Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

Robo sin patentar - por Cristina BridgertonR.

Web: https://delunora.substack.com/

Abro el portón trasero de la furgo y lanzo la mochila.

—¡Dile a David que arranque! —grito de manera atropellada a la vez que me agarro a María para subir. Mis manos están pegajosas.

—¿Todo bien? ¿nos siguen? —nuestro conductor nos mira fugazmente por el espejo retrovisor, pero pisa embrague, mete marcha y acelera en un segundo.

Me tiro de rodillas y empiezo a reírme a trompicones. El pasamontañas solo me da más calor, así que me lo quito y niego con la cabeza, mientras relamo el sudor de mis labios.

—¡Illo, di algo! —María me grita, pero parece que se queda sin respiración tras cada palabra.

—¡Que acabamos de hacer robo espectacular, joder! —vuelvo a reírme y me subo las manos a la cabeza— ¡Acabamos de robarle al Instituto de Tecnología más grande de España, chavales!

David me insulta, pero enseguida se une a mi energía y sube la música a tope. Highway to Hell, de AC/DC. Mi compañera de atraco levanta los brazos a modo de victoria y me rodea, con una carcajada tan alta que se escucha por encima de nuestro grupo favorito. Aún me tiemblan las piernas y noto que a ella también.

Nuestro conductor baja un poco el volumen, gira la cabeza por un momento y señala la bolsa que he traído con una sonrisa muy poco inocente. Sé lo que quiere. La arrastro hacia mí y los objetos de su interior provocan un tintineo, lo que remueve aún más las cosquillas que siento en la boca del estómago. No espero y abro la cremallera.

Discos duros, pendrives y varias carpetas con información confidencial de los proyectos más innovadores, obviamente, sin patentar. María se ríe porque sabe que esto vale mucho, mucho dinero. Rebusco un poco más en la bolsa y saco lo último, una pequeña esfera verdosa.

—¿Y esto qué es? —me la quita de las manos y la examina.

—No sé, la vi y pensé que era chula.

—Mientras nos den pasta por ella… —David nos echa una mirada divertida sin desviar sus ojos de la carretera.

María empieza a darle vueltas y a agitarlo.

—Tiene como un líquido dentro…

—¿Qué dices? —me acerco a ella para verlo y noto su aliento en mi mejilla. Todavía respira con cierta dificultad.

La pone a contraluz de la ventana. De repente, con el movimiento, el líquido empieza a volverse luminiscente y a cambiar de tonalidad hacia un verde radiactivo.

—¡Ostia! —David frunce el ceño alternando su mirada entre la carretera y esa cosa, que cada vez brilla más— ¡Pero apagad eso!

—¡Tío, no sabemos cómo!

—Cabrones, es que creo que estoy viendo luces azules —mueve frenéticamente sus ojos entre el retrovisor central y los laterales.

—Ay, ¿no me jodas que es la poli? —María se sujeta a mi brazo con fuerza.

Me adelanto y asomo la cabeza por el medio de los asientos; yo también veo luces de colores.

—No es la poli, es como si hubiese algo encima de nosotros…

De pronto notamos un movimiento raro en la furgo. David reacciona rápido y tira del freno de mano para derrapar, pero no pasa nada, de hecho nos quedamos completamente quietos.

—¡Pero acelera!

—¡No puedo! —dice, mientras pisa el acelerador a todo dar.

Empezamos a tambalearnos de lado a lado, como si nos estuviéramos separando del suelo y María, que se había quedado muda, empieza a gritar.

—¿¡Qué le pasa a esta mierda!?

Miramos hacia su dirección y vemos que la bola está flotando en medio de la parte trasera. A la vez, la furgo empieza a inclinarse hacia atrás, de manera que lo que vemos por el cristal delantero ya no es la carretera, sino el cielo.

María se resbala y se golpea contra el portón trasero, yo me agarro del asiento del copiloto y estoy prácticamente colgando. Cuando nos quedamos perpendiculares al suelo, esa pequeña pelota brilla tanto que estamos completamente cegados.

Como si tuviese vida propia, sale disparada hacia arriba, rompiendo el cristal y provocando que todos chillemos. Miro a mi izquierda y veo a mi compañero con un corte en la mejilla, pero lo que más me sorprende es su expresión petrificada. Nunca lo había visto así.

—¡Hostia hermano! Mira eso…

Muevo la vista al frente de nuevo y, por fin lo veo. La esfera se aleja hacia lo que nos está elevando, un enorme y colorido platillo volante.

—Chavales, creo que hemos robado lo que no debíamos…

Comentarios (0)

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *