Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

El huevo Kinder - por DANI BOUQUETR.

La camarera colocó dos cervezas sobre la mesa. Johnny le entregó un billete y una sonrisa.
—Gracias, jefa. Quédate el cambio.
Cuando ella se alejó, él le hizo un gesto a su amigo con la mano extendida, abarcando la cafetería del centro comercial.
—Comienza el juego. Elige un huevo Kinder.
— No sé… —Luisma miró a las personas que merendaban tranquilamente a su alrededor. —Estoy cansado de esto, Bro. Esta noche me gustaría acostarme y pensar que he hecho algo bueno.
Johnny dio un trago largo a su cerveza.
—Elige un huevo Kinder —insistió.
Luisma bajó los hombros con resignación y analizó a la multitud que ocupaba las mesas. Había un grupo de mujeres con niños a cierta distancia; sus bolsos estaban mal puestos sobre una silla. Johnny siguió la dirección de los ojos de su amigo.
—Ni de coña, son madres. Están alerta.
Luisma estaba de acuerdo. Siguió escudriñando a su alrededor, hasta descubrir a una pareja sentada cerca de la puerta.
—Lo tengo —Luisma señaló con la barbilla.
El hombre vestía de Lacoste. La mujer lucía gafas de Prada a modo de diadema y del respaldo de su asiento, colgaba un bolsito Gucci. Habían dejado sus IPhone de forma descuidada sobre la mesa. Él tenía la nariz roja y los ojos vidriosos. Ella le golpeaba el pecho con un dedo, mientras sus labios pronunciaban en voz baja un evidente “gilipollas”.
—Ok —asintió Johnny—. Vamos allá.
Ambos se levantaron y fueron hacia la puerta. Al pasar junto a la mesa de la pareja, Johnny tropezó, hizo aspavientos con los brazos y cayó de espaldas, golpeándose justo con esa mesa. Las personas que estaban alrededor abandonaron deprisa sus asientos para ayudarle. La pareja se levantó también para auxiliar al caído, que yacía a sus pies. Luisma se llevó las manos a la cabeza con preocupación.
—Lo siento, qué vergüenza… —Johnny consiguió ponerse en pie con la ayuda de las personas que le rodeaban, mientras exhibía su mejor cara de mareo.—Estoy bien, gracias…—aseguró a los presentes atusándose la ropa y abandonando el bar del brazo de Luisma, que le servía de apoyo.
Continuaron andando de esa manera hasta llegar al baño del centro comercial y, una vez allí, comprobaron que estaban solos. Entonces Luisma abrió su chaqueta para mostrar el bolsito Gucci.
—Tengo el huevo Kinder —dijo apartando un mechón de su cara. Rápidamente, sacó el contenido del bolso: una cartera, las llaves de un Lexus… y una pequeña pistola. —¡Joder! —La pistola se resbaló de sus manos temblorosas. —¿Qué hacemos, Bro?
Johnny frunció el entrecejo.
—Las armas traen problemas. —Cogió un trozo de papel higiénico y, con cuidado de no tocarla, tiró la pistola a la papelera y la cubrió de mucho papel. —Solucionado; nos quedamos con el coche.
Caminaron hacia el aparcamiento del centro comercial con paso decidido. Cuando llegaron, les bastó apretar el botón de la llave un par de veces para ver las luces del Lexus encenderse.
Luisma lanzó la llave a Johnny.
—Conduce tú, Bro —dijo subiéndose en el lado del pasajero—. A mí me tiemblan las piernas.

Un rato más tarde, Johnny conducía irradiando satisfacción. Parecía el final perfecto para ese día, pero sólo habían recorrido unos cuantos kilómetros bajo el sol del atardecer, cuando un grito les hizo frenar en seco. Casi sin atreverse a mirar, giraron sus cabezas lentamente. Otro grito escapó del maletero.
—Venga ya… —Luisma bajó de un salto, rodeó el coche hasta la parte trasera y lo abrió. Johnny se situó a su lado. No pudo evitar pellizcarse el puente de la nariz con un resoplido al ver lo que había dentro.
Una adolescente, atada de pies y manos, se había arrancado de alguna manera la mordaza que cubría su boca.
—¡Ayuda! —imploró la muchacha con lágrimas en los ojos.
—Mierda… —Johnny se dio la vuelta negando con la cabeza.
Luisma tendió una mano a la chica y la ayudó a salir del maletero.
—¿Sois policías? —preguntó ella con un hilo de voz.
—No, pero vamos a llamar ahora mismo —la tranquilizó Luisma. Después le dio una palmada en la espalda a su amigo. —Vete, Bro.
—Vaya desperdicio de huevo Kinder. —Johnny se alejó del coche maldiciendo por lo bajo. —Avisa si te enchironan, iré a sacarte.
Luisma llamó a la policía desde su móvil. Luego, mientras esperaba junto a la chica, escuchó su historia con una sonrisa calmada. Puede que esa noche durmiera en comisaría, pero, sin duda, lo haría tranquilo.

