Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

El ladrón - por clarineteR.

Me parece increíble que, a pesar de los años que llevo robando, haya conseguido un botín sin saber que es lo que estaba cogiendo.
Cada vez que pasaba por delante ahí estaba, llamándome «Ven», me decía, claro que mi amigo Friz también insistía en ello «¡Vamos, hombre! ¿A qué esperas? Pero si te está llamando». Las noches las pasaba pensando en aquella pequeña caja que me miraba desafiante ¿Qué contendría? ¿Será algo valioso? A veces en mis sueños imaginaba que se habría sola y me mostraba su contenido, algo brillante, espectacular, algo… inimaginable y poderoso.
Todas las mañanas pasaba por delante de aquella vitrina, un cristal me separaba de mi delirio. A mi alrededor todo me observaba, todo parecía esperar que me lanzara a mi objetivo, todos menos yo. Algo dentro de mi me indicaba que esperase ¿Esperar? ¿A qué tenía que esperar? Un solo movimiento y mi obsesión se acabaría, podría tener la caja y su contenido. Mío, solo mío. Un a vocecita me martilleaba «Cógelo» pero cuando lo intentaba algo me frenaba y olvidaba mis ansias.
Una noche acompañado por mi amigo Friz entramos en una mansión que habíamos estado vigilando durante varios días, conseguimos burlar la alarma y fuimos directos a la habitación donde, descubrimos desde el primer día, estaba la caja fuerte. Bueno fuerte, fuerte… no era, conseguimos, com maña, abrirla y, ¡O, sorpresa! Allí estaba una caja igualita a el objeto de mi deseo, a el desvelo de mis sueños el…
—No irás a dejarlo todo solo por coger esa cajita ¿No?
Friz era algo escandaloso cuando algo no salía como él quería, o se había planeado, pero me desconcertó que estuviera allí aquello por lo que yo soñaba conseguir ¿Cómo había llegado hasta allí? Sin pensarlo abandoné todo lo demás y cogí la cajita en cuestión con el consiguiente enfado de mi compañero, que no podía cargar con todo lo que quería llevarse.
La vuelta a casa fue recibir un reproche tras otro por parte de mi complice por haber abandonado todo aquel tesoro, aunque en mi cara se reflejaba la satisfacción de haber conseguido algo parecido, sino igual a lo que anhelaba.
Tuve la tentación de comparar mi botín con el deseado. Era igual, misma forma, mismo material. Mis ojos se pasaban de un objeto a otro, comparándolos ¿Contendrían lo mismo?
Aquella noche en la soledad de mi cubil imaginaba el contenido de aquellas cajas sin atreverme a abrir la que poseía ¿Qué era aquello que había robado? Una mezcla de miedo y deseo de saberlo me embargaba sin atreverme a desvelar su contenido.
Recordé las palabras de mi compinche Friz cuando me despedía de él «Sea lo que sea lo que contiene esa obsesión tuya es muy posible que te decepcione, o quizás no, pero eso es algo que tendrás que valorar cuando consigas conocer su contenido»
Las horas pasaron mirando aquello que había robado sin atreverme a abrirlo. Imaginé multitud de cosas que podrían ocultarse tras las tapas que encerraban lo robado. ¿Y si me decidiera y robara aquello que se guardaba en la vitrina? Tendría dos, y fuera lo que fuera serían míos, solo míos. Los escondería para que nadie pudiera robármelos como yo había hecho. En el silencio de la noche me lancé hacia la vitrina, busqué la forma y la conseguí. Dos, ya tenía dos.
El día llegó con la luz del sol que a través de la ventana me cegó, me había pasado la noche en vela y abrazado a mis dos piezas. No estaba cansado pero cuando mi compañero llegó y me enseño aquello que había conseguido lo miré indiferente ¿Qué me importaba el tesoro conseguido? ¿Había sido una noche delirante? Sí, al menos para mí.
—¡Vaya! Al fin te has decidido ¿Todavía no has abierto ninguno de los dos?
Friz parecía ansioso por conocer su contenido, más que yo que me debatía entre el deseo y la ignorancia. Todo fue rápido mi compinche abrió una de las cajas y apareció, en todo su esplendor, una bola de lana. Saqué una garra y abrí la otra. Aquella era aún más bonita: de un intenso color rojo. Pude jugar con con mi amigo Friz y las dos bolas durante todo el día, hasta que mi ama me llamó para darnos la comida al tiempo que nos acariciaba con suavidad, y nosotros la correspondíamos con un ronroneo.

Ccomentarios (1):

Daniel Calleja

19/06/2026 a las 18:39

Hola, clarinete. Debo confesarte que el final me sorprendió mucho, demasiado quizás. Cierto que das una pequeña pista cuando dices “en mi cubil”, pero usado en sentido figurado puede tener otro significado. El relato es entretenido, se lee bien, se entiende la obsesión de tu protagonista. Encuentro algunos errores formales. En estas frases “A mi alrededor todo me observaba, todo parecía esperar que me lanzara a mi objetivo, todos menos yo. Algo dentro de mi”. El mí lleva tilde ya que se refiera al protagonista y no oficia de posesivo. En “Todos menos yo” deberías seguir usando el singular. Entiendo que usas esa repetición para remarcar el “todo”. En esta otra parte “conseguir ¿Cómo..? Antes del signo de interrogación va punto. Después no, pero antes sí. Cómplice lleva tilde. “Pude jugar con con”; aquí se te coló un con.”Todo fue rápido mi compinche abrió una de las cajas y apareció, en todo su esplendor, una bola de lana.” Quizás un punto y seguido después de rápido iría mejor. Me da la impresión de que no tuviste tiempo de revisar antes de enviar. En esta otra “conseguimos, com maña, abrirla y, ¡O, sorpresa!” El com por con supongo que se te coló. O no va en mayúscula y lleva una hache “oh”. La coma antes de “con maña” me parece que sobra. Deberías revisar bien el uso de los signos de puntuación. Influyen mucho en el ritmo. Una buena idea. Con un poco más de trabajo le podés sacar más el jugo. Entiendo que a veces el tiempo y las ocupaciones juegan en nuestra contra. Saludos. Nos seguimos leyendo.

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *