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Yaya - por Julio César BlancoR.
“Yaya”
Cuando ingresó a aquella casa, lo hizo con sigilo. Abrir el vidrio de la ventana que daba al jardín había sido fácil. No hizo ruido. Conocer el lugar lo hacía más sencillo, no había temblor en las manos ni el sudor perlaba su frente como otras veces. Sabía a lo que había venido y lo que tenía que hacer.
Esperó a que sus ojos se acostumbraran a la penumbra para comenzar su “trabajo”. Había luna llena, eso ayudaba.
La criada le había contado que en la biblioteca guardaban un tesoro del que todos hablaban, una reliquia invaluable que había pasado por generaciones.
Dirigió sus pasos hacia aquel lugar. Escuchó a lo lejos 3 campanadas.
─La caja en el centro, sobre la repisa─ le había dicho.
Abrió desmesuradamente los ojos cuando entró a aquel ambiente. La luz a través de la ventana le dio claridad. Libros muy antiguos que se podrían vender a buen precio a un coleccionista, candelabros de plata, espadas antiguas colgadas de la pared, cuadros valiosos. Todo ello le resultaba a la vista un botín sustancioso, pero no, el objetivo era “la caja”.
Se puso los guantes que usaba para no pincharse con las espinas. Esta vez tenía otro motivo; no dejar huellas.
Vio la caja tal como se la habían descrito. Sobre la chimenea.
«¿Qué podría haber en ella que sea tan valioso?», pensó.
Su mente jugaba con las imágenes.
Una joya de la familia, un diamante, un collar. Fue lo primero que se le ocurrió.
«Qué extraño lugar para guardarlo», meditó.
Levantó la caja y en ese instante se dispararon las alarmas. Raudo la guardó en la mochila y salió zumbando de aquel lugar, no le dio tiempo para tomar nada más.
En el camino de regreso cayó en cuenta que la mochila pesaba mas de lo que imaginaba.
«Esto debe ser algo muy bueno» concluyó con regocijo.
Al llegar al cuartucho donde vivía, con calma decidió ver el contenido de la caja que aseguraba “tesoros” por el que obtendría buen dinero.
Con la ayuda de un cuchillo logró abrirla y miró su contenido con satisfacción. Un jarrón aparentemente de oro yacía en su interior. En la tapa se leía: “Yaya, el tesoro más grande es tu amor”.
En aquel momento tuvo una epifanía que le hizo helar la sangre de rabia.
¡Era una urna! No estaba hecha de oro, y el contenido…cenizas.
Era obvio que el material que contenía los restos de “yaya” era latón, muy parecido al oro, pero de ínfimo valor.
De la rabia pasó al arrepentimiento. El también llamaba así a su abuela que lo había criado desde niño, cuando quedó huérfano.
Decidido a reparar su “error”; se prometió regresar a “yaya” con los suyos. La noche siguiente.
Nuevamente por el jardín y directo a la biblioteca. Esta vez lo estaban esperando. Se encendieron las luces cuando dejaba la urna y dos detectives lo redujeron.
Esa noche solo en el calabozo no estaba cabizbajo como otras veces. Se acumulaban recuerdos, pero también sosiego de saber que había obrado bien.
Solo había una frase que lo martillaba al recordar que su “yaya” siempre se la repetía: “el crimen no paga”.
Comentarios (9):
Monica Bezom
19/06/2026 a las 20:37
Hola, Julio.
Me toca comentar tu historia y lo hago con mucho gusto.
Lo encuentro un cuento dotado de una narrativa ágil y de fresca intriga. Hay un pasaje en particular que me gustó por cómo transmite la sorpresa y el vuelco emocional del personaje: “En aquel momento tuvo una epifanía que le hizo helar la sangre de rabia. ¡Era una urna! No estaba hecha de oro, y el contenido… cenizas. Era obvio que el material que contenía los restos de “yaya” era latón, muy parecido al oro, pero de ínfimo valor. De la rabia pasó al arrepentimiento. Él también llamaba así a su abuela, que lo había criado desde niño”. Entiendo que una lectura más estricta desde la consigna de mostrar más que decir, podría discutirse si en ese momento se explicita un poco demás. Sin embargo, a mí me funciona; el pasaje logra transmitir con claridad la conmoción del hallazgo y el cambio interno del protagonista; me pareció uno de los momentos más potentes del cuento.
Creo que también está logrado el reto opcional de mostrar más que decir; hay varios detalles concretos que construyen al personaje sin explicarlo de manera directa: los guantes que antes usaba para las espinas y ahora para no dejar huellas, el conocimiento de la casa, el peso inesperado de la mochila, o el alivio final en el calabozo. Son imágenes que ayudan a que el lector complete parte de la historia.
En general, me pareció un cuento sólido, con un buen giro y un cierre coherente con el recorrido del personaje. Me dejó la sensación de que, por una vez, el verdadero tesoro no era el objeto robado sino el recuerdo que despertó en quien lo tomó.
Felicitaciones!
Ana Piera
20/06/2026 a las 02:55
Hola, Julio, soy Ana Piera y me ha tocado comentar tu relato. Aquí voy:
Me gusta el final con esa carga emocional y moral. Descubrir que la caja contiene cenizas de la abuela y no un tesoro material da un cierre fuerte.
