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Los colores del amor - por Ocitore
Web: https://plumalanza.blogspot.com/
No hacía mucho calor, por la madrugada la niebla había cubierto la ciudad con una nebulosa azul grisácea. El ruido fue aumentando conforme las manecillas del reloj urgían a las personas a trabajar el último día de la semana. Los afortunados que gozaban de un empleo iban acelerados, temiendo perder algún premio o, peor, sufrir una multa por tres minutos de atraso.
Fiodor era ajeno a toda esa ilusión—, enajenación fatua de una vida fracasada—decía. Consideraba que la vida era absurda, que el individuo no podía ser feliz mientras existiera la explotación capitalista. Caminó mirando de frente sin notar a las personas que se escondían tras las figuras borrosas. El río Moscú despedía un pequeño vapor y alguna que otra barca pasaba echando humo silenciosamente. Algunos charranes se desplomaban en picado buscando algún pez pequeño. De algunas fábricas ya comenzaba a salir una estela serpentina que anunciaba el inicio de las actividades.
Fiodor siguió taciturno, arrastrando su cuerpo, sintiendo un vacío existencial. ¿Qué era el amor? —se preguntó con desgana—. ¿Un instinto necesario para la reproducción animal? ¿una invención de la sociedad para contener la orgía humana? ¿y dios? ¿acaso sus enseñanzas habían sido adecuadas? Al final, solo Cristo era creíble, pero contra natura.
En el malecón se encontraba una joven con un vestido sedoso y un abrigo de terciopelo. Era delgada y parecía sufrir de desamparo. Al pasar junto a ella, Fiodor, oyó sus sollozos y se detuvo.
—Permítame, preciosa dama, preguntarle ¿qué es lo que le causa pesar?
Ella no se volvió a mirarlo y se quedó orientada hacia la otra orilla del río. Fiodor volvió a insistir.
—Sé que no me incumbe su dolor, pero me veo obligado a ofrecerle mi ayuda. No sería humano ignorar su pena.
—Nadie puede ayudarme…Estoy maldita—dijo ella con voz áspera.
—No sé a qué se refiere, pero ¿no dicen que todos somos hijos de dios y que al arrepentirnos de nuestros pecados y amar al prójimo nos redimimos? Nadie en este mundo está libre de pacado ni de las pruebas a nuestra fe que nos pone El Señor.
—No creo en esas mentiras. Nunca he sentido la fe y las pruebas que se me han puesto en la vida solo han servido para humillarme más. Soy y seré siempre una basura…
Fiodor no podía entender a qué se refería la mujer. La vio con atención y descubrió una belleza salvaje, era un ser adaptado a las malas condiciones. Despedía un olor a sudor y perfume rancio, pero su perfil era rebelde. Su nariz, rota alguna vez, se había ido acomodando en su rostro para contrastar con unos labios finos y unos pequeños ojos grises.
—Me gustaría ayudarle, pero no sé cómo. Dígame que puedo hacer, ¿tiene hambre? Podríamos comer algo y ya al cobijo de un café…Conozco un buen lugar cerca de aquí.
Ella bajó la cabeza y se apoyó en él. Lo cogió del brazo y con un movimiento de cabeza le indicó que anduviera.
—Comercio con mi cuerpo, si desea me puede poseer, ¡no valgo nada desde hoy! —gritó enloquecida—. ¡Tómeme gratis! —Seguidamente se desplomó.
Fiodor la alcanzó a atrapar al vuelo. La depositó con cuidado en el piso. Se percató de que solo se hubiera desmayado. Apoyó su oído en el pecho de la joven y sintió una tibieza extraña. Fue presa de una excitación lasciva. Se sorprendió de la reacción de su cuerpo. No podía controlarse. Sudó y abrazó a la mujer para que se recuperara. Lentamente abrió los ojos y puso atención en la respiración de Fiodor.
—No debería dejarse llevar por esa pasión arrolladora. Podría ser malo para su corazón.
—La deseo—dijo Fiodor con mucha dificultad.
—Lo sé. Lo siento aquí— y señaló su estómago.
—¿Podría usted acaso, fijarse en un monstruo como yo?
