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LA MANCHA - por IGNACIO ZrgzR.
Web: https://manchasyletraszaragoza.blogspot.com/
Frotó con fuerza con la bayeta sobre la mancha. El ruido sordo de los restregones le ponía nerviosa. Por fin, los restos de café desaparecieron completamente. Tenía los dedos doloridos. A saber cuánta porquería se escondía en ese teclado. Aprovechaban para comer entre paciente y paciente y las migas tenían que ir a algún lado.
Lucía recordó la primera vez que fue a visitar a un médico, ella sola, con diecinueve años recién cumplidos; la doctora que le atendía tenía un cenicero lleno de colillas encima de la mesa. Eran otros tiempos. No se le olvida que mientras le confirmaban que estaba embarazada, ella se fijaba en las manchas que tenía en su bata y pensaba en cómo limpiarlas.
Siguió quitando el polvo en las estanterías y en los marcos de los cuadros y diplomas que adornaban la pared. Tenía que ganar tiempo y esperar a que la doctora y el enfermero se marcharan.
—De verdad, Lucía, te puedes ir. Si tienes la consulta que da gusto. Por un día que no se haga todo, no pasa nada.
—No se preocupe doña Carmen, no es la primera vez que me he retrasado y no me da miedo quedarme sola.
Por fin se marcharon los dos, no sin antes advertir Fernando a la limpiadora que se acordara de conectar la alarma cuando terminara de trabajar. Lucía se concentró en limpiar la camilla, las perchas y el lavabo. El inspector le había asegurado que todo saldría bien. Tenía que dejar pasar tiempo. Pensó en poner la radio para distraerse, pero tenía que oír si venía alguien. No sería la primera vez que la doctora y el enfermero se tomaran una cerveza en el bar de la esquina y subieran luego a recoger algo que se les había olvidado.
Pensó en Julián, encerrado en una celda. Tantas veces le había dicho a su hijo que no hay que tomar lo que no nos pertenece y ahora era ella la que actuaba como una ladrona. Si la pillaban, lo peor no iba a ser que la despidieran, lo que más miedo le daba era la vergüenza que iba a pasar.
El corazón le latía a toda velocidad y ya no quedaba más que limpiar. Cogió la llave del escondite donde la dejaba la doctora, abrió los archivadores, sacó las carpetas poco a poco, en varias tandas. Eran muchas y le habían advertido que no se podía perder ni un papel. Con las manos temblando las puso como pudo en el carro de limpieza, dentro de una bolsa grande de basura y salió de la consulta. Lo que más le molestaba era que cuando le preguntaran tendría que decir que se había despistado al no conectar la alarma, a ella que nunca se le olvida nada.
Bajó con el carrito al parking. El coche del inspector le estaba esperando. Don Alberto y otro que conocía de vista se apresuraron a coger todos los papeles.
Lucía se les quedó mirando.
—¿Lo van a soltar? —E insistió, al ver que el inspector no respondía a su pregunta— A Julián ¿Lo van a soltar? Me lo prometió.
—Tu hijo es un pájaro de cuidado. Ya te puede dar las gracias. Esta vez le va a salir gratis la aventura.
Al día siguiente, por la mañana, Julián entró por la puerta. Olía a humedad y sudor. Se encerró en su habitación con cara de culpable sin decir palabra. Por la radio contaban un escándalo referido a una ministra del gobierno. El teléfono sonó. Era Fernando el enfermero.
—Vas a tener que venir. Cuanto antes. Ayer unos ladrones entraron en la consulta y se llevaron los historiales de las pacientes. Es un desastre, no sé si has oído las noticias. La policía quiere hablar contigo.
Lucía dejó la comida de Julián preparada sobre la mesa de la cocina. Cogió el autobús y con el estómago encogido, subió a la consulta. Fernando le dijo que esperara. Había policías por todas partes. En un despacho contiguo pudo ver reunidos a doña Carmen, muy seria, y a don Alberto, con una expresión en la cara que ella ya empezaba a conocer. Le dijeron que entrara y lo primero que vio fueron unas manchas de café sobre la mesa.