Me parece que el contraste entre lo que el ladrón espera encontrar y lo que en realidad encuentra, da fuerza al relato y lo diferencia de un robo convencional.
En áreas de oportunidad:
Creo que falta un poco de profundización en la psicología del protagonista, como que hacen falta más detalles internos para que podamos vivir la transformación del ladrón con mayor intensidad.
Algunas descripciones, como cuando se enumeran los objetos valiosos de la biblioteca alentan la acción. Se podrían condensar o integrar mejor para mantener el suspenso sin dispersar la atención.
Disfruté tu relato que tiene un aire de parábola moral y nos recuerda a los cuentos clásicos donde el castigo y la enseñanza van de la mano.
Saludos.
Julio Cesar Blanco
22/06/2026 a las 02:01
Muchas gracias Mónica por tu comentario. Valoro mucho viniendo de ti con la experiencia que tienes y los relatos que has escrito en el blog que, siempre los leo con muchísimo gusto y atención. Un abrazo
Julio Cesar Blanco
22/06/2026 a las 02:03
Hola Ana Piera, agradezco mucho tus comentarios y sugerencias. Las tomaré en cuenta. Gracias por tomarte el tiempo en leer mi relato. Gran abrazo
Manuela Dilemás
22/06/2026 a las 10:59
Hola Julio Cesar soy tu vecina de arriba. Tierno relato con un ladrón humano que cuando se da cuenta de lo que ha hecho quiere reparar su error y sale malparado. Creo que está bien hilado el robo de yaya con el recuerdo de su abuela, le da un toque de humor negro porque, teniendo tanta riqueza en la casa que le sacaría de apuros, solo se lleva la urna funeraria. ¿Por qué sigue las instrucciones de la criada?. En cuanto a lo formal, me parece muy correcto. Enhorabuena, nos leemos.
Julio Cesar Blanco
22/06/2026 a las 23:06
Hola Manuela, muchas gracias por tomarte el tiempo de leer mi relato y comentarlo. Quise ser sugerente en cuanto a las acciones de los personajes. El relato no lo dice explícitamente pero el lector puede intuir que si conocía bien la casa y usa los guantes para no hincarse con las espinas era el jardinero que podría tener una relación amorosa con la criada. El texto va dejando “pistas” para que el lector las hilvane, como el reto era mostrar y no contar, traté de cumplirlo en la medida de lo posible. Nuevamente agradecido por tu comentario.
Codrum
23/06/2026 a las 18:05
Hola, Julio:
Muy tierno el relato y una gran lección de vida: las yayas son lo mejor del mundo.
En cuanto al relato me gusta la base. La historia tiene fuerza y el texto se lee sencillo, con agrado y facilidad, pero es verdad que la personalidad del ladron, aunque se dan esbozos, no se llega a pintar. Tampoco que cuadra que la sirvienta le siga de robar una urna. ¿ por qué?
Como solo tenemos 750 palabras es difícil elegir y una vez construido es mucho más sencillo ver los fallos o lo que se podría mejorar pero me viene a la cabeza la posibilidad de reducir la introducción. El ladrón está dentro y la urna le llama de alguna forma. Eso nos daría espacio para ver la evolución del ladrón y poder creernos la moraleja final. Con la evolución que tenemos ahora mismo queda demasiado metida con calzador. En menos de 1/3 del relato, el protagonista cambia por completo. De la otra forma, liberando un poco de espacio, se podría ir construyendo poco a poco esa evolución.
¿ no sé qué opinas ?
Es que me parece que tiene jugo está fruta pero no está del todo exprimida.
En lo demás creo que cumples los retos en su mayor porcentaje. Alguna frase he visto que cuentas y muestras a partes iguales.
Por ejemplo en el inicio:
Abrir el vidrio de la ventana que daba al jardín había sido fácil. No hizo ruido. Conocer el lugar lo hacía más sencillo, no había temblor en las manos ni el sudor perlaba su frente como otras veces.
Si la ventana no hace ruido y se desplazas, ya entendemos que fue fácil. El hecho de que no sude y no tiemble, ya nos muestra que ha sido sencillo. De alguna forma nos muestra y nos cuentas.
¿ qué te parece?
Dicho eso quédate con lo positivo que lo demás es mi opinión y para nada me considero un experto del tema. Es más, me cuesta mucho.
Gracias por hacer recordar a mi yaya y por compartir tu texto.
Pd/ si quieres contestar a algo, hazlo en mi relato. No quiero que lo leas si no te apetece, es solo porque es más fácil de encontrar
Galia
23/06/2026 a las 20:12
Buenas tardes, Julio César, leí tu cuento, me gustó, un detalle me sonó un poco discordante, ¿cómo sabían los detectives que él iría a devolver los restos y lo esperaban?
Yo hubiera escarbado un poquito más en la mente del personaje preso, daba para más, pero no deja de ser un relato original. Nos seguimos leyendo. Saludos.
Julio Cesar Blanco
30/06/2026 a las 21:00
Codrum y Galia, muchísimas gracias por su comentario, queda anotadas sus observaciones y recomendaciones, gracias por tomarse el tiempo de leer mi relato y sobre todo comentarlo, un abrazo.