—Usted no es un monstruo, lo que lo hace malo ante sus ojos es la represión de sus deseos. Debería ser más voluptuoso y dejar de refugiarse en la religión. ¡Déjese de estupideces y lléveme a algún sitio donde podamos fornicar…
Fiodor la abrazó con fuerza y la encaminó a un edificio de color beige adornado con columnas romanas y una puerta enorme y pesada.
—Iremos allí—señaló con un dedo tembloroso—. Es el hotel Oriol. No es el más lujosos, pero al menos, no nos picarán las pulgas.
Entraron en la habitación y ella empezó a hablar en voz baja.
—Desnúdame…Conviérteme en tu mujer…
Fiodor la despojó de la ropa.
Comentarios (13):
Ángela Cruz
21/04/2026 a las 10:08
Hola Ocitore, me gusta la atmósfera que envuelve a tu relato. Logras desarrollar un tono gris, melancólico, que nos inclina a sentir ternura por los protagonistas. Aprovecho para comentarte que creo que la imagen que acompaña a la historia en tu blog no se corresponde con la tristeza de seres rotos por la explotación laboral que cuentas; lleva más bien a imaginar la dulce relación de un dieciochesco amor casto.
Me quedo con ganas de un desarrollo del vacío existencial de Fiodor, que queda en coitus interruptus con el llamamiento a fornicar de la preciosa dama. Pero sobre todo me quedo con el tono general de lucha para sobrevivir desde la desesperación que tan bien reflejan tus personajes. Well done!
Nos seguimos leyendo.
Ocitore
21/04/2026 a las 11:08
Hola, Ángela, gracias por tu visita. En realidad sería la historia ficticia de un relativo, imaginado y ficticio F Dotoievski que se inspiró (tal vez) en un suceso así para escribir sus Noches Blancas. Quería transmitir esa sensación vacía que se siente en la obra del escritor ruso. Tal vez no lo haya logrado muy bien, pero la intención fue esa. Saludos.
José Torma
21/04/2026 a las 17:05
Hola, Ocitore.
Tu relato me recordó la célebre frase “Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡mi plumaje es de esos!”, escrita por el poeta y político mexicano Salvador Díaz Mirón.
Describes un mundo gris, cotidiano. Donde la gente marcha y existe, pero tal vez no vive y ahí, entre ese paraje desolado, dos almas blancas se encuentran, se buscan, se nutren y al final convergen.
Muy bien desarrollado y mejor contado.
Felicidades.
Ocitore
21/04/2026 a las 17:12
Muchas gracias, José, en realidad me inspiró mi maestro espiritual Dostoievski. Incluso, al narrar, me imaginé que el Fiodor del cuento era él. Saludos.
Pilar (marazul)
21/04/2026 a las 20:43
Hola, Ocitore, he leído tu relato varias veces y lo he sentido como el capítulo de una novela muy al estilo de Dostoyesvski. La primera parte en donde haces una descripción de la ciudad cuando se despierta nos adentra en el relato: ambientación, descripción: la niebla, el color gris…
La segunda parte, ya en el malecón, te centras más en los aspectos psicológicos de los dos personajes, Fiodor y la joven. A través de la conversación entre ellos nos muestras a dos personas, Fiodor con sus problemas existenciales, la chica con la tristeza, el desamparo y la baja estima consecuencia de la dura vida que le ha tocado vivir.
Haces una acertada descripción de los dos, tanto física como psicológica. Esa nariz rota alguna vez ¡dice tanto! y el lenguaje de Fiodor muestra la diferencia cultural entre ellos: él más culto, ella más propio de sus circunstancias.
El desenlace es el consuelo que se dan mutuamente que no es un final feliz, es el abrazo de dos personas infelices, heridas que empatizan.
Creo, Ocitore, que has logrado lo que pretendías. Mi enhorabuena.
Saludos
Ocitore
22/04/2026 a las 10:38
Muchas gracias. Pilar, para mi es un placer y (un honor) recibir tal crítica. Espero no defraudarte en lo futuro. Un abrazo.
