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Objetor - por HugoR.
Ernesto era una de esas personas que si tuviese que elegir entre robar o hacer el amor, elegiría robar. Luego de cumplir con las ocho horas de trabajo en la oficina, recorría los comercios de la calle Corrientes para llevarse la mayor cantidad de objetos posibles. Casi todo lo que tenía en su casa, había sido hurtado de algún escaparate. No los elegía por la utilidad que pudiesen brindarle, sino por la facilidad para sustraerlos sin que nadie lo descubriese.
Era viernes, y la perspectiva de tener por delante dos días sin ir a trabajar, lo predisponía a realizar su hobby con buen humor y más relajado. Seleccionaba con detenimiento las cosas que iba a robar, ya que de lunes a jueves se alzaba con objetos de todo tipo, que guardaba como trofeos a pesar de su inutilidad.
Lo había tomado porque le llamó la atención el envoltorio. Tenía la forma de un cubo pequeño, de no más de quince centímetros por lado. Lo abrió mientras bebía una cerveza sustraída del quiosco de la esquina. Era como una mamushka, y estaba en la séptima caja. Al principio no supo cómo asirlo, tenía varias extensiones de metal, otras tantas de madera y lo que parecía ser la parte principal tenía textura de piel de conejo. De una de las protuberancias de madera colgaba una etiqueta con la palabra Objetor y así lo llamó.
No tenía pilas ni cuerda. Todo lo que salía del cuerpo peludo y blanco era rígido. Después de mirarlo del derecho y del revés, sin encontrarle una parte de arriba o de abajo, lo colocó arbitrariamente sobre la repisa de su dormitorio, colmada de cosas inútiles.
Cenó una pizza, vio la película “El halcón maltés” y se acostó a dormir. Durante la noche oyó un ruido que lo sobresaltó, no por la magnitud, sino por la cercanía. Encendió la lámpara de la mesilla. Desde la cama echó un vistazo, todo parecía estar bien. Cuando se disponía a apagar la luz, vio que un peluche con cascabeles, que debía estar al lado de Objetor, yacía en el piso y este permanecía en su lugar, con las extensiones metálicas hacia arriba, pero él creía haberlas dejado hacia abajo. Sin darle mayor importancia al incidente, continuó durmiendo.
Por la mañana, remoloneaba feliz por no haber amanecido con el tortuoso sonido del despertador. Al darse vuelta para hacer un rato más de pereza, sintió el contacto de algo duro contra su pierna. Sentado en la cama vio que todos los objetos de la repisa estaban sobre las cobijas, salvo Objetor que permanecía allí con las protuberancias metálicas hacia abajo, tal como lo había dejado la noche anterior. Ernesto se levantó y tomándolo por la parte de piel de conejo, le hablaba como si fuese una persona.
―¿Vos hiciste esto? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Quién sos? Decime.
Mientras preguntaba en vano, lo daba vueltas una y otra vez buscando entre los pelos una boca, ojos, algún orificio, pero no había nada. Solo le pareció sentir en su pulgar, un leve latido en la parte más blanda de la piel de conejo, pero no pudo confirmarlo. Se quedó pensando en por qué le habrían puesto ese nombre. Lo relacionaba con objeto, objetivo, objeción… pero nada le parecía sensato. Le adjudicaba la culpa por lo sucedido pero no podía probarlo. Lo encerró dentro de la mesilla y pasó el fin de semana sin más sobresaltos.
El lunes se levantó para ir a trabajar y encontró junto a la puerta de calle una montaña de objetos robados, que sobrepasaba el dintel. Los que no habían sido robados permanecían en su lugar de la casa, con la única excepción de Objetor, que continuaba encerrado en la mesa de luz.
Se le hacía tarde, dejó todo como estaba y se fue a la oficina. Pasó el día sentado frente al ordenador, navegaba de un sitio a otro, abría archivos que al rato cerraba sin haber ejecutado ninguna acción. Al fin de la jornada, un poco por temor a volver a casa, pero sobre todo por costumbre, fue a la calle Corrientes y la recorrió desde el obelisco hasta Callao y de Callao de vuelta hasta el obelisco. En todo el trayecto no entró a ningún comercio. Era la primera vez en muchísimo tiempo que regresaría a su hogar con las manos vacías.
Cuando llegó, la montaña de cosas robadas había desaparecido. Objetor estaba sobre la repisa, había duplicado su tamaño y parecía bailar sobre sus extensiones de metal.
Comentarios (8):
Brandon Quiroga
20/06/2026 a las 02:49
Hola, soy tu vecino del piso de arriba JAJAAJAJAJA
He leído tu cuento y, sinceramente, he quedado fascinado. No tengo más que elogios. El toque surrea que poco a poco va adquiriendo me recuerda muchísimo a los trabajos de Julio Cortázar. No es necesario explicar lo irreal, sucede y transgrede lo cotidiano. El final desconcertante, de igual manera, tampoco necesita explicarse. Se sabe que es el objeto el que está provocando los eventos dentro de la casa, ¿por qué motivo?, la respuesta es abierta.
