Literautas - Tu escuela de escritura

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La geometría del vacío. - por Moldy Blaston

El sudor le escocía en los ojos, una mezcla salada de esfuerzo y polvo que bajaba por los conductos de ventilación del edificio. Elmo se dejó caer sobre el suelo de hormigón de la azotea, con el pecho subiendo y bajando como un fuelle roto. La lluvia fina de la ciudad le calaba la ropa, pero el frío le importaba poco. Lo que le pesaba era el bulto en el bolsillo interior: un estuche de plomo, del tamaño de una baraja de cartas, que vibraba con un zumbido sordo.
No sabía qué demonios había dentro. Le pagaron una fortuna, más de lo que ganaría robando coches durante una década, solo por "sacarlo de la caja fuerte" y llevarlo al punto de entrega. Sin preguntas. Esas fueron las únicas instrucciones que le dio el intermediario, un tipo con olor a tabaco barato.
Se puso en pie, tambaleándose un segundo antes de recuperar el equilibrio. Bajó la escalera de incendios contando los peldaños, un tic que mantenía desde que era niño. Abajo, el callejón olía a basura húmeda y a los gases de los camiones de reparto. Se subió el cuello de la chaqueta y se dirigió hacia la cafetería de la esquina donde debía encontrarse con el cliente.
Entró. La campanilla sonó con un tintineo agudo. Elmo se detuvo en seco. La cafetería estaba llena. El camarero estaba limpiando la barra. Una pareja discutía en voz baja en una mesa del fondo. El olor a grano de café tostado y bollería rancia inundaba el ambiente.
Caminó hasta el mostrador, dejando el estuche sobre la madera. El sonido del metal contra la formica fue seco, rotundo.
—¿Puede guardar esto un momento? —preguntó Elmo.
El camarero siguió pasando el trapo, dibujando círculos concéntricos sobre la mancha de grasa. No levantó la vista. Ni siquiera parpadeó. Elmo golpeó la madera con los nudillos.
—Oiga. Estoy hablando con usted.
Nada. Ni un giro de cabeza, ni un destello de reconocimiento. Elmo miró a la pareja. El tipo de la chaqueta gris sostenía la mano de la mujer, pero sus ojos estaban perdidos en el vacío. Nadie miraba hacia la barra. Nadie miraba hacia él.
Un escalofrío le surcó la espalda. Elmo rodeó la barra y pasó detrás del mostrador. Se puso justo frente al camarero y le pasó la mano por delante de la cara, chasqueando los dedos a escasos centímetros de sus ojos.
El camarero suspiró, pero continuó limpiando el mismo punto de la barra.
Elmo retrocedió, con el corazón martilleando contra las costillas, justo donde el estuche seguía vibrando. Agarró el objeto. Lo sacó del envoltorio de plomo.
Era un cubo de cristal negro, tan oscuro que parecía absorber la luz de las lámparas fluorescentes del local. En su interior, una pequeña luz blanca se encendía y apagaba, lenta, rítmica, como un latido.
Entonces, el sonido de la cafetería se desvaneció. Las voces, el murmullo de la ciudad fuera, todo desapareció, succionado por el cubo. El silencio fue absoluto, tan denso que empezaron a dolerle los oídos.
Elmo miró hacia el espejo detrás de la barra.
Él no estaba allí.
La cafetería se reflejaba con precisión: las sillas, el camarero, la pareja, la cafetera industrial. Pero donde debería haber estado el reflejo de Elmo, solo había un espacio vacío, una pared de azulejos blancos intacta. Se tocó la cara, los dedos le temblaron al sentir la piel, pero en el espejo no había manos, ni rostro, ni cuerpo.
Miró el cubo. La pequeña luz blanca en su interior se quedó fija, cegadora.
En ese momento, el camarero se detuvo. Dejó el trapo, miró hacia el punto donde Elmo estaba de pie y sonrió. No era una sonrisa dirigida a él, sino una sonrisa al vacío, como alguien que mira un anuncio luminoso que ya no está ahí. El hombre se encogió de hombros, tiró el trapo a la basura y empezó a recoger las sillas, cerrando el local, ignorando por completo la figura invisible que, desde el centro de la sala, acababa de entender que el objeto que había robado no era un tesoro, sino un interruptor y que, al encenderlo, Elmo había dejado de existir para el resto del mundo.
El cubo se apagó. Elmo apretó los dientes, esperando que el mundo volviera a verlo, pero solo escuchó el cerrojo de la puerta. Se quedó allí, en la oscuridad absoluta, con las manos vacías y el peso de una eternidad que nadie iba a recordar.

