<< Volver a la lista de textos
La fotografía - por OtiliaR.
Estaba en la entrada de la mejor casa de labranza del pueblo en el que nacieron sus padres: la hacienda de los marqueses de Guereñu. Había quebrantado la ley por allanamiento de morada.
En ella habitaba la última marquesa con unos hábitos diarios fáciles de controlar; y el servicio, un matrimonio que vivía en un edificio dentro del inmenso jardín.
Decidió que el mejor momento para entrar era el sábado, alrededor de las seis. A esa hora, la anciana, con su ama de llaves, iba a misa y después visitaban a la madre del cura.
La intrusa siempre tuvo junto a ella a Miguel, un chico inteligente que sentía un pellizco en el corazón cada vez que los ojos de Odile le miraban. Fue él quien vigiló los movimientos del capataz. Este, después de controlar que los mozos habían cumplido los trabajos diarios de la heredad, se dirigía a la taberna a jugar la partida mientras tomaba un trago. Regresaba a las nueve.
Odile fue directamente al piso de arriba; conocía la casa como si hubiese crecido en ella. Su madre le había hablado de todos los aposentos. Era modista y arregló los vestidos que lucía la señora, por eso conocía hasta el dormitorio de los amos.
En el instante justo en que iba a entrar en el salón, resonaron unos pasos en la planta baja. Se detuvo. Sin respirar, escuchó los latidos de su corazón, voces que llamaban al capataz y, por fin, el ruido de la puerta al cerrarse.
Después de cerciorarse que estaba sola siguió con su propósito. Al lado del gran ventanal, estaba el piano que el marqués mandó traer para que su hija recibiera clases de música.
¡No tenía que buscar más! La tapa superior estaba llena de fotografías familiares. Recordó las palabras de su madre: «El portarretrato es de marquetería y de los más grandes». Pronto lo tuvo en sus manos. No, no robaba una joya, tan solo una fotografía de su padre.
Odile tenía dos años cuando él murió. Acababan de instalarse en la ciudad y todo había sido fácil. Su padre encontró enseguida un buen trabajo y compraron una casa bonita donde formar un hogar. Aquello era lo más parecido a la felicidad.
Pero la vida es una historia que siempre acaba mal, y pronto su madre se encontró sola con ella en la lucha del día a día.
Desde que tuvo uso de razón quiso tener toda la información sobre su progenitor, el niño huérfano que creció con la abuela. Y, desde niña, no pasaba un día sin mirar aquellas dos fotografías: una, la boda de sus padres; y otra, su padre con ella recién nacida en brazos.
Un día, al volver de la universidad, la esperaba una sorpresa:
—Toma, ordenando papeles he encontrado estos de tu padre ―dijo su madre alargándole un sobre.
Odile, emocionada, miró los documentos. El carnet de identidad, el de conducir y la cartilla del servicio militar.
— ¡Qué pena! En todos está la misma fotografía ―se quejó.
—Hay otra foto. ― El anuncio dejó intrigada a la hija.
— ¡Cuéntame! ¿Dónde está?
―Fue en Melilla — empezó a relatar con voz repleta de cariño y nostalgia—. Tu padre cumplía allí la «mili». Un día le llamó el Teniente Coronel del cuartel. Nervioso, se presentó y encontró al heredero de los Guereñu. Este, muy amable, le estrechó la mano mientras se presentaba y le decía, «Paisano, te invito a comer».
― ¿Y se sacaron una foto? —preguntó impaciente.
―Así es. Estaba muy guapo. Al volver licenciado la entregó a los marqueses de parte de su hijo Ignacio.
—Entonces, ¿estará en la casona?
Sin terminar de hablar su madre, Odile ya tramaba cómo apoderarse de la foto.
Enseguida preparó el viaje. Unos yacimientos arqueológicos encontrados cerca del pueblo fueron la tapadera. Se apuntó como voluntaria para las excavaciones. La admitieron y allí conoció a Miguel, un joven arqueólogo que dirigía los trabajos. Cuando Miguel estuvo al tanto del objetivo de su nueva amiga, primero la llamó loca, después opinó que otra forma de entrar en la casa podía ser la de llamar a la puerta y, por fin, en el tiempo libre la ayudó en las pesquisas para lograrlo.
