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Betún de zapatos - por Guillermo ArquillosR.

Web: https://relatos-en-el-camino.blogspot.com/

Betún de zapatos

—Cariño, me han dejado que pase a verte… —dice ella.
Jules apenas puede levantar la cabeza. Le falta el aire; la delgadez extrema ha debilitado todos sus músculos.
—Es raro, ¿verdad? —dice él.
La presencia de los dos guardias no parece intimidarlos. Marcie le coge una mano, ya amarillenta, vacila un instante antes de pasársela por la cara y la besa en el centro de la palma. Luego vuelve a acariciarse con ella.
—Me han dicho que tenemos que despedirnos, Jules, que quizá mañana ya no me conozcas…
No lo mira a la cara. Le habla al cabecero de la cama y su voz parece un poco ensayada.
El cuerpo de Jules apenas abulta bajo las sábanas, salvo una llamativa prominencia a la altura del vientre.
—Hasta que los de la prisión no han estado seguros de que también se me ha pasado a los huesos… Me duele todo el cuerpo, ¿sabes?
—No hables de eso ahora. Dicen que en los hospitales hay morfina y que la morfina cura más que ninguna otra cosa…
Él niega despacio, con la cabeza, arrugando los labios; está empapado en sudor. El ventilador del techo, de aspas blancas, está parado y tiene alguna telaraña.
—¿Me seguirías fuera adonde yo fuera, Marcie? —Su voz es apenas un hilo.
—¿Por qué no? De tugurio en tugurio, de ciudad en ciudad, como siempre hemos hecho, hasta lo de Sherry… Así podrías seguir tocando tu violín —arruga la frente y habla un poco más despacio—. Mi hija me ha dicho que no volviera a verte jamás, pero yo necesitaba verte, aunque sea por última vez.
El guardia de pelo blanco baja la mirada. El más joven observa a Jules con asco.
—Señora, vamos a dejarlos solos cinco minutos —dice el mayor en voz baja, pero con decisión—. Su marido nos lo ha pedido hace un momento.
—Sí, por favor, gracias —contesta ella—. Muchas gracias.
Cierran la puerta al salir.
A pesar de su rostro arrugado, Jules sonríe y su voz recupera algo de fuerza:
—¡Eres rica, Marcie!
—¿Rica yo? ¡Anda ya! Deja de decir tonterías. —Ella se incorpora de repente.
—El violín, mi violín…
—Claro, tu maldito violín, ¿cómo no? Desde que te conozco, cada noche le has puesto otra capa de betún antes de irte al garito de turno. Siempre lo has tratado mejor que a mí.
—Pues va a ser tuyo… No es una pieza cualquiera, créeme: es un Stradivarius. Sí, sí, un Stradivarius. Abre la funda: en el forro encontrarás lo que dijo la prensa.
Ella lo mira entornando un poco los ojos.
—Yo no quería robar algo tan caro —continúa Jules—. Te lo juro: no imaginaba que fuese tan especial.
Ambos guardan un largo minuto de silencio.
—Nadie ha sabido nunca que yo lo robé.
—¿Que tu violín es robado?
—Lo robé, sí. —Jules tose y continúa con dificultad—. Durante uno de sus conciertos en el Carnegie Hall, entré en el camerino de Huberman. Yo…, yo solo buscaba algo que pudiera vender. Ni se me pasó por la cabeza que aquel violín fuera su famoso Stradivarius.
Marcie se lleva la mano derecha a la boca.
—A los pocos días todos hablaban de su desaparición. Pasó una semana y yo aún no sabía qué iba a hacer con él. Cerraba las ventanas, lo acariciaba y lo hacía sonar muy bajito. No podía venderlo, ¿sabes? Cualquiera lo habría reconocido y yo habría acabado en la cárcel.
Marcie lo mira fijamente y aprieta el puño derecho.
—Voy a morir, Marcie. Puedes hacer con él lo que quieras. Durante casi cincuenta años lo he ocultado con betún, una capa tras otra, pero te juro que es el Stradivarius de Huberman. El auténtico.
En el pasillo suenan algunas voces. Marcie mira un instante la mano amarillenta de Jules.
—Dime la verdad, Jules. ¿Abusaste de mi nieta Sherry? Cuando te detuvieron, ella tenía solo diez años…
Su mirada escruta la cara de Jules. Él responde sin vacilar:
—No, no, de ninguna manera. Esa niña se lo inventó todo.

Cuando Marcie abandona la habitación, él se queda mirando las sucias aspas del ventilador. Suda aún más.
La puerta se cierra.
Muy despacio, Jules comienza a sonreír.

© Guillermo Arquillos, junio de 2026
Relato inspirado en hechos reales.

Comentarios (4):

María Sol

20/06/2026 a las 20:16

Narrativamente me costó conectar en la primera conversación de los personajes. Recién al final deja entrever el contexto. Sinceramente, siendo mujer, me resultó un poco fuera de lugar cómo toca el tema del abuso… Si está inspirado en hechos reales, tal vez podría haberse introducido de una manera más sutil, entiendo la idea de dar plot twist (uno se pregunta mientras lee por qué estará preso) pero siento que quedó muy frío. Si quitáramos eso, la historia del violín me parece buena, no era necesario rematar con ese final para volverla interesante. Es una crítica constructiva, va con la mejor de las intenciones.

Julio Cesar Blanco

22/06/2026 a las 04:08

Hola Guillermo. He leído con atención tu relato. Es fuerte en cuanto al contexto en que desarrolla. Sin embargo coincido en que hay que trabajar los diálogos, yo también confundí la voz de los personajes. El giro del origen del violín me parece muy bien elaborado, el remate del abuso de la nieta es inesperado y le da un final abierto que según mi opinión no encaja del todo con la historia. Solo son sugerencias. Gran abrazo

Arc Frances

26/06/2026 a las 15:44

Hola, Guillermo. Gracias por pasarte por mi relato, procedo a comentar el tuyo.

Lo más interesante es cómo juega constantemente con la percepción que tenemos de Jules. Al principio solo vemos a un hombre moribundo despidiéndose de su mujer y es fácil sentir cierta compasión por él. Luego está la historia del Stradivarius, mi parte favorita del relato, y ese final que te obliga a releer todo lo anterior con otros ojos.

Me ha gustado especialmente el detalle del betún y que hayas escogido ese título. No solo sirve para ocultar el verdadero valor del violín durante décadas, sino que funciona casi como metáfora del propio protagonista: alguien que ha vivido cubriendo la verdad capa tras capa hasta que ya resulta imposible distinguir qué hay debajo.

Los diálogos dejan entrever la relación entre Jules y Marcie, da la sensación que comparten una vida entera de complicidades, reproches y secretos.

A veces los finales son incómodos (este lo es) y más que responder preguntas, abren otras nuevas: si Jules dice la verdad o no, si Marcie le cree, o incluso si la sonrisa final nace del alivio, del cinismo o de la certeza de que se llevará sus secretos consigo. Te deja dándole vueltas después de terminar la lectura y eso para mí siempre es una muy buena señal.

Enhorabuena y gracias por compartirlo. Me ha parecido un cuento con bastante más profundidad de la que aparenta en una primera lectura.

Cassandra C.V

27/06/2026 a las 02:01

Hola, Guillermo.
Me llamo la atención el título del tu cuento. Me gustó mucho la idea del violín y cómo el valor del instrumento se va revelando poco a poco. El diálogo transmite bien la relación entre los personajes y el desenlace consigue sorprender.
En una primera lectura me costó distinguir un poco las voces del diálogo, aunque al releerlo ya no tuve ese problema.
Lo único que me dejó con dudas fue el final. Personalmente, sentí que la última pregunta sobre el motivo de su condena era un añadido que no necesitaba el relato. En mi caso, me había quedado con la fuerza del descubrimiento del violín, y esa última revelación hizo que el cierre perdiera un poco de impacto. Quizá era importante para contextualizar al personaje, pero como lectora sentí que el cuento ya había encontrado un buen punto para terminar.
¡Felicitaciones por el relato!

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