Comentarios (16):

Diana T

20/06/2026 a las 01:32

Hola, Moldy.
Aquí estamos para comentar tu relato. Desde un inicio nos planteas un personaje, una misión y algo en juego. Tus descripciones son ricas en sensaciones, nos presentas lo que el personaje ve, lo que siente, lo que huele, lo que piensa, lo que recuerda. De hecho, en este aspecto me sorprende que no hayas marcado la R del reto opcional, porque considero que haz logrado con creces el mostrar en vez de solo contar. Hace poco vi un video que decía que mostrar no contar, no es dejar de contar, sino hacerlo inteligentemente, y tu lo haces así.

Me gusta la escena en la cafetería, pues notas como la tensión crece con cada descubrimiento. Aquí como pequeño detalle personal. ¿Qué hora es? Dudo que sea temprano, porque alguien no roba a plena luz del día, y aun así la cafetería está rebosante. Las cafeterías que conozco suelen cerrar a más tardar a las 10, e incluso entonces, no tienen tantos clientes. Tal vez lo más adecuado sería una especie de bar o cantina. Es un detalle mínimo, pero hace que el relato sea más creíble.

Además de esto, el único pero que pondría es el título, ¿geometría? En el relato no hay mucho que me lleve a pensar en esta palabra, pero quizás hay algo de lo que me estoy perdiendo.
Así como al final, cuando el prota descubre lo que le ha pasado, dice “el objeto que había robado no era un tesoro, sino un interruptor y que, al encenderlo, Elmo había dejado de existir”. Interruptor definitivamente no es lo que se me viene a la mente, y en qué momento lo encendió? Nuevamente, es una pequeñez, pero que a mi en lo personal no me termina de convencer.

Espero que mis comentarios resulten útiles. La verdad es que en general me gustó mucho tu relato, y a veces soy más estricta juzgando a los relatos mejor escritos, por eso lo que te digo son detalles muy específicos que considero, podrían darle otro nivel a tus palabras.
Sin más por el momento, te envío saludos 🙂 .

Monica Bezom

20/06/2026 a las 22:39

Hola, Moldy.
Me ha gustado mucho tu relato, lo encuentro muy bien construido, con descripciones precisas y una tensión que crece de manera sostenida. El oficio se nota en cada párrafo: las sensaciones están bien elegidas y la escena de la cafetería funciona perfecta. Las consignas se cumplen con solvencia aunque no hayas adherido al reto. Diana ya señaló los detalles más específicos, así que solo agregaría que el título promete una geometría que el relato no termina de desarrollar, y que el concepto del objeto como “interruptor” quizás podría encontrar una palabra más propia. Son detalles menores en un texto que mantiene eficazmente el suspenso y se lee con gusto.

JL.Martín

21/06/2026 a las 09:38

Hola, Moldy… Por Moldy, no sé si eres chica o chico. Original título y algo mucho más que un interruptor. Ya nos gustaría a algunos conseguir un aparato así que nos permitiera hacer desaparecer personas o cosas INDESEABLES. Es un relato muy bien desarrollado entre la ficción que parece de otro mundo y los párrafos perfectamente escritos. El lector entiende y camina con el personaje de modo perfecto y entendible. Estoy de acuerdo con los compañeros que comentan. Algunas fases están muy bien conseguidas desde el punto de vista de MOSTRAR. Un final que deprime pero para recordar. No sé si para la eternidad, pero para muchísimas más historias tuyas que podamos disfrutar.

