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Tesoro oculto - por GaliaR.
Lo vi cómo agonizaba en la celda y me dije: —el destino le jugó una mala pasada—.
Joaquín había escuchado que, en la sala de cirugía del famoso centro oftalmológico de la ciudad de Villa Allende, se acumulaban una importante cantidad de cristales muy valiosos.
Su ambición desmedida lo llevó a urdir el plan: compró un atuendo similar al que usan los médicos cirujanos, guardapolvo verde, cofia de igual color, cubre calzado de friselina.
Para hacer más creíble su personaje, le hurtó unas gafas con mucho aumento a su hermano miope.
Ya con todo el equipo armado, esperó con paciencia en el bar del sanatorio que los distintos espacios se fueran desocupando de la continua presencia de pacientes, y cuando vio que la gente de la limpieza apagaba la luz del quirófano, entró al baño, se vistió para la ocasión e ingresó subrepticiamente a la sala de cirugía.
Días anteriores, un personal de limpieza le comentó que ahí atesoraban piedras preciosas.
Se acercó a un cesto cubierto por una bolsa roja, lo abrió y vio un montón de cristales que brillaban en la oscuridad. La tomó en el momento justo en el que el guardia de seguridad abría la puerta para controlar el lugar. Para evitar que se la quitaran, abrió la boca y se tragó las supuestas piedras preciosas.
Inmediatamente fue conducido a la comisaría mientras se retorcía de dolor.
Nunca supo que en realidad eran cristalinos de las operaciones de cataratas lo que había engullido.
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