Ccomentarios (1):

Iria (Literautas)

19/06/2026 a las 10:12

¡Hola, Dani! Tu relato ha resultado el escogido por sorteo para recibir mi comentario en este taller, así que aquí lo tienes. Antes de nada, gracias por participar y por compartir tu texto con nosotros.

Empezaré, ya que era uno de los requisitos para participar en el sorteo, por el reto, que consistía en trabajar el “mostrar en lugar de contar”. Es decir, en hacer que el lector pudiera comprender lo que sucede a través de las acciones de los personajes, los diálogos, los gestos y las reacciones, en lugar de explicarlo a través del narrador.

Creo que lo has conseguido. Tu relato nos sitúa en el aquí y ahora de la escena y deja que veamos a los personajes en acción. Está contado de forma muy visual y permite que el lector entienda lo que ocurre sin necesidad de demasiadas explicaciones.

Además, el texto tiene un ritmo dinámico que encaja bien con lo que estás contando. No te entretienes en descripciones innecesarias y las frases suelen ser cortas y ágiles. Esto favorece la sensación de movimiento y refuerza el punto cómico que parece que quieres darle.

Si tuviera que hacerte alguna recomendación en cuanto al aspecto formal, te diría que revisaría esta frase: «La mujer lucía gafas de Prada a modo de diadema y del respaldo de su asiento, colgaba un bolsito Gucci». Yo quitaría la coma después de “asiento”, porque interrumpe la relación entre el complemento inicial —“del respaldo de su asiento”— y el verbo —“colgaba”—. La frase quedaría más limpia así: «La mujer lucía gafas de Prada a modo de diadema y del respaldo de su asiento colgaba un bolsito Gucci».

También probaría a leer unas cuantas veces en voz alta este párrafo: «Ambos se levantaron y fueron hacia la puerta. Al pasar junto a la mesa de la pareja, Johnny tropezó, hizo aspavientos con los brazos y cayó de espaldas, golpeándose justo con esa mesa. Las personas que estaban alrededor abandonaron deprisa sus asientos para ayudarle. La pareja se levantó también para auxiliar al caído, que yacía a sus pies. Luisma se llevó las manos a la cabeza con preocupación».

Es el corazón del relato, el momento en el que se ejecuta el robo, pero creo que la sonoridad aquí no funciona tan bien como en otras partes. Hay varias repeticiones cercanas —“mesa”, “personas”, “pareja”, “levantaron/se levantó”— y algunos movimientos podrían ordenarse de forma un poco más limpia para que la escena resulte más ágil. No es un problema de comprensión, porque se entiende lo que sucede, sino de hacer un pequeño ajuste de las frases y conseguir que sea un poco más fluido el párrafo.

De todas formas, esta es una cuestión bastante subjetiva. En conjunto, me parece que has hecho un muy buen trabajo en cuanto a la forma. El relato se lee con facilidad, tiene ritmo y deja que la escena se muestre al lector.

En cuanto al contenido, también me parece que el relato funciona muy bien. La situación tiene un punto muy divertido, con ese toque de comedia negra de dos ladrones que creen tenerlo todo bajo control y van encontrándose con una sorpresa peor que la anterior. El giro final del maletero tiene mucha gracia y lleva el concepto del “huevo Kinder” hasta sus últimas consecuencias.

Lo que echo un poco de menos, aunque entiendo que no es fácil desarrollarlo en el espacio de los relatos del taller, es una mayor tensión entre Johnny y Luisma y un pequeño arco en los personajes. Ahora vemos que Johnny es quien incita a Luisma a la acción, mientras que Luisma empieza con dudas y acaba “sacrificándose” para hacer lo correcto. Creo que el relato podría ganar fuerza si esa relación se tensara un poco más y, al final, fuera Johnny quien se sacrificase. Es decir, que, de alguna forma, los dos personajes intercambiasen los papeles.

Creo que un giro así, más emocional y vinculado a los protagonistas, podría hacer que el relato funcionara no solo como una anécdota divertida, sino también como un pequeño viaje de los personajes.

En cualquier caso, el relato me ha gustado mucho, he disfrutado leyéndolo y me ha parecido divertido. ¡Te felicito!

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *