Literautas - Tu escuela de escritura

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EL JOYERO - por FerR.

A Ramón le había costado despertarse. Hizo varios intentos para abrir los ojos, pero los párpados le pesaban como si le hubiesen colocado una losa encima. Cuando lo consiguió, reconoció el mismo paisaje que se repetía cada día desde hacía un par de meses, demasiados.

Tras comprobar con un primer vistazo que se encontraba en la misma habitación fría y aséptica, siempre seguía la misma rutina: mientras escuchaba el bip incesante de la máquina a la que estaba conectado y que controlaba sus constantes vitales, movía la cabeza para revisar el gotero por el que le suministraban los calmantes que le aliviaban el dolor y a duras penas, mientras hacía gestos de dolor, trataba de girarse para mirar hacia la ventana y descubrir el tiempo que haría en la calle, aunque ¿para qué?, sabía que nunca volvería a pisarla.

Tampoco hoy había cambiado su suerte. Tras exhalar un profundo suspiro estiró el brazo todo lo que pudo, palpó con la mano la superficie de la mesita auxiliar, en la que entre diversas cajas con medicamentos identificó su amuleto de la suerte. Lo cogió y lo besó.

Era un llavero que había elaborado hace años con una extraña piedra, brillante y con un intenso color verde, por la que sentía una irresistible atracción. No se separaba nunca de ella, salvo hace un año, en la que tuvo que ir a urgencias por unos fuertes dolores de espalda que cada vez eran más fuertes, le hacían doblarse por la mitad, y se reproducían más a menudo. Tras ingresarlo y realizarle distintas pruebas el doctor pronunció las palabras malditas: cáncer de médula ósea en estado muy avanzado.

Ahora, en la unidad de cuidados paliativos, Ramón se echaba la culpa por no haberla llevado consigo. Ya no se había vuelto a separar de ella esperando un milagro.

Con la mirada perdida en algún rincón del techo de la habitación, entre muecas de dolor, recordó cómo consiguió la piedra.

Ramón nunca tuvo una vida fácil. Se crio en un barrio conflictivo y la vida lo fue arrinconando y mostrándole la delincuencia como única vía de supervivencia.

Empezó dando pequeños “palos” callejeros: hurtos, tirones, pequeños robos con intimidación… que no lo sacaban de pobre, así que decidió especializarse en asaltar viviendas.

Y así fue cómo planeó el robo en un chalet. Lo había elegido porque no había apreciado señales de tener ningún sistema de alarma y estaba ocupado por una pareja de cierta edad.

La noche del golpe se apostó en las cercanías de la casa y comprobó que, aunque no era tarde, no había luces encendidas en ninguna habitación. Con pasos lentos y seguros se fue acercando y reparó en que el coche no estaba en el porche. El corazón se le aceleró y las manos le empezaron a sudar.

Sin pensarlo dos veces giró la cabeza en todas las direcciones, no había nadie, tomó aire, se agarró a la valla y de un salto se coló en el interior de la finca. Una vez dentro se detuvo y respiró profundamente para calmarse. En ese momento le pareció oír a una pareja que se acercaba charlando por la acera, se acurrucó en un espacio umbrío y esperó a que pasaran de largo. Se secó con el dorso de la mano el sudor de la frente y decidió seguir adelante.

Una vez dentro de la casa actuó con rapidez. Se dirigió directamente a los sitios típicos en los que la gente suele guardar los objetos de valor y encontró algo de dinero pero sobre todo lo que parecía ser un joyero de ciertas dimensiones que pesaba una barbaridad. Acelerado, metió el botín en la bolsa que llevaba y abandonó el lugar.

Su amplia sonrisa no le cabía en la cara, por las dimensiones y el peso del joyero parecía que por fin había sido su día de suerte. Al llegar a su casa sacó el joyero de la bolsa e intentó abrirlo para descubrir el tesoro que encerraba. Le costó abrirlo y cuando lo hizo no dio crédito a lo que vieron sus ojos, «¿pero qué diablos es esto?». El supuesto joyero era una caja de plomo de un dedo de espesor y en su interior sólo había piedras, de aspectos y colores muy extraños.

Ramón se puso rojo de ira y tras soltar unos cuantos exabruptos salió a la calle y tiró violentamente todas las piedras. Todas, menos aquella piedra verde brillante de intenso color verde.

Comentarios (5):

Carmenigne

20/06/2026 a las 11:42

Hola Fer. El relato comienza con una situación que logra despertar interes y expectativa. Resulta interesante como en esta primera parte “muestras”. Describes acciones, generas un clima. Quizás en la segunda parte explicas más (Ramón nunca tuvo una vida fácil…..Empezó dando pequeños palos…).
Alguna oración me pareció un poco larga, quizás ganaría fuerza con algún punto: (Tras comprobar …..nunca volvería a pisarla).
Me resultó interesante la llave con la piedra como talismán, que a su vez deja abierto a la imaginación: que abrirá esa llave?, cumpliendo así con la consigna.
Me resultó agradable leerte

Ángela Cruz

22/06/2026 a las 23:23

Hola Fer, te felicito por tu relato, me enganchó desde el “demasiados” de la tercera línea. El personaje se transforma ante el lector, pasando de alguien por quien sientes pena, a un canalla que elige sus víctimas “estaba ocupado por una pareja de cierta edad.”
No entiendo, sin embargo, por qué la piedra es un amuleto de buena suerte a pesar de ser el resultado de un trabajo fallido, a lo mejor lo habrías explicado si hubieras contado con más de las palabras límite que se pueden usar.
Un par de comentarios sobre aspectos formales. Esta frase no me queda clara “encontró algo de dinero pero sobre todo lo que parecía ser un joyero de ciertas dimensiones que pesaba una barbaridad.”, no sé si es porque le faltan comas. Quizás hubiese quedado mejor no repetir tanto la palabra “joyero” en el penúltimo párrafo, sustituirla por un pronombre o por un sinónimo.
En resumen, me ha gustado mucho tu historia, me ha parecido muy completa. Los cuatro primeros párrafos te hacen desear leer un libro sobre el personaje.

Nos leemos.

Ángela

Verso suelto

23/06/2026 a las 17:08

Hola Fer. Soy tu vecino y me toca comentar tu relato. La historia es muy curiosa. Un robo de un objeto extraño, unas piedras, quizá radioactivas, de las que el ladrón se deshace inmediatamente, sin investigar siquiera su valor, excepto de una. ¿Por qué se comporta así? Para mí esa pregunta para la que no das pistas, o yo al menos no las he visto, es el principal punto débil del relato. Por lo demás funciona bien, empiezas la historia por el final lo que hace que nos intrigue el origen de su enfermedad. He visto alguna incoherencia verbal, nada que no solucione un repaso sosegado.
Buen trabajo.

Codrum

26/06/2026 a las 05:58

Hola Fer,
Apoyo lo dicho por Verso Suelto. En mi imaginación y según , información del texto, la piedra que se queda es radiactiva y es lo que le ha enfermado.
Pero, ¿por qué se la queda?

El texto está planificado para llevarnos a ese momento … pero no nos lo muestra ni cuenta.
Es como que me falta el verdadero relato.

Lo demás está bien, un texto bien dividido en párrafos que ayudan a la lectura. Alguna frase larga que puede dificultar un poco y una selección de palabras elegantes que hacen pensar que el ladrón, tuvo luego una mejor vida antes de enfermar por la piedra verde, y pudo ganar cierto léxico y status social.

Gracias por tu texto.

Clarinete

27/06/2026 a las 13:25

Hola Fer, me ha gustado tu relato, fácil de leerlo por la buena disposición de los párrafos. Coincido con los compañeros que falta una explicación de porqué se queda la piedra, quizás sí tuviéramos más palabras hubieras podido hacerlo. Repito me ha gustado el relato, empezar por el final ha sido un acierto.
Saludos

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