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Un robo extravagante - por Manuela DilemásR.
Hacía una noche de perros. Cuando salió del taxi, se ajustó los guantes de algodón, negros, como el resto de su indumentaria y se subió el cuello del abrigo. Al llegar al exterior del gran edificio se cubrió la cara con un antifaz.
—Tendrá ayuda interna aunque para un hombre con un currículo tan extenso y brillante como el suyo, será coser y cantar.
Así se lo dijeron al hacerle el encargo. Al oírlo, Fede, el Manitas, se cuajó, no sabía si había guasa o veracidad en aquellas palabras porque lo suyo no era tan extraordinario: Tenía un pedigrí criminal escaso, tan solo dos veces había entrado en la cárcel: la primera a los dieciocho y, cinco años más tarde, cuando le pillaron durante el atraco a un banco porque la banda le dejó en la estacada. “Más vale solo que mal acompañado” se dijo entonces y perdió la ambicion malhechora. A partir de ese momento, su vida da fue un entrar y salir de comisaria por hurtos sin violencia y también de poco rendimiento. Así que ¿por qué aquel trío, dos hombres y una mujer que los dirigía con mano de hierro, le habían elegido a él para un robo tan extravagante? Dejó de darle vueltas, era un encargo tan rentable que le permitiría practicar el "dolce far niente" que siempre había soñado. Aún tenía mucha vida por delante.
Pese a que todo pintaba de color rosa, antes de aceptar, estudió el plan para descubrir si había puntos ciegos: No podía equivocarse, volver a la cárcel no era una buena opción.
Y llego el día, como estaba previsto: encontró la puerta posterior del laboratorio abierta, el pasillo solo iluminado por las luces de emergencia, los vigilantes pendientes de la final del Mundial de Fútbol que había paralizado el país. Todo iba a las mil maravillas.
Continuó sigiloso y al entrar en la sala de ensayos tuvo un vahído. Se sintió incapaz de llevar a cabo el plan trazado. ¿Cómo iba a mover todos aquellos todos aquellos cachivaches sin hacer ruido? El haz de la linterna, incidiendo en los vidrios, le deslumbraba. Todos los recipientes le parecían iguales. Respiró hondo para poder continuar.
Se movía con cautela entre los cuatro mostradores, su mirada iba de ellos a su reloj, porque el tiempo corría rápido y sabía que si no salía de allí antes de terminar el derbi, estaba perdido. Acercaba la vista para ver con precisión lo que cada recipiente contenía. El tiempo pasaba, sus nervios crecían. ¿Dónde estaría el maldito matraz con las burbujas azules todavía en ebullición? Manitas seguía en blanco, sin rastro de lo que buscaba. En su desesperación comenzó a sudar, se derretía como un azucarillo en un café con leche. “bah, tengo que seguir,”
—Gooooolllll. !!!!!
Sintió tan cerca los gritos que miró a la puerta creyendo que le habían descubierto. Entonces lo vio un pequeño armario de aspecto sencillo, como los que se usan en los jardines. Fue hacia él sin dudarlo, lo abrió con facilidad y una niebla fina lo envolvió. Durante unos segundos Manitas se sintió mareado, cuando se recuperó vio que desde el fondo un brillante liquido azul se movía llamando su atención.
Se asustó. Tanto, que su primer impulso fue huir a la carrera. Si lo hacía y conseguía salir del edificio sin ser visto volvería al barrio, tan pobre como había entrado. “Agárralo”, pareció que alguien le susurraba al oído. Y sin pensarlo lo cogió.
—>Oe, oe, oe, oe!!!!. Campeones, campeones!!
Ahora sí, las voces estaban muy cerca. ¿Cómo iba a escapar?
“Bébelo”, oyó otra vez en susurro. Lleno de temor, solo se mojó los labios y su cuerpo se sacudió a la vez que empezaba a disminuir de tamaño hasta quedar pegado al suelo como una hormiga. El matraz seguía en su mano. Fede el Manitas se dio cuenta de que aquel líquido tan inocente era un arma muy poderosa, pero en aquel momento, lo único que le interesaba era poder salir de allí. Después, ya se vería.
Comentarios (2):
Ricardo
19/06/2026 a las 14:10
Muy bueno. Me recuerda la historia de cómo nace un superhéroe o un villano. Un buen detalle incluir lo del Mundial de Fútbol. Ojalá logre usar esa fórmula para hacer el bien o se volverá un villano. Sólo el destino lo decidirá. Te felicito por tu historia.
Monica Bezom
19/06/2026 a las 19:05
Hola, Manuela.
Me toca comentar tu cuento y lo hago con mucho gusto.
La encuentro una historia que engancha desde el arranque con la atmósfera de noche de perros, el ladrón con su pedigrí modesto, construyes bien el suspenso. El detalle del Mundial paralizando al país —y de paso a los vigilantes— me pareció un toque muy gracioso y bien aprovechado.
Sobre la premisa de mostrar más que decir, creo que está lograda a medias; hay un momento que funciona muy bien: “se derretía como un azucarillo en un café con leche” transmite los nervios sin nombrarlos y es la imagen más viva del texto. Pero en general la voz narrativa tiende a explicar lo que siente el protagonista en lugar de dejar que se vea: “se sintió incapaz”, “sus nervios crecían”, “se asustó” son algunos ejemplos. En esos momentos, mostrar la acción o el cuerpo del personaje con algún gesto podría ser más potente.
El final, aunque abre una puerta interesante —casi el origen de un superhéroe o villano— me resultó algo arbitrario, en el sentido de la ausencia de precedentes que permitan asociarlo a la historia. Es mi idea. En general, ¡muy buen trabajo!
Un gusto leerte.