Literautas - Tu escuela de escritura

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Tiempo y Espacio - por Cristina OtaduiR.

Faltaba muy poco para tomar tierra. Habían anunciado la temperatura y el grado de humedad. El avión sobrevolaba el aeropuerto. Hacía ya rato que descendían de forma controlada.
«Apenas quince minutos. Solo quince largos, pesados y aburridos minutos» Pensó
La presión había cambiado: lo notaba en los oídos. Procuraba mantenerse tranquila. Un golpe seco la sobresaltó: el tren de aterrizaje estaba desplegado y el avión parecía inclinarse suavemente ajustando la trayectoria y corrigiendo dirección. Dirigió la vista hacía la ventanilla y alcanzó a ver carreteras y edificios.
Sintió la tensión y esperó el impacto: las ruedas tocaron el suelo. Después, un rugido fuerte pareció empujarla. Todo vibra. El avión reduce la velocidad. La gente aplaude.
Al otro lado del pasillo una mujer se inclinaba hacia su compañero. Ella empezó a hablar en voz baja. No podía escuchar lo que decía, pero el tono suave, reconfortante le recordó cuando alguien intenta relajar a otro; «posiblemente alguien con miedo» se dijo.
A su lado, un hombre que había estado dormido durante todo el vuelo abrió los ojos, sin bostezar, sin estirarse, como si alguien lo hubiera llamado desde el interior de su cabeza. «Quizás un habitual» imaginó.
El avión redujo la velocidad poco a poco hasta salir de la pista. La mayor parte del pasaje encendió los teléfonos. La conversación general subió de tono y comenzó a oírse el sonido del desabrochar de cinturones.
Miró una vez más hacía la ventanilla y se sintió en calma. Se levantó despacio y alcanzó su bolso. Después, se despidió de su compañero de fila.
─ Que tenga un buen día
─ Igualmente ─ respondió el hombre.
Caminó por el pasillo y se dirigió a la salida. Dejó atrás la cinta de equipajes y atravesó las puertas que se abrían y cerraban al paso de los viajeros.
Sabía que no lo encontraría al otro lado. Sabía que esta vez nadie le abrazaría. Sabía que nadie iba a caminar a su encuentro; que nadie la besaría.
Nadie la esperaba.
Siguió avanzando. Al bajar la rampa que llevaba al parking notó cómo los viajeros se dispersaban. Las conversaciones se perdían en la lejanía. Pensó en lo curioso que resulta viajar, compartir espacio y tiempo durante unas horas con desconocidos y se sorprendió pensando que, en algunos finales, lo imprevisible es acabar encontrándose con uno mismo.
Y así, una vez localizado su coche, montó en él, cerró la puerta, arrancó y sin más se perdió en la oscuridad de la noche.

Comentarios (15):

Ignacio Z.

20/04/2026 a las 11:11

Hola Cristina. Espacio y tiempo, los pilares de la física moderna unificados por Albert Einstein en una estructura cuatridimensional. Tu relato nos conduce por una serie de señales identificables: el mecanismo hidráulico del tren de aterrizaje, el pasajero nervioso, la puesta en marcha de los teléfonos móviles, las cintas transportadoras y pareciendo que todo va según lo previsto la historia desemboca en una separación, o una ausencia, de la que nos quedamos sin saber el motivo, si es afortunada o desgraciada. Cristina, escribes muy bien, pero nos has dejado con muchas preguntas pendientes. Nos leemos

@HenkoSlowLife

20/04/2026 a las 17:24

Hola Cristina

Me gusta cómo describes todo el aterrizaje y los pequeños detalles.

Al principio parece una escena cotidiana, pero poco a poco se va sintiendo algo más de fondo.

A mí me ha transmitido que no es solo un viaje físico, sino algo más emocional, quizá esa soledad al llegar y ya no tener a nadie esperando, y solo “encontrarse con uno mismo”.

Enhorabuena.

José Torma

20/04/2026 a las 19:43

Hola Cristina.

Empezamos otro ciclo y eres mi tercer relato.

Eres de mis lecturas de sí o sí y no decepcionas.

Esta historia es corta, logras hacernos sentir cómodos porque todos hemos experimentado lo que relatas, los familiares sonidos, el hacer de la gente. Me ha parecido muy bueno el detalle de los pasajeros desabrochando el cinturón antes de que lo indique el capitán. Yo lo hago, culpable.

Ese viaje de regreso es un misterio, ya nadie la espera. Viene rodeada de gente y al final, termina sola.

El asunto del taller de la mujer que habla bajo, parece fuera de lugar en el viaje introspectivo y detallado que nos presentas. A mi me descolocó porque no parece tener motivo o ser causa de nada que pasa en el relato.

Cosa pequeña. Me quedo con la sensación del viaje interior que se llena de cosas para mascarar la inminente soledad.

Muchas felicidades.