Comentarios (8):
Codrum
20/06/2026 a las 14:33
Hola Ignacio;
Gracias por pasarte por mi relato. Justo estaba leyendo el tuyo.
Empiezo por tu pregunta, el título es la segunda parte de la frase final. En las noches despejadas del invierno… la escarcha hiela el infierno.
Es simplemente para decir que les espera una noche muy fría. Y que seguramente mueran los dos.
El protagonista puede ser quien tú quieras. Sí que puede ser un pájaro ( paloma) pero se podría leer como una madre humana … aunque no me salió como yo pensaba y queda muy muy velado.
Ahora tu texto. ¡ Lo que hace una madre por amor!
No hay duda de que tienes un relato profundo y bien pensado en la cabeza. No sé si cumple lo que pedía el taller, ya que la ladrona sabe perfectamente lo que va a robar – tal vez no sus consecuencias- y la última frase es genial. Me encanta la mancha de café.
En cuanto al reto, me resulta muy difícil entrar en qué es mostrar y qué contar. Pero dado que no hay muchos adjetivos explicando y las imágenes son claras, creo que lo has logrado.
Echaría un vistazo a esta frase
Por fin se marcharon los dos, no sin antes advertir Fernando a la limpiadora que se acordara de conectar la alarma cuando terminara de trabajar.
Me sobra “Fernando” no creo que sea importante.
Tenía que dejar pasar tiempo. Pensó en poner la radio para distraerse, pero tenía que oír si venía alguien. No sería la primera vez que la doctora y el enfermero se tomaran una cerveza en el bar de la esquina y subieran luego a recoger algo que se les había olvidado.
Aquí los dos tenían están demasiado juntos y el uso del condicional en subieran me resulta raro. Puede que sea correcto, no lo sé .
“Eran muchas y le habían advertido que no se podía perder ni un papel”
Aquí creo que tenías que decir eran muchos, ya que hablas de los archivadores.
Y hay alguna otra frase muy larga que a lo mejor se podría poner alguna coma para dar respiro.
Pero todo esto es muy subjetivo.
Yo me quedo con que la aventura está muy bien narrada, tiene miga y te hace pensar sobre el valor de las mamás.
Un saludo
MORGAN H. FREEMAN
20/06/2026 a las 14:53
Hoal Ignacio. Estupendo relato, como es habitual en tí. La trama está bien construida y se entiende todo en la primera lectura. El amor de una madre no es comparable con nada, y la tuya además es una limpiadora obsesiva que muestras muy bien desde la primera escena. En la segunda frase, por poneer algun pero, creo que lo correcto es “la” en lugar de “le”.
Un saludo.
Monica Bezom
20/06/2026 a las 20:28
Hola, Ignacio.
Antes que nada, muchas gracias por pasarte por mi Jacinto y por tu comentario.
En cuanto a tu historia, me tuvo bastante en vilo. Tiene dinamismo, intriga y un componente emocional que cataliza el conjunto. Me gustó mucho la construcción de Lucía y el recurso de las manchas, que atraviesa todo el cuento y le otorga unidad. También encuentro muy logrado el intento de mostrar más que explicar: el nerviosismo, la culpa y la tensión aparecen en los gestos y no tanto en las afirmaciones directas. Quizás el desenlace me dejó con alguna duda sobre las consecuencias concretas de lo sucedido; me pareció que la resolución quedaba más sugerida que desarrollada, pero, en general, lo encuentro un relato muy ágil, con una protagonista muy humana que lo ilumina de punta a punta.
¡Fue un gusto leerte!
Hugo
20/06/2026 a las 22:33
Hola Ignacio:
Me gusta tu relato. Lo primero a señalar es que cumple con los retos porque Lucía no conoce el contenido de los archivos, pueden ser historias clínicas o documentos que prueben acciones ilegales. No lo sabe ella ni nosotros, pero es suficiente con conocer que compromete a la doctora, al enfermero y quizás a otras personas como se sugiere más adelante con la ministra del gobierno.