KEKA

21/06/2026 a las 09:38

Moldy, tu relato me ha parecido muy original y describe un robo, que al final se vuelve contra él mismo, sumiéndole en una soledad contínua, la cafetería la has descrito muy bien y lo que al principio parecía una realidad pasa a convertirse en una atmósfera misteriosa y muy interesante, llegando hasta un final muy poco favorable para el protagonista, y deja ver la imaginación del escritor en este caso. Espero que sigamos leyendonos mucho tiempo y disfrutando con nuestros textos.

Moldy Blaston

21/06/2026 a las 12:41

Queridos compañeros y compañeras,…. mil gracias.

Diana T. ¡Mil gracias por el análisis tan detallado! Me sirve muchísimo. Tienes toda la razón con lo de la cafetería; el cambio a un bar o cantina le daría mucha más coherencia a la escena. Respecto al título y al uso de la palabra “interruptor”, entiendo perfectamente tu punto: igual me compliqué demasiado con la metáfora y terminó siendo confuso. Me lo llevo todo anotado para revisar esos detalles y darle una vuelta de tuerca a la claridad del final.
Agradezco mucho que seas estricta con el texto, porque es justamente lo que ayuda a crecer.

Mónica. ¡Muchas gracias por tus comentarios! Me alegra muchísimo que la tensión y el ritmo hayan funcionado bien; es gratificante saber que el esfuerzo en las descripciones ha dado sus frutos.
Coincido totalmente con lo que señalas sobre el título y el concepto del “interruptor”. Al final, me he dado cuenta de que, por querer ser sutil, quizás he dejado cabos sueltos que confunden más que ayudar. Me tomaré muy en serio tus sugerencias para darle una vuelta a esos detalles y que la historia sea más sólida. ¡Gracias por leerlo con tanto ojo crítico!

J.L. Martín, ¡Qué buen comentario! Me ha sacado una sonrisa lo que dices sobre la utilidad del aparato; la verdad es que, visto así, es una herramienta bastante tentadora. Te agradezco mucho las palabras sobre el estilo y la forma en que logré conectar con el lector; saber que pudiste caminar junto a Elmo durante toda la historia es el mejor cumplido que me puedes hacer.
Tomo nota de lo que comentas junto al resto de los compañeros sobre los detalles a pulir. Me quedo con mucho ánimo tras leer que el final, aunque deprimente, te ha dejado huella. ¡Espero seguir compartiendo contigo muchas más historias!

Keka. ¡Muchísimas gracias por tus palabras! Me hace mucha ilusión que hayas captado esa transición entre la realidad del robo y la atmósfera de misterio que intenté crear; era justo el efecto que buscaba. Me alegra que el final, aunque sea durillo para el pobre Elmo, te haya resultado interesante. Coincido totalmente contigo: ¡espero que sigamos leyéndonos y disfrutando de nuestras historias por mucho tiempo más en el taller!

Otilia

21/06/2026 a las 16:13

Hola, Moldy, gracias por compartir tu historia.
Moldy, ¿por qué no has marcado el reto? Tu relato muestra olores, sonidos y sensaciones del personaje. Me ha gustado la historia por su originalidad. Bien escrita y con buen ritmo que nos hace acompañar al ladrón en su agonía. ¡Felicidades!
En la ciencia moderna el vacío tiene forma y es una entidad dinámica como tu cubo negro y, aunque en el vacío no hay materia sigue teniendo propiedades geométricas. Eso o algo parecido demostró Einstein.
¡Nos leemos!

Codrum

22/06/2026 a las 15:42

Hola Moldy,

Primero quiero darte las gracias por pasarte por mi relato y … muchas gracias por leerlo como lo has leído. Mi intención era exactamente lo que tú has dicho. Quería que todo pareciera la actividad de una paloma, pero en realidad fuera una persona. Tal vez, graznido debería haber sido chillido para no dejar duda. Pero por eso usé palabras como piernas en vez de patas, casa en vez de nido, hago que llore y que recuerde un refrán que se inicia en la última frase y se completa con el título. Quedando: en las noches estrelladas del invierno… … la escarcha hiela el infierno.

