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MERIENDA PARA DOS - por Carmen SánchezR.
Calculo los movimientos indispensables hasta llegar al objetivo, imprescindibles operaciones matemáticas para determinar el ángulo, la velocidad, la trayectoria precisa para ejecutar el salto y hacerme con el botín.
El celo con que ella lo protege es señal inequívoca de su gran valor. No deja de escudriñar a ambos lados para descubrir mi presencia y, visiblemente nerviosa, trata de ocultarlo bajo sus manos, cuyo delicioso olor no pasa inadvertido a mi olfato.
Continúo en el rincón, bajo la silla, ella no sospecha que acecho tan cerca. Mis ojos persiguen sus movimientos: se aleja unos instantes, valoro aprovechar su leve distracción para pertrechar el delito, pero regresa de inmediato, mira a su alrededor, teme mi presencia, conoce mi astucia y sabe que no descansaré hasta hacerme con el botín.
No me ve, mi escondrijo es perfecto, disfruto de un panorama privilegiado sobre toda la estancia, pero soy invisible para ella.
Tras su última inspección ocular, parece satisfecha y descuida el paquete centrando su atención a algo que se encuentra dentro de la nevera.
Se inclina concentrada, sus hábiles manos manosean envases y platos con fruta y decido aprovechar la ocasión para deslizarme, despacio, silencioso, sin dejar de observar su espalda ni un instante por si decide cambiar de postura. Estoy cerca, mi boca saliva y temo que el castañeteo de mis dientes, causado por la emoción, delate mi presencia.
Me obligo a apretar los dientes para calmar mi ansiedad, recupero la compostura y continúo el camino, inclinado para aparentar ser más pequeño.
Tardo mucho más de lo previsto en recorrer el trayecto y eso me desanima un poco, valoro si dar la vuelta y ocultarme en espera de mejor ocasión, pero la curiosidad por el sospechoso bulto vence mis temores y avanzo ya con toda mi atención concentrada en el paquete envuelto con papel plateado, de forma rectangular y de provocador aroma.
Olvido a la mujer inclinada sobre el refrigerador con sus afanosas manos rebuscando dentro.
La cocina con sus muebles y electrodomésticos ha desaparecido de mí vista, incluso mi rincón apartado y discreto se difumina en niebla mientras avanzo, con el corazón palpitante, pero con pasos firmes.
Ella percibe algún peligro a su espalda y se da la vuelta, me ve. La sorpresa de mi aparición la deja paralizada unos instantes, solo unos instantes, pero suficientes para que mis rápidas garras cumplan su función.
Con un salto digno del más experto equilibrista, alcanzo el botín, lo atrapo con mis garras cuyas uñas sobresalen con toda la fiereza heredada de mis salvajes antepasados.
Sujeto la presa con mi boca y utilizo mis cuatro patas para correr veloz como alma perseguida por mil diablos en busca de lugar tranquilo donde inspeccionar el fruto de mi rapiña.
Ella corre tras de mi enarbolando el palo de la escoba y escupiendo todo tipo de exabruptos contra mi humilde persona.
Me refugio bajo la cama que habita pegada a la pared y apretado a ella, donde sé que la punta del palo no llega porque tomé la medida durante otra hazaña que quizás relate en otra ocasión, espero que la enojada mujer se calme mientras descubro el fruto de mi botín.
Arranco el papel con saña, clavando las uñas, mordiendo, desmenuzando el envoltorio con infinito placer hasta descubrir la sorpresa para comerla con placer leonino. La golosina era muy dulce, de color amarillo intenso, muy parecido al de mis ojos en días de mucha luz. Su textura era un poco granulosa, pero también suave y blanda. Jamás saboreé nada tan delicioso, tan delicado, hecho para paladares exquisitos como el mío.
Al terminar, abandoné mi refugio colmado, feliz, en busca del blando cojín para descansar la agitada merienda. Ella me esperaba con las manos en jarras, el ceño fruncido y el palo de la escoba abandonado en el suelo.
Froté mi cuerpo contra sus piernas y lancé un lastimero maullido. Ella me tomó en brazos, me acarició y dijo algo sobre una medicina y que me sentaría muy bien. Sentía tanto sueño que no presté atención. Caminé hasta mi almohada y me dispuse a tomar un largo y merecido descanso.
Comentarios (2):
Codrum
19/06/2026 a las 17:38
Hola, Carmen;
Me ha tocado pasar por aquí a comentarte y lo hago con gusto. No esperes un comentario tan acertado como el que “la profe” ha hecho pero… ¡ Vamos a ello!
El texto sin duda habla de un ladrón, desde que usa el olfato para cerciorarse de intuye que es un ladrón peculiar.
El ritmo del texto es muy vivo. Algo que se empareja muy bien con la escena. Y el giro final es divertido. Espero que no castren al ladrón. Al usar la primera persona la cercanía y la acción comienzan sin aviso y nos engancha desde el principio.
Eso es sin duda la parte positiva del texto que se lee con agilidad gatuna y te deja con una sonrisa .
Algún pero se podría poner a la selección de palabras. Hay más , pero me chocó especialmente “ inspección ocular” ( lo digo de memoria que con el móvil es difícil andar de arriba a abajo.
Es un animal muy culto.
Luego el reto. Mostrar y no contar.
Está claro que hay muchas acciones, son 750 palabras de acciones. Pero no sé si cumples las premisas del mostrar y no contar .
Esto que voy a decir a continuación espero que lo tomes como una opción y no como una verdad absoluta. A mí me cuesta mucho saber lo que se muestra y lo que se cuenta así que espero que aprendamos los dos
Voy a ir al primer párrafo, pero es extensible a todo el texto
“ Calculo los movimientos indispensables hasta llegar al objetivo, imprescindibles operaciones matemáticas para determinar el ángulo, la velocidad, la trayectoria precisa para ejecutar el salto y hacerme con el botín.” Para mí esto es contar. No le oigo balbucear la distancia que le separa, ni le veo morderse la lengua, rascarse la cabeza o cualquier otra cosa que muestre su dificultad en el cálculo, su empeño… simplemente me cuentas lo que está haciendo: un cálculo aritmético.
Siguiente frase : “El celo con que ella lo protege es señal inequívoca de su gran valor”
El celo: eso es contar también, ¿ cómo lo guarda? ¿ como lo esconde? La respuesta a esa pregunta según mi entender es contar y no mostrar
Y luego hay escenas que cuentan y muestran
“Arranco el papel con saña, clavando las uñas, mordiendo, desmenuzando el envoltorio con infinito placer hasta descubrir la sorpresa para comerla con placer leonino”
Con saña me obliga a ver, ósea me cuenta. Mientras el clavando las uñas me muestra el sentimiento que debo ver “saña”
Creo que este caso te pasa más veces, si quitarás algunos adjetivos que explican la acción y dejas la acción en sí misma, tendrías el mostrar mucho más nítido. ¿ qué opinas ?
La puntuación en este párrafo también me resultó un poco rara
Me refugio bajo la cama que habita pegada a la pared y apretado a ella, donde sé que la punta del palo no llega porque tomé la medida durante otra hazaña que quizás relate en otra ocasión, espero que la enojada mujer se calme mientras descubro el fruto de mi botín
No sé si es la coma delante del espero o que es…
Bueno, lo dicho: un texto fluido, imaginativo que te deja con una sonrisa y que cumple la principal misión del taller. El reto no lo sé .
Gracias por compartirlo.
Un abrazo
Codrum
19/06/2026 a las 17:49
Se me olvidó decir que el título, es un gran acierto