Literautas - Tu escuela de escritura

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LIO. - por PROYMAN1R.

LIO.
La lluvia empezaba a calar a través de la capucha cuando Pésico empujó la ventana del almacén. El marco cedió . Dentro, el aire olía a cartón mojado y metal viejo, nadie vigilaba un sitio así.
Caminó entre estanterías , iluminadas solo por la linterna que llevaba entre dientes. La luz temblaba con cada exhalación. cada paso, el eco de sus botas resonaba, como si el silencio del lugar quisiera expulsarlo.
—Caja pequeña, ligera, fácil de sacar —murmuró, recordando las instrucciones.
Sin más detalles. Quien le pagaba nunca daba más de los necesarios. “Cuanto menos sepas, mejor”, le había dicho. Pésico no solía discutir con quien paga por adelantado.
Llegó hasta una mesa metálica en el centro del almacén. Encima, una caja negra del tamaño de un libro. Sin etiquetas. Sin candado. Sin nada. Solo una bulto que absorbía la luz.
La tocó con la punta de los dedos. Estaba tibia.
Retiró la mano de inmediato.
Miró alrededor. Nada se movía. Solo él.
Volvió a tocarla, esta vez con decisión, y la levantó. Pesaba menos de lo que esperaba, como si estuviera vacía. La agitó suavemente. Ni un sonido.
—Pues ya está —susurró, guardándola en la mochila.
Al darse la vuelta, la linterna iluminó algo que no había visto antes: una cámara en la esquina, con un piloto rojo encendido. Pésico se quedó quieto. El piloto no parpadeaba. No giraba. No seguía su movimiento.
—Genial —
Corrió hacia la ventana por la que había entrado. La lluvia golpeaba más fuerte ahora. Saltó al exterior, cayó sobre un charco y sintió el agua en los pantalones. No se detuvo. Corrió hasta su moto, arrancó y desapareció entre calles oscuras.

En su casa, dejó la mochila. El tic-tac del reloj de pared marcaba un ritmo demasiado lento. Se quitó la chaqueta empapada. La caja seguía dentro, silenciosa, como si esperara algo.
Pésico la sacó y la colocó frente a él. La miró, como si pudiera adivinar su contenido.
—¿Qué eres? —preguntó, sin esperar respuesta.
La caja vibró.
Muy leve. Apenas un temblor.
Pésico dio un salto hacia atrás. La caja permaneció inmóvil, como si nada hubiera pasado.
Se acercó de nuevo. Puso la mano encima. Tibia otra vez. Más que antes.
—No fastidies…
La giró buscando algún botón, alguna ranura, algún indicio de mecanismo. Nada. La superficie era lisa, perfecta.
Entonces, un sonido. Un clic suave, como el de una cerradura diminuta. La caja se abrió sola, apenas un centímetro.
Pésico contuvo la respiración.
La abrió del todo.
Dentro, un objeto redondo, del tamaño de una naranja. Plateado. Pulido. Sin marcas. Sin juntas. Como una esfera sólida. Reflejaba su rostro deformado, alargado, inquieto.
La esfera emitió un destello azul.
Pésico retrocedió, tropezó con la mesa y cayó al suelo. El destello se apagó. La esfera volvió a ser solo un reflejo metálico.
—Vale. No pasa nada —
Se levantó y se acercó otra vez. La esfera no se movía. No brillaba. No hacía nada.
La tocó.
Un calor suave le recorrió la mano, subiendo por el brazo. No quemaba. No dolía. Como si algo dentro de la esfera respondiera a su contacto.
Pésico la soltó de inmediato. La esfera rodó por la mesa, cayó al suelo y no hizo ruido al golpearlo. Ninguno. Como si el suelo la hubiera absorbido.
La esfera empezó a moverse. Lentamente. Rodó hacia él. Se detuvo frente a su pie.
Pésico se quedó petrificado.
La esfera emitió otro destello azul, más tenue. Luego otro. Y otro. Como un parpadeo. Como si respirara.
­- Yo solo tenía que robar una caja.
La esfera volvió a moverse, esta vez hacia la puerta. Se detuvo .
Pésico tragó saliva.
—¿Quieres que te siga?
La esfera parpadeó dos veces.
Pésico se pasó las manos por la cara. Miró la puerta. Miró la esfera. Miró la ventana, donde la lluvia seguía cayendo.
—Estoy hablando con una bola —dijo, riéndose nervioso—. Perfecto. Me estoy volviendo loco.
La esfera avanzó más.
Pésico suspiró.
—Está bien. Pero no explotes.
Abrió la puerta. La esfera salió rodando, silenciosa, como si flotara a un milímetro del suelo. Pésico la siguió, cerrando la puerta tras de sí.
Mientras bajaban las escaleras, la esfera iluminaba los escalones con un brillo azul que no proyectaba sombras. Pésico no sabía adónde lo llevaba.
Pero siguió caminando.
Porque, por primera vez en mucho tiempo, sentía que algo — lo necesitaba.
Y eso era más difícil de robar que cualquier caja.

Ccomentarios (1):

Diana T

19/06/2026 a las 19:51

Hola, Proyman. Este mes me toca comentar tu relato.

Voy a comenzar por felicitarte, creo que has logrado el reto opcional, agregando olores, sensaciones, pensamientos además de las descripciones visuales. También la idea de la bola plateada me ha llenado de intriga, considero que es original y muy visual. Disfruté especialmente los diálogos del personaje hacia la bola, y luego cómo admitió su propia locura, me lo pude visualizar muy bien.

Ahora vamos a los puntos que considero, pueden mejorar:
El inicio sugiero reestructurarlo y cuidar los signos de puntuación. En lo personal, no me atrapó demasiado. Tal vez quisieras plantear el conflicto o introducirnos al personaje de otra manera que no sea sólo abriendo la ventana. Tal vez un pensamiento que nos muestre qué está en juego.

A continuación, la presencia de la cámara me resultó algo pasiva, ya que el ladrón sólo la mira, se asusta un poquito y se va. No hay mayor consecuencia a ello. No produce un obstáculo en el robo.

Me gusta la escena donde descubre la esfera dentro de la caja, porque comienza con curiosidad, luego sorpresa, nerviosismo y resolución. Has logrado muy bien la transición entre esas emociones, aplicando diálogo y movimiento físico. Sin embargo, considero que se ha extendido un tanto de más, principalmente porque se repiten mucho frases como destello, retrocedió, reflejo, esfera, etc..

Y por último, el final abierto. Me quedó duda con a qué se refería con “eso era más difícil de robar que cualquier caja”. Además, nos deja con muchas preguntas ¿cual es el papel de la persona que le dio el trabajo? ¿Sabía de la esfera? ¿Qué es esa esfera, de dónde salió y para qué sirve? ¿Por qué no ha ido nadie a reclamarla? ¿Qué hacía en el almacén?

También, indicar por ahí dos diálogos sin acotación, donde colocas el guion para cerrar. Ese es innecesario. Basta con un punto y aparte.

Creo que esto es tdoo. Te invito a contemplar mis consejos, que ayudarán a fortalecer la historia para que vaya de la mano con tu estilo, que considero que ya es bueno. Recuerda: la clave para mantener enganchado al lector es un buen conflicto y cumplir las promesas que se le hace.

Te felicito nuevamente por tu relato, y espero leerte pronto. Saludos.

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