Me hizo mucha ilusión que lo vieras de ese modo. Sé que suelo ser muy críptico y esta vez me he pasado, pero tú lo has leído con la intención que yo tenía. Así que me veo en la obligación de preguntarte: ¿Cuándo te diste cuenta de que era una persona?

Responde por favor en mi texto, así lo veré más fácil.

Codrum

22/06/2026 a las 15:59

Ahora tu texto.

Es muy rico en imágenes. Reconozco que la primera frase me resultó confusa, lo de los tubos de ventilación; estamos de repente en la azotea. Y que luego me encantó lo del fuelle roto.
El modo de mostrar es genial: tabaco barato, se tambalea de cansancio, contar las escaleras para indicar que el tipo tiene sus manías,…
Usas mucho el olor, y creo que es algo que no es muy típico. Has elegido olores comunes que ayudan a imaginar.
Me has enseñado la palabra “Formica”, que no había leído nunca.

Así que creo que el objetivo del taller lo has cumplido y el reto también.
A lo mejor explicas demasiado al final: “el centro de la sala, acababa de entender que el objeto que había robado no era un tesoro, sino un interruptor y que, al encenderlo, Elmo había dejado de existir para el resto del mundo.”
Esta frase me parece que se podía ahorrar, porque ya nos has dado mucha información sobre cómo el cubo le hizo desaparecer. Pero da pie a una frase genial: “El peso de una eternidad que nadie iba a recordar”. Así que tengo mis dudas sobre cómo lo haría. No sé si lo encendería y lo apagaría varias veces hasta que deje de funcionar y lo deja encerrado allí… es un ladrón, encajaría que celebrara el poder de desaparecer y luego, tras tanto probarlo… ¡Zas! le deja encerrado en la nada. ¿Qué opinas? Algo que no sea tan moralizante y que te deje poner esa frase final bien potente.

Y ahora el texto. Genial, desde el principio vemos al ladrón en la azotea, cansado por el esfuerzo, luego se recupera y el ritmo va más despacio. Se sube el cuello para no ser reconocido y llega al bar. Ahí ya es todo una locura (en el buen sentido). Pensaba que iban a ser robots sin batería o algo raro, pero no, ¡es un cubo! Cómo lo describes está muy bien, el modo en que el camarero ni se inmuta y luego el silencio que duele…

Un gran trabajo, mucha imaginación y un texto que te atrapa como un cubo de cristal negro.

Y como te han dicho, deberías haber marcado la R

Verso suelto

22/06/2026 a las 17:11

Hola Moldy Blaston. Muchas gracias por tu visita y sugerencia. En tu relato generas intriga con gran eficacia. Ese camarero que ni oye ni ve es un gran logro. Todo el relato es muy visual, nos das señas muy concretas de la cafetería que nos ayudan a estar dentro contemplando la escena. Todo está envuelto en un gran misterio: el cliente que huele a tabaco barato y que paga un pastón a un simple ladrón de coches, el extraño objeto robado…
Hay alguna cosa que me ha despistado, por ejemplo que, sin conocerle, pida al camarero que le guarde el botín. Él debe suponer que es muy valioso.
Estamos en el género fantástico y teniendo eso en cuenta yo no desvelaría la naturaleza del objeto, pero claro eso es muy fácil de decir, luego hay que buscar otra forma elegante de acabar el cuento. Creo que tienes entre manos un muy buen texto que, con un poco más de trabajo puede ser un gran relato. Nos leemos.

