Literautas - Tu escuela de escritura

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Jacinto - por Mónica BezomR.

—¿Lo vas a llevar, nomás? —preguntó la mujer.
—No conseguí otra solución —dijo el marido—. Va a estar mejor. Y capaz acaba siendo artista.
Su mujer asintió con pesar.
—Nos vamos, pues.
La tarde caía con pereza sobre los eucaliptos.
Llegaron de noche. El hombre amarró a Jacinto en la parte trasera de la carpa. Desviando la mirada del animal que lo observaba confiado, le acercó agua y unas zanahorias. Luego besó su cabeza, acarició sus orejas peludas y se alejó.
Los bultos de la mudanza estaban listos. Casi sin hablar, los esposos abordaron la camioneta, rumbo a la ciudad.

***
Pasadas las 10 de la noche, Emilio estacionó el colectivo y se estiró antes de ingresar a su casa.
Desde la mesa, el pedazo de queso sonreía junto a una botella de vino.
Un telegrama aguardaba paciente en el suelo del zaguán.
“En nuestro carácter de nuevos acreedores de su deuda, intimamos 72 hs la cancelación anticipada bajo apercibimiento de desalojo y costas”.
Emilio se abalanzó sobre un cajón guarda papeles. Había un sobre sin abrir. Sacudió la cabeza y salió a dar vueltas en su colectivo. Condujo hasta detenerse junto a un circo ya cerrado. Las luces de neón avisaban: “Sábado, gran show de Cordelio, el burro malabarista”. Al girar vio a Jacinto atado en la parte trasera de la carpa. Detuvo el vehículo y quedó rascándose la barbilla. Releía el telegrama y miraba hacia la propaganda del burro Cordelio. De pronto descendió del vehículo. Se acercó a Jacinto y acarició su trompa.
—¿Te vienes conmigo? Prometo no obligarte a hacer malabares.
Jacinto le dedicó un meneo de cabeza.
—¿Eso es que sí? Tómalo como unas vacaciones. En cuanto cobre la recompensa, te devuelvo, amigo.
Jacinto lo siguió arriba del colectivo.
Emilio, tras girarse hacia ambos lados, arrancó. Al pasar, guiñó un ojo al cartel luminoso del burro Cordelio.
Al llegar a casa, destinó un galpón para Jacinto, acomodándolo con unas frazadas
—Veamos. Como mínimo deberían ofrecer seis ceros tratándose de un burro artista. Posiblemente me quede dinero una vez saldada mi deuda.
Se restregó las manos, dirigiéndose a la mesa. El queso aún sonreía.

Al día siguiente, el circo lucía abierto y palpitante de actividad.
Emilio andaba expectante por allí.
—Me gustó el número del burro Cordelio; los niños rieron mucho —comentó una madre a otra, saliendo del lugar.
—Perdone, señora. ¿Hubo función hoy del burro Cordelio?
—Claro. Y ha sido estupenda.
Emilio fue a su casa.
—Si tú eres Cordelio, ¿me explicas quien actuó hoy en tu lugar?
Jacinto lo miró con candor.
—¡Pero si te has comido mis medialunas! ¡Y nadie ha ofrecido recompensa por ti! ¡Madre mía!
Lo miró a los ojos acariciándolo.
—¿No serás Platero, tú? —susurró.
Jacinto apoyó la cabeza contra el pecho de Emilio.
—¡Vaya contigo, amigo! Para ser artista eres bastante emocional. Seguro ofrecerán un dineral. Es cuestión de paciencia.
Al tercer día, Emilio se restregaba las manos mientras escudriñaba los avisos del circo. El anuncio de la función de Cordelio se exhibía normalmente.
Con pasos nerviosos volvió a su casa.
—Amigo, ¿cómo es que abriste la nevera? ¡Ay, Dios mío!
Subió al animal al colectivo y condujo rumbo al circo.
—Necesito hablar con el gerente, por favor —dijo a un joven que llevaba un disfraz de pirata.
Enseguida se presentó un hombre de mediana edad.
—Buenas tardes. Vea, encontré a su burro artista, el tal Cordelio. Se lo traigo y aceptaré la gratificación que tengan destinada.
—¿Perdón? Cordelio está en plena función en este preciso momento. ¿De qué me habla, caballero?
—Yo tengo al tal Cordelio —enfatizó Emilio—. Aquí lo tiene.
Y tomando por el cordel a Jacinto, lo presentó al tiempo que lo acariciaba.
—Estimado, este animal no forma parte del circo. Es la primera vez que lo veo.
En tanto, Jacinto reaccionó a la caricia apoyando la cabeza por sobre el hombro de Emilio.
Éste se pasó la mano por el pelo repetidas veces elevando los ojos al cielo.
Finalmente dijo:
—No lo molesto más. Ha sido una confusión. Nos vamos. Discúlpenos.
De regreso en casa con Jacinto, otro telegrama aguardaba en el piso.
“Dejamos sin efecto las notificaciones enviadas con relación a la cancelación de su crédito. Las mismas se debieron a un error contable interno.”
—Al fin, ¡sí que resultaste un burro malabarista! —exclamó Emilio, mientras ambos degustaban unas medialunas con jamón y queso.

