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Lo que había dentro - por Elena M.
—Rodri, vamos a repasar el plan otra vez. Es importante que todo salga bien. No podemos cagarla. Y no pongas esa cara…tío…nos estamos jugando mucho.
Rodrigo repitió todo lo que iban a hacer, en realidad, lo que él iba a hacer. Comprobó que el walkie-talkie funcionaba y desapareció entre las sombras.
Telmo se escondió al lado de una verja lateral.
—Telmo, ¿me escuchas?
—Sí. Alto y claro. ¿Ya estás dentro?
—Sí, pero el cajón está cerrado.
—¿Y el alambre?
Hubo un silencio.
—No lo tengo.
Telmo se palpó el bolsillo. Había olvidado dárselo a su compañero, pero prefirió omitir ese detalle.
—Joder…bueno…Rodri, no te preocupes. Busca algo para forzar la cerradura.
Un golpe seco estalló en el walkie.
—¡Rodri!
—Estoy bien. He tropezado. Esto parece una pocilga. Voy a ver si encuentro algo para abrir el maldito cajón.
Telmo siguió esperando y observando ansioso las oscuras ventanas de la facultad. La idea había sido suya. Una idea brillante. Ni él ni Rodrigo podían permitirse suspender. Para él era una cuestión de orgullo pues no podía decirles a sus padres que había pasado el curso borracho, de fiesta en fiesta. Rodrigo necesitaba aprobar para no perder la beca y el plan de Telmo era la única salida que veía.
En el silencio del despacho Rodrigo pensaba que podría haber sido Telmo quien cambiase los exámenes. Si lo pillaban podría irse a una universidad privada, mientras que para él sería la ruina absoluta. Vio unas llaves bajo una montaña de papeles. Probó una. Después otra.
Clic.
No podía creer que fuese tan sencillo. Buscó los exámenes y los cambió por los que llevaba en la mochila
—Telmo, ya está. Voy a salir. ¿Todo bien?
—¡Qué bien Rodri!. Sí, todo está tranquilo, pero pégate a la pared por si pasa el coche de los de seguridad.
Rodrigo se dirigió hacia la puerta y entonces la vio. Una caja sobre una mesa con una nota: “Para J. Martínez. Departamento de Fisiopatología."
Alargó la mano y sin pensarlo dos veces, la metió en la mochila.
Telmo y él corrieron hasta la residencia sin cruzarse con nadie. Al llegar, se separaron en el pasillo.
—Mañana hablamos.
—Hasta mañana.
Un par de horas después, Telmo dormía. Rodrigo seguía despierto observando la caja que estaba sobre su escritorio. La había tocado, hecho girar y agitado tratando de intuir qué había dentro.
—Yo no lo llamaría “robo”
—¿Ah no? ¿Y cómo llamas a algo que no es tuyo?
—Curiosidad. Fijo que no la echa de menos.
Pero bajo esa excusa palpitaba una pregunta: ¿Por qué?
Nunca antes se había metido en problemas y esa noche había traspasado todos los límites.
Miró el reloj, eran las cuatro. Y mientras una parte de su mente dudaba, sus manos abrieron la caja con decisión. Otra nota y unas fotografías.
Rodrigo empalideció. Pasó una fotografía, después otra y otra. En todas aparecía el profesor. Sintió ganas de vomitar y lanzó las fotografías lejos, como si fuesen ascuas que le quemasen las manos.
—Y ahora, ¿qué? ¿Vas a hablar con la poli? ¿Vas a volver al despacho?
—No lo sé. No pueden ser reales. Seguramente sean falsas.
—Y la nota, ¿también es falsa? Una suma de dinero muy alta, para tratarse de una broma.
Se tumbó en la cama tratando de ordenar sus pensamientos, pero era imposible. Cada vez que cerraba los ojos veía las fotografías.
—Llama a la policía.
—¿Y cómo les explico el origen de estas fotos? No, no puedo.
Sobre la mesa seguía la nota, escrita a máquina y con la cifra exigida escrita en números grandes.
Rodrigo la observó durante varios segundos.
—También puedes devolverla y que te pague a ti…Una idea brillante, esta vez tuya.
—¡No! ¡Eso es horrible! Tengo que llamar…
—¿A quién?
El silencio respondió por él. Rodrigo cogió el móvil y sus dedos marcaron los primeros números: 09… Se detuvieron. Sobre la mesa, la nota parecía observarlo y volvió a leerla. Era una cifra capaz de pagar varios años de matrícula, de cambiarle la vida…
Se levantó, recogió las fotografías desperdigadas por el suelo, intentando no mirarlas y las guardó junto con la nota dentro de la caja y la dejó encima del escritorio.