Moldy Blaston

22/06/2026 a las 18:14

Otilia, Codrum, Verso Suelto, … Es increíble lo que aporta un espacio como este. La verdad es que, como escritor amateur, uno a veces escribe un poco a ciegas, encerrado en su propio mundo y con el miedo de no saber si lo que tienes en la cabeza llega realmente al papel. Por eso, leer vuestras opiniones, ver dónde habéis conectado, qué detalles os han chirriado y en qué partes os he despistado, es el mejor regalo que puedo recibir.

Gracias por dedicarle tanto tiempo y cariño a diseccionar mi texto; ayuda una barbaridad a quitarse los vicios propios y a darse cuenta de que, al final, la historia no es solo lo que yo escribo, sino todo lo que cada uno de vosotros encuentra en ella al leerla. Ese proceso de ‘devolver’ el relato con vuestras preguntas y sugerencias es lo que realmente marca la diferencia y me ayuda a crecer. Contar con una mirada tan atenta al otro lado es increíble; gracias por tomaros esto con tanta seriedad y por enriquecer mi historia con vuestra perspectiva.
¡Nos seguimos leyendo!

Codrum

22/06/2026 a las 19:43

Me alegra me mi opinión te ayudará.
Para eso estamos aquí .

Gracias por tu aporte. Si modifico el texto lo tendré en cuenta y meteré más palabras de “humano” para que se vea mejor.

De hecho, pensaba en paloma y las palomas de ciudad suelen tener los dedos amputados…. Pero debo de reconocer que no sé si se llaman dedos o no jajaj

Y en cuanto a lo de explicar de más o de menos.. eso es un equilibrio difícil de encontrar. Yo siempre ( según las respuestas que obtengo) explico demasiado poco.

Así que ¡ a seguir escribiendo! Para mejorar.
Un saludo

Pilar ( marazul)

22/06/2026 a las 20:10

Moldy, has conseguido que me angustie leyendo tu relato: volverse invisible para el resto del mundo puede tener sus ventajas, pero también muchos inconvenientes.
Un relato de ficción bien escrito y entretenido. Lo que no
llego a entender es lo de que el robo fue por encargo. Eso me ha generado dudas porque deja un cabo suelto…Tal vez si el ladrón hubiese cometido el robo por su cuenta, sin conocer su contenido, claro…la historia tenga más sentido. O tienes pensada una segunda parte?
Estoy muy de acuerdo contigo en el comentario que haces de lo enriquecedor que resulta conocer las diferentes interpretaciones que un relato puede provocar. Me resulta curioso, a mi también, gratificante y hasta divertido.
En fin, Moldy, que me ha gustado
mucho leerte.

Hugo

23/06/2026 a las 17:59

Hola, Moldy:

Muchas gracias por comentar mi texto. Me alegra mucho que te haya gustado.

Llego al tuyo un poco tarde y con la difícil tarea de agregar algo a los muy buenos comentarios que te han hecho. De más está decir que me pareció un excelente trabajo, lleno de imágenes sensoriales y con una prosa ágil y clara que hacen de la lectura un verdadero placer.

Lo que más me gustó fue el comienzo con Elmo saliendo de los tubos de ventilación una vez consumado el robo y el final, con “el peso de una eternidad que nadie iba a recordar”, es muy bello.

Te menciono algunas cosas que me hicieron un poco de ruido:

Elmo se menciona en trece oportunidades.

Cuando Elmo llega a la cafetería deja el estuche de plomo sobre el mostrador, pero unas líneas más adelante dice “Elmo retrocedió, con el corazón martilleando contra las costillas, justo donde el estuche seguía vibrando.” ¿Estaba en su bolsillo interior o sobre el mostrador?

Desde un principio, Elmo es invisible para todos los que están dentro de la cafetería. Está claramente mostrado en los intentos que hace para obtener la atención del camarero y también la pareja parece ignorar su presencia.

Luego aparece el pequeño cubo negro que “parecía” absorber las luces fluorescentes y provoca un silencio absoluto dentro y fuera de la cafetería. Recién ahí Elmo se da cuenta de que es invisible. Ni siquiera él puede verse en el espejo, pero esa invisibilidad no me parece provocada por el cubo al momento de sacarlo del estuche. Ya existía desde el principio, solo que no se había dado cuenta. Por eso me confunde esta frase:

“…el objeto que había robado no era un tesoro, sino un interruptor y que, al encenderlo, Elmo había dejado de existir para el resto del mundo.”

