha expuesto ya varias veces en la capital…

    Escrito el 27 abril 2020 a las 20:34

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