¡Conseguido! Acarició el tesoro mirando absorta la imagen de su padre. Quitó el portarretrato, al hacerlo, leyó en el anverso de la foto:
«Fotografía en Melilla de mi difunto hermano Ignacio con su único hijo».
Había robado sin saberlo la prueba que la convertiría en heredera del marquesado de Guereñu.
Comentarios (7):
Ignacio
20/06/2026 a las 08:53
Hola Otilia. Con 35 habitantes, Guereñu es un pueblo situado cerca de Álava, en el País Vasco. Aunque no existe marquesado, sí que tiene una casa nobiliaria. En este contexto es perfectamente viable que el titular se llamara Ignacio, nombre muy habitual en el País Vasco y Navarra.
Tu historia, bien traída, me ha engañado completamente. Mientras leía pensaba: “le tendré que decir a Otilia que se ha saltado la condición de partida de que el ladrón no debe conocer de qué va el objeto robado” y al llegar al final, la arqueóloga se convierte en marquesa. Muy bien resuelto.
Monica Bezom
20/06/2026 a las 19:38
Hola, Otilia.
En primer lugar, muchas gracias por tu comentario y sugerencias a mi texto, que tomo con mucho gusto.
Yendo a tu historia, la encuentro estupenda, sólida y muy bien construida, con un giro final que sorprende y convence a la vez. Lo que me pareció brillante es que no es un truco; todos los elementos están sembrados desde el principio y cuando llegas a la revelación, uno se vuelve atrás y verifica que todo estaba ahí: es perfecto. La consigna la cumples de manera muy elegante; Odile sabe lo que roba pero no sabe lo que realmente es, que es tal cual lo que indicaba la consigna: la cumples de manera limpia y muy ingeniosa. No me queda más que felicitarte.
¡Enhorabuena!
Un placer leerte.
Moldy Blaston
21/06/2026 a las 16:34
Hola Otilia, muchas gracias por tu visita. Mes a mes nos leemos y me entusiasmo. No creí haber conseguido del todo el reto, por eso no lo marqué.
¡Qué historia tan emocionante nos has traído! Me has tenido en tensión de principio a fin. Logras un equilibrio muy bueno entre la planificación del robo —esos preparativos con Miguel le dan mucha credibilidad— y la carga emocional de Odile, que es lo que realmente te mantiene enganchado.
Lo que más me ha gustado es el giro final; toda la trama parece que va sobre el duelo y la memoria, y de repente, con una sola frase en el reverso de la foto, le das la vuelta a todo y conviertes un pequeño robo sentimental en una cuestión de herencia y estatus. ¡Un golpe de efecto magistral!
Si me permites una pequeña sugerencia, creo que el texto funciona perfectamente así, pero sólo si quisieras darle un toque extra de dramatismo, podrías detenerte un segundo más en la reacción física de Odile al leer esa dedicatoria. Ese momento en el que el mundo se le viene abajo —o se le abre de par en par— es tan potente que un par de líneas extra sobre sus manos temblando o el peso repentino de esa verdad le darían todavía más realce al cierre.
En serio, me parece un relato muy sólido y con una voz narrativa muy clara. ¡Es una delicia ver cómo has cerrado la historia! Felicidades por esta pieza, me ha encantado!
Nos leemos!!!
@HenkoSlowLife
21/06/2026 a las 16:46
Hola Otilia:
¡Enhorabuena! El relato es entretenido y con un desenlace sorprendente.
Quizá podría apoyarse un poco más en escenas y detalles para reducir algunas explicaciones, como la historia familiar de Odile y las circunstancias de su padre, que llegan mediante explicaciones retrospectivas. No obstante, entiendo que en un relato tan corto son necesarias para construir el desenlace.
El giro final me parece lo más potente del relato. Durante toda la historia acompañamos a una chica que busca una fotografía y, de repente, una simple frase escrita en el reverso transforma el significado de todo lo anterior. Ese descubrimiento cambia por completo la lectura de la historia y revela que Odile había robado mucho más de lo que creía.