Tal como se desarrolla la trama, creo que había dejado de existir desde el momento en que roba el objeto.

“El hombre se encogió de hombros…” Hombre y hombro hacen cacofonía.

Felicitaciones !!!
Nos seguimos leyendo.

Brandon Quiroga

24/06/2026 a las 17:34

Paso para agradecer por tu comentario en mi cuento.
Lamento llegar tan tarde, y que no pueda aportar nada significativo con mi comentario, ya que la mayoría de observaciones que tengo ya fueron señaladas por los compañeros escritores en sus respectivos comentarios.
Sin embargo, aún así, quisiera hacer un comentario un poco más estructural, viendo los cuentos desde su estructura.
Dice Anton Chejov que no debe haber ningún elemento dentro de un cuento que no deba ser utilizado después. Si al principio del cuento colocás una pistola, esa pistola debe ser disparada al final. Y esto es algo que debemos tener muy en cuenta al momento de escribir cuentos (yo peco de violar esta ley muchas veces). Y veo que este problema está presente en tu cuento. Es un problema menor, muy menor, pero que está. Y es la presencia de un contratista y el contratado. Al final el personaje contratista no tiene relevancia en la totalidad del texto así como el hecho de haber sido contratado. Podrías omitirlo y no afectaría al texto. Y eso es muy peligroso dentro de un tipo de texto donde absolutamente todo debe contar. Creo que alguien ya te comentó que podrías hacer como que el tipo robara el objeto por su propia cuenta y que luego tuviera el momento de revelación. Puede corregirse. Todo trabajo puede corregirse.
Por lo demás, solo decir que me gusto el giro surreal que adquiere poco a poco el cuento. Me parece que está muy bien logrado.
Felicidades por tu cuento.
Nos seguimos leyendo el próximo mes.

PROYMAN1

27/06/2026 a las 11:10

Saludos Moldy a continuación comento tu relato que como siempre me ha gustado aunque los compañeros se encargan de ampliarlo. Este relato construye una atmósfera inquietante desde el primer párrafo, mezclando cansancio físico, lluvia y un objeto misterioso que vibra como si tuviera vida propia. Elmo es un personaje atrapado entre la necesidad y el miedo, y su desconcierto se intensifica cuando la cafetería se convierte en un escenario donde nadie parece percibirlo. La narración avanza con un ritmo preciso, aumentando la tensión a medida que el cubo revela su naturaleza anómala. El momento en que Elmo descubre su ausencia en el espejo es un golpe narrativo potente, casi cinematográfico. El giro final, donde el protagonista comprende que ha sido borrado del mundo, transforma el relato en una reflexión oscura sobre la invisibilidad y la pérdida de identidad. En conjunto, es una pieza que combina muy bien lo urbano, lo extraño y lo trágico.
Como siempre bordas tus relatos creando la escena adecuada en el momento.
Así mismo te doy las gracias por haber leído el mío y cómo siempre nos seguiremos leyendo.

Moldy Blaston

01/07/2026 a las 17:15

Pilar, Hugo, Brandon, Proyman1, muchísimas gracias por vuestros acertados comentarios, que me servirán en un futuro para intentar evitar cacofonías, repeticiones, omisiones no necesarias, incluso apareció el “arma de Chejov”, principio narrativo por el cual cada elemento introducido en una historia debe ser necesario y tener un propósito. Si se menciona un detalle, objeto o personaje al principio, debe tener relevancia y utilizarse más adelante, cosa que no hice con el personaje que contrató al ladrón. En definitiva, aparte de por supuesto todas vuestras palabras de aliento, que aportan carburante para seguir, todos vuestros consejos no caerán en saco roto. Gracias de nuevo.

Nos leemos!!!

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