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... la escarcha hiela el infierno. - por CodrumR.

Título: … la escarcha hiela el infierno.

Cazcalea con pasos cortos, mullidos. En la mesa de una terraza, junto a una cajita roja, destellea un trozo de pan bajo una lámpara incandescente. Abre más los ojos. No parpadea. Aumenta la segregación de saliva. Ya no se mece, comienza a desplazarse ligera hasta el borde de la mesa, mientras hace esfuerzos para controlar su pecho. Apenas lo hincha. Se queda quieta. En silencio. Espera. Espera. Espera. Tensa sus músculos y con un rápido movimiento lo agarra. Una manga suave de azul intenso se le abalanza, la evita dando un salto hacia la izquierda, se gira y sale volando. El ladrido de un perro aproximándose le pone la piel de gallina. El aliento cálido en su nuca le sirve de acicate y con otro salto aumenta la distancia, el pulso se acelera, el pecho se hincha, los músculos de todas las extremidades le arden. No para. No para hasta que los ladridos y chillidos apenas son perceptibles. Entonces, surca entre los edificios con su botín bien agarrado. Su respiración se hace tangible en pequeñas nubes blancas que se disipan en el viento, un viento fuerte que la despeina.

Sin detenerse, nota el peso del objeto que sujeta con fuerza. Ahora sí, respira profundo. Ahora sí, frena su avance. Ya no vuela, planea por las pocas calles que le separan de su pequeño. Mira hacia abajo y observa su botín… ¡Rojo!

Emite algo que se parece a un graznido y la caja se le escapa. En un acto reflejo, evita que caiga al aferrarlo con sus dedos amputados. Se detiene. Sola. En mitad de una acera. Llora.

Toma de nuevo la caja y camina con pasos cortos, mullidos, hacia una copia en miniatura de sí misma. Su pequeño está tumbado sobre paja y ramas, en una casa sin paredes. Sus piernas finas no sujetan su cuerpo. Las ramas perforan su piel y los insectos le revolotean con su continuo zumbido. Cuando llega a su lado, agita la cabeza e interrumpe ,por un instante, el zumbido, se acurruca junto a su pequeño. Inicia un arrullo suave y la caja cae, se abre y un anillo de compromiso destellea bajo un cielo estrellado. Gira el rostro y le mira. A modo de disculpa, continúa con su canto. Se acerca más a él, lo cubre con su cuerpo. Mientras escucha el revolotear de los insectos, recuerda que en las noches estrelladas del invierno…

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