Miró el reloj, eran las cuatro y veintisiete. Se sentó en la cama. Delante de él estaban la caja, el teléfono y la nota.
Permaneció inmóvil mientras la luz del amanecer se iba colando en la habitación. El despertador lo sacó de su letargo y se levantó. La decisión estaba tomada.
Comentarios (7):
Pilar A. G.
20/06/2026 a las 10:02
Es un relato muy bien estructurado. La redacción me ha parecido muy buena , así como la idea. La tensión se mantiene hasta el final y tiene al lector enganchado. En definitiva, que me ha gustado mucho, Elena. He disfrutado con su lectura.
Saludos y a seguir escribiendo
Dani Bouquet
20/06/2026 a las 14:50
Hola Elena, me ha gustado mucho este relato. La acción se desarrolla de forma ágil. Vemos lo que ocurre a través de las acciones y diálogos, creo que está bien conseguido el reto de mostrar en lugar de contar.
Me parece un plus dejar a la imaginación del lector el contenido de las fotos, así como el desenlace.
No encuentro nada que corregir, está genial.
¡Nos leemos!
Carlos Tabada
24/06/2026 a las 13:36
Hola Pilar, espero que no te importe que me dediqué a comentar tu relato. No tengo una razón clara para comentar, más que intentar que sean constructivos y conseguirlo, ahí van. La primera parte es emocionante, imaginativa y divertida, y el componente económico le da un aire de credibilidad y cercanía que mejora el relato, en mi opinión. La segunda no lo tengo tan claro, quizá tengo un poco de saturación respecto a autoridades pilladas en falta inconfesable que además cambia un poco el faro de la primera parte, de pronto pasas de posibilidades infinitas a límites morales y decisiones trascendentes. Personalmente, escribo más para divertirme que para complacer al lector, así que me cuidaré muy mucho de decirle a nadie que el hilo de su relato no me complace. Y además termina con un final abierto, ferpectamente. Un saludo!
Codrum
24/06/2026 a las 16:56
Hola, Pilar:
Lo que parecía una granujada se ha convertido en una elección difícil de tomar.
Me ha gustado el texto y me encantó el modo en el que has hecho que el protagonista hable consigo mismo y se interroge. Un estilo Gollum del señor de los anillos.
Creo que manejas muy bien la tensión, el ritmo y la elipsis. No sabemos qué son las fotos, ni quién le chantajea, y aún así sabemos que el protagonista con esas fotos tiene un gran poder y …. Una gran responsabilidad jajaj. Perdón por la broma.
Cumples con los objetivos del talle, tanto la premisa de un ladrón que ni sabe lo que roba y de contar y no mostrar
Hay veces que muestras, otras cuentas y otras haces las dos como aquí :
Un par de horas después, Telmo dormía. Rodrigo seguía despierto observando la caja que estaba sobre su escritorio. La había tocado, hecho girar y agitado tratando de intuir qué había dentro.
Según mi opinión de lo que es mostrar y no contar, el hecho de tocar la caja, de girar y agitarla, ya muestra que la está inspeccionando y se supone que es para abrirla.
No sé si estarás de acuerdo conmigo. Soy bastante nuevo en esto de mostrar jajaj
Bueno, aún así muchas gracias por un relato tan interesante .
A mi me gustó
Codrum
25/06/2026 a las 23:01
Gracias por tu comentario, y perdon por llamarte Pilar. Mire el mensaje de Carlos y copié el mismo nombre.
A no ser que la M de tu nombre sea de Pilar .
Pido perdón otra vez Elena.
Gracias por tu comentario
Carlos Tabada
26/06/2026 a las 11:52
Vaya, yo también lo siento Elena. Ahora es cuando digo que tal o cual nombre me gusta,por esta otra razón o aquella, y ya termino de hundirme en el charco. De verdad siento el despiste, un saludo!
Arc Frances
26/06/2026 a las 15:29
Hola, Elena.
Me ha gustado mucho el planteamiento porque empieza como un relato de “golpe” bastante clásico y, cuando parece que todo ha terminado, la historia da un giro y se convierte en un conflicto moral. Para mí, ahí está el verdadero acierto del cuento: el robo de los exámenes deja de ser lo importante y pasa a ser solo la puerta de entrada a un dilema mucho más complejo.
Nunnca llegamos a saber qué contienen exactamente las fotografías, pero basta con ver la reacción de Rodrigo para entender la gravedad de lo que ha encontrado. Obligas al lector a completar el vacío con su propia imaginación y eso, bajo mi punto de vista, siempre es un acierto!
Como lector te acabas planteando la pregunta incómoda de qué harías en el lugar de Rodrigo, una buena forma de cerrar la historia. Enhorabuena.