Me encanta. Si hay algún error de puntuación o de ortografía, no lo he notado por estar enfrascado en la lectura.
Gracias por compartir este trabajo. Voy a estar al pendiente de vos el siguiente mes.
JL.Martín
21/06/2026 a las 10:26
Un objetor de conciencia. Un fantasma al que le late un presunto corazón para que el personaje deje de robar y sea bueno. Un relato descriptivo que se lee de un tirón, amable y divertido. Duplicar el tamaño del Objetor, puede ser como un sueño que elimina lo robado para posicionarse como el “Rey de su conciencia”. Lástima que la ficción no nos deje vivir inmersos en las fantasías de este calado, que, de ser real, nos encantaría tener en la mesilla de noche para bailar con él. Muy bien. La imaginación y la creatividad… Al poder literario.
Moldy Blaston
21/06/2026 a las 12:26
Hola Hugo, soy tu vecino del #45 y este mes me toca comentar tu relato, con mucho gusto.
¡Qué historia tan fascinante has traído al taller! Me ha parecido una propuesta increíblemente original. El planteamiento de ese “ladrón compulsivo” que colecciona objetos inútiles como trofeos de su propia destreza es un personaje muy bien construido; genera una curiosidad inmediata y hace que el lector quiera saber qué pasa con esa psicología tan peculiar.
Lo que más me ha atrapado es el elemento fantástico, el tal “Objetor”. En mi opinión, has logrado darle un aire inquietante y misterioso, casi como si fuera un ente con voluntad propia. La escena del despertar con los objetos sobre la cama es muy visual; se siente esa mezcla de extrañeza y desconcierto que debe estar viviendo Ernesto. Además, el cierre es muy potente: esa imagen de Objetor bailando y habiendo crecido de tamaño le da un final abierto que deja al lector con la cabeza llena de preguntas. ¡Es muy efectivo!
Tienes una forma de narrar muy limpia y directa que hace que la lectura sea un placer. Me ha gustado mucho cómo has manejado la evolución de la historia desde algo cotidiano hacia lo fantástico sin que se sienta forzado. Es un texto con mucha personalidad y un ritmo que atrapa.
¡¡¡Te felicito!!!
Nos leemos!!!
Ignacio
22/06/2026 a las 10:07
Hola Hugo.
Gracias por tu comentario.
El relato de “Objetor” es simpático y entretenido. Podría meterse en el terreno del miedo o del moralismo, pero la opción de arrancar una sonrisa acompañada de cierta inquietud me parece muy acertada.
La definición del protagonista, nada más empezar, también es muy buena: “Ernesto era una de esas personas que si tuviese que elegir entre robar o hacer el amor, elegiría robar”
Con una frase así te puedes meter en cualquier historia que ya tienes el trabajo hecho.
Un gusto leerte
Violeta Negre
22/06/2026 a las 14:29
Qué buenísimo, Hugo, rebueno. Me encanta del principio hasta el final. Quiero un objetor para mi cumpleaños.❤️
Daniel Calleja
24/06/2026 a las 03:12
Hola, Hugo. Gracias por pasarte por mi relato. Sobre tu duda; el objeto atrae a los ladrones (y solo a ellos) y le hace creer lo contrario a lo que pasará (fama, fortuna, felicidad), aunque reconozco que puede ser difícil de inferir. Al corregir apurado borré las líneas que lo aclaran, por mirar sin lentes recorté para no pasarme de palabras y me sobraron cien.Tu historia tiene cierto paralelismo con mi cuento, un objeto misterioso que castiga a los ladrones, aunque el tuyo es mucho más benévolo. Tiene una prosa sobria, ágil y un ritmo que engancha y no te deja parar hasta el final. Al terminar hasta me cae simpático el protagonista humano y el objetor, algo así como un místico redentor que le avisa: ya no robes, no podrás quedarte con nada que no obtengas legalmente. Un gusto leerte. Saludos
Codrum
25/06/2026 a las 21:03
Hola Hugo, ¡Qué buen sabor de boca me ha dejado tu relato!
Me ha gustado mucho que no te centras en el acto de robar, sino en lo robado.
Has dado señales de que te costaba mucho mostrar y no contar, pero yo creo que lo has hecho bien.
Me ha gustado el tono que le has dado, el ritmo, el uso de un narrador cercano a los pensamientos del protagonista que nos muestra con cuidado todo lo que sucede.
Enhorabuena por el trabajo.
Codrum
27/06/2026 a las 09:39
Hola Hugo,
Gracias por tus comentarios a mi texto
Destellear y destellar significan lo mismo, pero se conjugan diferente.
https://dle.rae.es/destellear
No sabía que destellear es la forma más rara de usar ese verbo. En mi familia se usa destellear y no destellar .
Un abrazo