Moldy Blaston

20/04/2026 a las 21:44

Hola Cristina, como dice José Torma (que me ha encantado), eres de mis lecturas de sí o sí…

Y…¡Oye, qué buenísima lectura! Me ha gustado mucho porque tiene un aire melancólico que te va envolviendo sin que te des cuenta. Ese contraste entre el ruido del aterrizaje (los aplausos, el rugido del motor, los cinturones) y el silencio absoluto que se encuentra la protagonista al salir es muy potente. Me ha dejado un poco con el corazón encogido ese final de “nadie la esperaba”, pero a la vez es bonito ese reencuentro con uno mismo en el coche.

Si tuviera que decirte algo para darle una vuelta, obligándome un poco, quizá la primera parte es un pelín descriptiva con los pasos técnicos del aterrizaje (lo de la humedad, la trayectoria…), y yo personalmente le daría más peso a lo que ella siente en ese momento, para que el golpe emocional del final sea aún más fuerte. Pero vamos, que me parece que manejas el ritmo de la soledad súper bien y la frase final de “perderse en la oscuridad” cierra el círculo de maravilla. Un relato muy íntimo y muy bien rematado. ¡¡¡Felicidades!!!

Si quieres puedes pasarte por el mío (#43) y me comentas, sin compromiso.
Nos leemos!!!!!

Wanda Reyes

21/04/2026 a las 01:04

Hola Cristina, muy buen relato, con un ritmo que atrapa. Las descripciones nos hacen sentir la familiaridad del viaje y la sensación de que estás ahí.
Me gustó mucho esta reflexión “Pensó en lo curioso que resulta viajar, compartir espacio y tiempo durante unas horas con desconocidos y se sorprendió pensando que, en algunos finales, lo imprevisible es acabar encontrándose con uno mismo.”
Saludos

Codrum

21/04/2026 a las 11:34

Me uno al club de los que te leen sí o sí.
Y de los que no se defraudan con tus textos.
En los últimos talleres has cambiado de registro, probado todos los palos ( como se suele decir) y te desenvuelves con maestría en ellos.
Yo no te pongo ni un pero.
Me gusta el avance de lo cotidiano, de lo que todos los que hemos volado alguna vez, hemos experimentado y de repente, la soledad más absoluta en un lugar tan concurrido como un aeropuerto.

Gracias por esta reflexión tan bonita y tan bien contada

Codrum

21/04/2026 a las 12:47

Pd.: Si quieres contestar a algo de lo que te dije, hazlo en mi texto. Así será más fácil encontrar tu respuesta. No hace falta que comentes mi texto si no quieres.

Monica Bezom

21/04/2026 a las 18:04

Hola, Cristina.
Un gusto pasar por aquí.
Qué decir de este, en apariencia, plano e inofensivo texto. Según mi interpretación, no es una crónica de aterrizaje, es el retrato de alguien postergando un dolor. Hay una herida irresuelta de soledad y abandono tal vez, que duele lo suficiente a la narradora como para invadir sus espacios. Desde este lugar, se explica que el tono narrativo aparezca distante, como en cámara fría. La protagonista no interactúa con nadie durante todo el vuelo, solo observa: la mujer que habla en voz baja, el hombre que despierta, los pasajeros con los teléfonos. Es una mirada melancólica de alguien que está entre la gente pero no forma parte de ella. La progresión es impecable: del ruido colectivo del aterrizaje al silencio personal del estacionamiento. Construyes esa transición con mucha delicadeza, sin subrayar nada. La acumulación de los tres “sabía que” antes del “nadie la esperaba” me parece el momento más logrado del texto, tiene peso emocional. En cuanto al enigmático título, le falta “materia”, ¿no? Tiempo, espacio y materia. La protagonista flota en el tiempo y el espacio, pero es huérfana de densidad, de polos afectivos, de materia, que es lo que nos aquilata. Sobra decirte que me ha encantado y que, si derrapé por bordes alocados en mi interpretación, sepas disculparme.
Un gusto leerte.

Pilar (marazul)

22/04/2026 a las 18:56

Hola Cristina: otra fan tuya que no falta a la cita. Qué decirte…que me ha encantado lo bien que transmites el momento en que se va acercando el avión, en que aterriza, en ese camino hasta el coche. Es un relato tranquilo con ese regustillo amargo de la soledad. No es solo el viaje, es lo que se esconde detrás de los pasajeros, de sus rutinas, de sus vidas: viajes, reuniones, trabajo y muchas veces de soledad.
Encantada de leerte, Cristina

Cristina Otadui

24/04/2026 a las 15:00

Hola a todos!!

Gracias por pasaros una vez mas en este nuevo reto. La verdad es que empiezo a sentir un pelín de presión pensando en cuando llegará el momento de que no os guste nada de nada el relato.
Este mes ando liada pero poco a poco iré leyendo vuestros textos y comentándolos.
Como decís algunos: sois parte de mis fijos 🙂
¡¡Mil disculpas por el retraso!!