Codrum
22/06/2026 a las 16:36
Hola, Otilia:
Voy a empezar por lo malo, que es lo que más duele pero también lo que más ayuda. La frase de inicio me parece que no es la mejor para enganchar. Demasiado larga y enrevesada, y el primer párrafo resulta demasiado explicativo. Se acumulan datos, horarios, personajes —la marquesa, el servicio, el capataz, los mozos, el cura…— y todo eso frena el arranque, cuando lo que el texto necesita es que entremos de lleno en la tensión del allanamiento. También me lío con los parentescos: no termino de ver claro si la madre vivía en esa casa o solo trabajaba allí, porque dices que “nacieron sus padres” y luego que ella era modista de la marquesa. Es un pequeño detalle, pero en un relato tan corto, cada palabra cuenta.
Dicho esto, lo que más me ha gustado del texto es lo que no está escrito. Me parece fascinante la cantidad de historias paralelas que has creado en torno a esa casa y las relaciones familiares para llegar al giro final. Ese momento en que Odile descubre que la foto que ha robado no es solo un recuerdo, sino la prueba de su herencia, es muy certero. Tiene la fuerza de una revelación bien medida. Y el personaje de Odile me parece bien construido: su necesidad de recuperar la imagen de su padre, esa obsesión desde niña, le da una profundidad emocional que justifica su arriesgado plan.
También me ha gustado mucho cómo manejas el suspense durante la entrada en la casa. Ese instante en que oye pasos y se queda sin respirar, escuchando los latidos de su corazón, es puro “mostrar” y rompe la exposición inicial. Es un detalle pequeño pero efectivo.
Quizá el texto peque de demasiadas explicaciones para su extensión. Hay información que se podría sugerir en lugar de contar: el parentesco con el marqués, por ejemplo, podría haberse insinuado antes a través de las fotografías que Odile miraba cada día, o en una conversación con su madre. Eso haría que el giro final no cayera tan de repente y el lector lo sintiera más orgánico. Pero aquí yo veo un potencial enorme para algo más grande, quizá un relato más largo o incluso una novela corta, porque la idea central es muy buena y da mucho juego.
Gracias por compartir tu texto. Un giro muy certero el de tu relato, y una historia que se queda dando vueltas.
P.D.: Si te apetece comentar algo, hazlo en mi texto directamente. Así me será más fácil localizar tus anotaciones. Y espero que esta valoración te sirva para algo.
Verso suelto
24/06/2026 a las 17:52
Hola Otilia, has escrito un muy buen relato en al que cumples cabalmente las premisas obligatorias. La ladrona ignora lo que roba y los lectores también, ambos nos llevamos una sorpresa mayúscula al descubrirlo. Todo funciona como un reloj en el texto. A mi tan solo me ha llamado la atención un par de cosas. La primera es la frase “La intrusa siempre tuvo junto a ella a Miguel, un chico inteligente que sentía un pellizco en el corazón cada vez que los ojos de Odile le miraban.” Me despistó, no pensé que Odile y la intrusa eran el mismo personajes hasta que volví a leer. La segunda es lo de los pasos en la planta baja, a mi juicio no aporta al relato, es más te quedas esperando a ver si tiene algún significado y no, o yo no le he visto.
Quitando esas dos cosillas, el texto me parece muy solvente y redondo. Te felicito.
Arc Frances
26/06/2026 a las 16:55
Hola, Otilia.
Me ha gustado tu relato. Confieso que este mes no me animé con el reto opcional porque me parecía bastante difícil, pero mientras leía el tuyo me resultó muy fácil meterme en la historia con lo que ibas mostrando en vez de explicarlo todo el tiempo, a pesar de algunos flashbacks que te ayudan a ir desenmarañando la historia. Me inspira a probarlo en alguno de los siguientes, a ver qué tal.
Con el tuyo me imaginaba perfectamente la casona, el piano, el silencio de la casa y esa tensión de Odile buscando la foto.
Y el final… para mí es lo mejor. Esa misión de recuperar un recuerdo que acaba en un “marquesa por sorpresa” completamente inesperado no lo vi venir jaja
A favor de la protagonista siempre, con toda la que monta por recuperar un pedacito de su padre, descubrir que también acaba encontrando sus raíces es un cierre muy bonito
Enhorabuena! He disfrutado mucho leyéndolo 🙂