Comentarios (11):

clarinete

19/06/2026 a las 11:35

Un cuento muy tierno. Me he reído mucho con esas aventuras del artista y su ladrón. Ese final es muy bueno.

Un saludo

Lupa Sívori

19/06/2026 a las 19:15

¡Hola, Mónica! Acá tu vecino del #4.
Es un cuento entrañable el tuyo. inevitablemente pensé en Dumbo, no sé por qué. es un burro y no un elefante, pero me llevó a eso. El texto tiene un tono amable y un humor sutil que funciona muy bien.
La relación entre Emilio y Jacinto resulta creíble y genera empatía rápidamente. El final cierra de manera satisfactoria, apoyándose en la ironía de que el “burro malabarista” termina resolviendo los problemas de Emilio sin hacer ningún malabar. Me parece que re funciona.
Como punto a mejorar, el conflicto económico se resuelve de forma bastante abrupta mediante el error contable, lo que puede sentirse un poco conveniente; quizás alguna pista previa ayudaría a que el desenlace tenga más peso. En general, es un relato simpático, ágil y con mucho encanto.
¡Felicitaciones!

Ana Piera

20/06/2026 a las 03:30

Hola, Mónica, aunque no me “toca” comentar tu relato, lo hago para agradecerte tu comentario y sugerencias en el mío. Aquí voy:

Tu relato tiene un tono cómico y tierno que resulta muy agradable. Me gusta el contraste entre la seriedad de las deudas y la confusión con el burro. El cierre que escogiste es ligero y simpático.

Me gusta mucho cómo has caracterizado a Jacinto. No es solo un burro, es un personaje con gestos, reacciones y resulta entrañable.

Áreas de oportunidad:

Me pasó que la trama secundaria (la deuda), con el telegrama, y luego el sobre sin abrir, que en ese momento no queda claro sobre qué trata, me confundió algo. Creo que podría trabajarse un poco más esa parte para que el lector entienda desde el inicio cómo se relaciona la deuda con la aparición de Jacinto.

Me parece también que la historia se extiende en detalles (las medialunas, el queso, los diálogos con las mamás), son detalles simpáticos pero que diluyen la tensión principal. Creo que se podrían condensar manteniendo la comicidad y sin perder el foco en la confusión entre Jacinto y Cordelio.

Me gusta el aire de cuento popular que tiene tu relato. Disfruté leyéndolo.

Saludos.

Ignacio

20/06/2026 a las 07:16

Hola Mónica. Un cuento muy bonito basado en el humor absurdo. Lo he leído dos veces y no consigo imaginar el desempeño de un burro malabarista.
Muy bien la ternura entre el ladrón y el robado y muy conseguido el lenguaje burocrático de los leguleyos abstractos que asedian a Emilio.
Solo por esta frase el cuento se merece un diez: “La tarde caía con pereza sobre los eucaliptos”.
Interesantes imágenes con Emilio guiñando el ojo al cartel del circo, el queso que sonríe y el burro que come medias lunas.
Una última cosa, Ya en las primeras líneas me vino a la cabeza Platero. Igual sobra la referencia explícita y dejas más a gusto al lector con su suposición. Aunque esto es opinable, porque hay quien prefiere ver confirmadas su sospechas.
Un gusto leerte.

Otilia

20/06/2026 a las 15:13

¡Hola, Mónica! gracias por compartir tu historia que por situación me toca comentar.
El relato me ha gustado. Bien escrito, tierno y su pizca divertida, dentro del problema que vive Emilio y del abandono que sufre Jacinto.
He aprendido palabras como “frazadas” que en el relato de Lupa también aparece “frazaditas”. Coincidís también en la ternura del ladrón. Mónica, me imagino que llamáis trompa al hocico de Jacinto, ¿no?
Me ha sacado de la lectura lo del telegrama en el suelo y el sobre cerrado en el cajón. Habría aprovechado para mostrar en el cajón el recurso que en su momento él hizo y que fue denegado, así al final la resolución no parecería tan imprevista. Es mi simple opinión.
Felicidades. Saludos.