Un abrazo grande a tod@s

Viva_la_escritura

24/04/2026 a las 18:04

Hola Cristina,
Este es mi segundo relato, y me he pasado un buen rato buscando el tuyo, porque sí, me incluyo en el club. 😉
Me ha encantado la descripción de los pequeños detalles porque me recuerda a la vista que tienen los niños del mundo, fijándose en las cosas pequeñas.
Si quieres puedes comentar mi texto (#8), sin compromiso.(el mío no se acerca ni de lejos a tu precioso texto).
Enhorabuena. Espero que el mes que viene nos volvamos a encontrar 🙂

@HenkoSlowLife

24/04/2026 a las 21:41

Hola Cristina

Gracias por pasarte y por leerlo con calma.

Coincidió este reto con la lectura de Siddhartha y quise llevar una parte de ese libro al relato. Para mí, la importancia estaba en el protagonista, en quien escucha, y la mujer dejarla casi como una voz interna, una especie de visita interior más que un personaje como tal. Intenté apoyarme en la frase que teníamos (“ella empezó a hablar en voz baja”), pero entiendo la sensación que comentas.

En realidad no buscaba que fuese misteriosa, sino justo lo contrario: darle cierta normalidad y enfocarlo a lo que le está pasando al protagonista por dentro.

Lo de la “doctrina” sí lo veo. Ahí creo que mi error ha sido intentar trasladar ese momento de Siddhartha como consejo al sentimiento del protagonista (😅 no consigo salir de mi vena filosófica… y te agradezco mucho que lo señales).

De hecho, ahí sí veo que tengo trabajo: me cuesta no caer en cierta repetición o pesadez. Supongo que es una forma de escribir muy ligada a lo que he vivido y a dónde me he ido refugiando, pero quiero ir dándome la oportunidad de explorar otros formatos sin perder esto.

Así que gracias de verdad por tu mirada. Me lo llevo como un regalo, porque es justo ahí donde puedo seguir creciendo.

Un apapacho,
Be

Edu, S.C.

25/04/2026 a las 17:55

Hola Cristina, disculpa por haber tardado en devolverte la visita, el trabajo me ha comido estas semanas.
Me ha gustado mucho tu relato. Está escrito de manera impecable. A mi me da pánico volar y, aún los que no lo tienen, creo que son conscientes de lo especial que es estar todos metidos en un tubo de metal atravesando las nubes a una velocidad criminal. Supongo que por eso esa imagen de todos aplaudiendo al aterrizar la compramos todos.
Lo dicho, describes algo muy cotidiano con mucho tino, he disfrutado de tu relato. realmente no se me ocurre ningún mejorable que decirte según mi opinión.

Muchas felicidades, te seguiré leyendo.

Osvaldo Mario Vela Saenz

26/04/2026 a las 18:21

Saludos Cristina, el titulo de tu trabajo meimpacta. Sobre todo por el significado de ambas palabreas de alto expectro: Hay convivecias de tiempo y espacio para la escuela , la familia, amistades el trabajo.

En tu relaton, tu los refieres al espacio y tiempo de un vuelo en un avion. yu abordas el tema de una forma muy profesional, que seria un a aportacion de viaje seguro a pesar de los ruidos y los riesgos.
Yo le tengo mas confianza a un aeroplano de cuatro plazas. pues he viajado mas en ellos que en un Boing 707. pues como ranchero he viajado muchas veces mas en ellos.

Mi mente se acelera y casi se desquicia con el puro hecho de saber que voy viajando con 200 otros pasajeros o quiza mas. el pavor a un accideente me invade por lo numeroso de los pasajeros.

Agrasezco tu aportacion de aeronautica pues de solo entender mas de los vuelos grandes reducen, mis miedos. Gracias y un abrazo.

Verso suelto

28/04/2026 a las 16:39

Hola Cristina, con algo de retraso pero nunca es tarde… Lo primero darte las gracias por tu amable comentario a mi texto.
Tu relato funciona muy bien. La aproximacion del avión, descrita con precision quirúrgica nos lleva sin sentir al punto culminante en que la realidad se nos desvela: Nadie la espera. Y luego viene una curiosa reflexion sobre el viaje que tambien sirve, creo yo, para la vida. Lo dicho, el texto funciona como un reloj y te deja con la misma sensacion que, pienso, debe sentir la protagonista.
Hay, sin embargo, algunas cosas que me han chocado un poco.
*La frase «Apenas quince minutos. Solo quince largos, pesados y aburridos minutos», para mi se puede interpretar en un doble sentido, poco (apenas…) o mucho (quince largos…)
*El cambio de tiempo verbal en “Todo vibra. El avión reduce la velocidad. La gente aplaude”, aunque la interpreto como un simple juego.
* El ” Nadie la esperaba”, creo que es innecesario.
*El párrafo en el que incluyes la frase obligatoria, me parece un poco oscuro. En mi texto, yo le di muchas vueltas a la forma de incluirla, de hecho le pregunte a Iria si la podia meter en minuscula, en mitad de otra frase.
Son solo matices pero quiza, si el texto fuera mio, revisaría.
En conjunto un relato estupendo que me ha encantado leer.

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