También el reto optativo está logrado porque lograste mostrar muy bien el personaje de Lucía mediante su obsesión por las manchas, el amor por Julián y lo que hace por él.
La arquitectura de la trama está muy bien. Tiene un desarrollo lineal, solo hay un flashback cuando recuerda la primera vez que fue al médico, que contribuye a mostrar al personaje. Luego va dosificando la información para construir suspenso: “Tenía que ganar tiempo y esperar a que la doctora y el enfermero se marcharan.” “El inspector le había asegurado que todo saldría bien.” “ Pensó en Julián, encerrado en una celda.” Son algunos ejemplos de cómo la fuiste construyendo.
Muy bueno el final. Lucía, genio y figura hasta la última frase.
No tengo observaciones formales para hacer.
Nuevamente ha sido un placer leerte.
Otilia
21/06/2026 a las 09:59
Hola, Ignacio, gracias por tu visita y generoso comentario. Sí, Guereñu está en Álava a pocos kilómetros de Vitoria-Gasteiz.
Me ha gustado tu historia. Bien escrita, buen ritmo y lectura fluida.
Cumples los retos, roba las carpetas, pero no sabe el servicio que la policía hará del contenido y muestras bien con sus acciones el personaje de Lucía. ¡Enhorabuena!
Nos leemos.
Manuela Dilemás
22/06/2026 a las 10:23
Hola Ignacio, me ha gustado tu relato. Vaya madre abnegada capaz de cometer un robo para salvar a su hijo de la cárcel. En el texto me suenan raros estos condicionales: “No sería la primera vez que la doctora y el enfermero se tomaran una cerveza en el bar de la esquina y subieran luego a recoger algo que se les había olvidado”. No entro si es correcto o no porque no lo se, pero creo que es más natural poner las frases en pasado.
Me intriga cual es el destino final de los papeles, pero eso es otra historia. Nos leemos.
Brandon Quiroga
22/06/2026 a las 17:22
Hola, Ignacio. soy tu vecino del 47. Paso a comentar tu texto.
Primeramente, lo bueno. Es un cuento que se lee con facilidad, me gusta la trama de la madre que es capaz de poner en peligro su integridad profesional para ayudar a su hijo, aunque sea este un criminal que solo lleva vergüenza a su familia. ¿Qué es capaz de hacer una madre para cuidar de sus seres queridos? Me gustó también su obsesión por la limpieza, una obsesión que supera incluso su propio miedo.
Sin embargo, debo hablar también de algún puntos que necesitarían mejorarse solo un poco en favor de la claridad. Uno de ellos sería el principio. Quizá fue por intencional, pero en el principio es dificil de saber de quién se está hablando. ¿Son médicos? Es Lucía. Pero por la forma en la que está escrito es fácil pensar que se está hablando desde la perspectiva de otro médico, no de un personal de limpieza.
Respecto al final, creí que la mancha de café podría significar algo que la incriminara, sin embargo, creo que solo existe para subrayar el toc de la personaje y cómo este es superior a sus preocupaciones.
Nada más que agregar. Ha sido un cuento agradable de leer.
Felicitaciones.
Arc Frances
26/06/2026 a las 15:35
Hola, Ignacio. Gracias por pasarte por mi relato, el tuyo me ha parecido muy bueno.
Me llama la atención el uso de las manchas como ¿posible hilo conductor? Empiezan siendo algo físico, casi una obsesión de Lucía por dejarlo todo limpio, pero poco a poco adquieren otro significado. Da la sensación de que intenta limpiar también su conciencia, aunque sabe que hay cosas que no desaparecen con una bayeta.
Lucía no roba por codicia ni por ambición, sino por desesperación y por su hijo. Me parece un personaje muy bien construido. El final no necesita de grandes giros ni explicaciones, que la última imagen vuelva a ser una mancha de café cierra el relato de una forma muy elegante, porque conecta con el principio y deja la sensación de que, por mucho que limpie, hay marcas que permanecen.
Soy fan de estos simbolismos y siempre los agradezco cuando leo una historia, en tu caso que funcionan bien de principio a fin. Enhorabuena y gracias por compartirlo.