Violeta
23/04/2026 a las 15:08
Hola Ocitore, la verdad es que leyendo los comentarios veo que tienes como referente a Dostoyevski, pero me temo que lo tengo muy olvidado. Prometo que trataré de ponerme al día y releer sus obras que no vuelvo a hojear desde el instituto, aunque la manera en que se presentan tus personajes, con un lenguaje muy ceremonial en comparación con el que utilizamos hoy en día, sí que me recuerda su escritura decimonónica. Solo he de decirte que este texto me parece un fragmento de un texto más largo ya redactado. De esta manera, la trama queda interrumpida y se levantan muchos por qués entorno a lo publicado. ¿Quién es en realidad esta chica?¿Qué le ha ocurrido y por qué se ha desmayado? El contraste entre la actuación sexual de Fedor cuando conoce a la chica y su presentación, casi conceptual, es brutal.
Ocitore
23/04/2026 a las 20:50
Hola, Violeta, por desgracia el límite de palabras que nos imponen las normas de cada participación nos impiden describir más, sin embargo, creo que los silencios, lo que se dice en la historia es lo que habla en realidad. Precisamente tus dudas podrían ser las respuestas. Gracias por tu comentario. Te recomiendo leer Las noches blancas o, incluso, escuchar el podcast de la cadena SER
https://www.youtube.com/watch?v=T8Qh6LWZgQU
Saludos y mucha suerte.
Ocitore
23/04/2026 a las 20:55
Hola, Violeta, por desgracia el límite de palabras que nos imponen las normas de cada participación nos impiden describir más, sin embargo, creo que los silencios, lo que NO se dice en la historia es lo que habla en realidad. Precisamente tus dudas podrían ser las respuestas. Gracias por tu comentario. Te recomiendo leer Las noches blancas o, incluso, escuchar el podcast de la cadena SER
https://www.youtube.com/watch?v=T8Qh6LWZgQU
Saludos y mucha suerte.
Osvaldo Mario Vela
26/04/2026 a las 07:35
Hola Ocitore. Saludos. El objetivo principal del taller es: cuéntame una historia y vaya que tú . lo haces muy bien.
Leí tu texto de principio a fin sin detener me a caviar lo que vendria excelente. Lo único es que me quedé en espera de la consumación o la entrega.
Si pasas por mi texto, ve fraguando un final. Gracias. Te felicito y en horabuena
Ocitore
26/04/2026 a las 10:42
Muchas gracias, Osvaldo, me gustan las historias sin final, siempre hacen pensar al lector y le dan oportunidad de imaginar la continuación a su gusto. Saludos
Cristina Otadui
27/04/2026 a las 09:47
Hola Ocitore,
Este relato me ofrece como lector dos partes diferenciadas. La primera me envuelve en la atmósfera de la ciudad, en el entorno del personaje. El lenguaje, la adjetivación, el rio, la niebla, los pájaros… A mi también me ha recordado a los escritores rusos clásicos, no se si especialmente a Dostoyevski, no soy una experta, pero desde luego el texto exuda una nostalgia característica de esa literatura.
Y encaja fenomenal con las preguntas y reflexiones que se hace Fiodor.
La transición esta lograda: la forma que tienen de encontrarse, el inicio de la conversación, todo ello me resulta creíble, coherente narrativamente.
Pero el desenlace me resulta abrupto, algo inconexo: me falta contexto, explicación…¿de verdad es Fiodor un monstruo? ¿Cómo sabe ella de sus problemas con la religión? ¿puede desatarse una pasión incontenible solo por escuchar una respiración y atender un desmayo?
Es cierto que a veces las imágenes son suficientes y no es necesario ni sobrescribir ni redundar sobre lo mostrado pero en este relato creo que el lector necesita algo mas, pistas, indicios o simplemente alargar la historia. Esto puede ser difícil por el contaje de palabras pero, en mi opinión equilibraría el texto: quizás reduciría el inicio y extendería el encuentro para darle mas fuerza y consistencia al escrito.
Como siempre digo cada uno es propietario de su relato y esto es solo un parecer.
Felicidades por la pieza y si te apetece darte una vuelta por el 66, ahí me encontrarás.
Gracias por escribir y compartir.
¡¡Nos leemos!!
Ocitore
27/04/2026 a las 12:50
Hola, Cristina, gracias por tu comentario. Creo que el final podría ser muy sencillo Dos personas del submundo, rodeados por la pobreza y la degradación provocada por una sociedad capitalista sectaria lleva a dos seres a consumar su placer, que es más una necesidad de compartir la soledad que el amor o placer como tales.