Cassandra C.V

21/06/2026 a las 03:30

Hola, Monica.
Me toca comentar tu cuento.
En general, me parece un relato bien construido y cumple el reto de mostrar en lugar de contar.
Me gustó mucho el toque humorístico del relato, y cómo las coincidencias y la sucesión de situaciones llevaron al pobre Jacinto de un estado de abandono a uno de secuestro. Si bien el final es abrupto, se entiende y convierte a Jacinto en una especie de amuleto de la suerte.

¡Felicitaciones!

Verso suelto

21/06/2026 a las 10:26

Hola Mónica, muchas gracias por tus inmerecidos elogios a mi texto. Voy con el tuyo. Me han encantado los personajes: el buenazo de Emilio y un Jacinto que parece comprenderlo todo. Para mi, el cuento es la relación entre esos dos seres, abandonado uno, perdido en un laberinto burocrático el otro.
He leído el cuento varias veces intentando buscar su trasfondo. Me quedo con que hagamos lo que hagamos, la vida se enreda y cuando intentamos desenredarla se enreda más y más. Con el final que has escrito tú nos muestras la única solución posible, tomarse las cosas con filosofía y comerse unas mediaslunas con jamón y queso.
Algunas cosas que no he entendido: la trompa de Jacinto, he buscado en google, sin encontrar nada, alguna acepción de trompa que casara con un burro; tampoco entiendo porque Jacinto después de comprobar que Cordelio está haciendo su número todos los días, se presenta ante el gerente del circo. ¿Quizá he interpretado mal al personaje y no es un buenazo sino un simple?
Pero todo eso ha sido en la segunda y tercera lectura, en la primera simplemente he disfrutado con los malabares de tus palabras.
Nos leemos.

Moldy Blaston

21/06/2026 a las 16:17

Hola Mónica, muchas gracias por tu amable visita, que te comento detalladamente en mi sitio por si quieres leerlo.

En cuanto a tu relato, ¡qué historia tan simpática y redonda te has marcado! Me ha parecido una lectura deliciosa; tienes una habilidad especial para construir situaciones absurdas con una naturalidad que engancha desde la primera línea. Ese inicio, con los dueños dejando a Jacinto en el circo, crea una atmósfera melancólica que se rompe de forma genial cuando aparece Emilio con su telegrama de desalojo y su plan desesperado.

Lo que más me ha gustado es la evolución de la relación entre Emilio y el burro. Ese diálogo constante de Emilio con el animal es brillante, y me encanta cómo usas la ironía de que el circo siga funcionando con “otro” Cordelio mientras él tiene al burro en casa. Es un giro muy ingenioso que mantiene la intriga hasta el final, ¡y el desenlace con el error contable me parece el cierre perfecto! Un final feliz pero con ese puntito de ironía que le sienta muy bien al relato.

Si me permites una pequeña sugerencia, creo que el texto funciona de maravilla tal cual, pero en la parte en la que Emilio se desespera con las medialunas, podrías añadir una frase más sobre cómo se siente su convivencia en ese galpón; reforzar un poco la dinámica doméstica entre el hombre en quiebra y el burro glotón le daría todavía más color a la escena. Creo.

Aunque, sinceramente, es un trabajo con mucha chispa. Se nota que disfrutas escribiendo, y eso se transmite en cada párrafo. ¡Espero que sigamos viendo más aventuras de este dúo tan dispar!

Nos leemos!!!

Carlos Tabada

22/06/2026 a las 11:33

Hola Mónica, es una alegría que hayas pasado por mi relato, igualmente ya tenía el tuyo guardado para dejar unas impresiones. Comparto lo ya mencionado, es divertido, entrañable, ingenioso y la idea de un burro no solo simpático sino desdoblado basta para hacer del relato una lectura estimulante. Pero no es eso lo que me ha llamado más la atención, que en mi caso va un poco más allá del relato. Me refiero al proceso creativo, y tengo verdadera curiosidad por saber como llegaste a la secuencia “burro abandonado por mudanza/burro malabarista/burro robado/burro resuelve deuda”, Jajajajaja!!. Te haré una pequeña confesión, mi relato es un poco plagio de un tebeo, “13 rue del percebe”, donde vivían en una buhardilla un ladrón torpe y una esposa de mal genio. Gracias por pasarte!!

Codrum

22/06/2026 a las 22:13

Hola Mónica;

¿ Trompa significa hocico ?
Eso me sacó mucho del cuento porque yo me esperaba todo el rato que alguien le dijera a Emilio que lo que tenía era un elefante y no un burro. Y me parecía que encajaba perfectamente con tu tono humoriterno ( humorístico y tierno). Y habías hablado de sus orejas peludas y tal pero … que no. Lo de trompa me sacó .

Pero hice una segunda lectura, ya sabiendo que colectivo era un autobús ( lo intuía ) que trompa es hocico y el texto cambió por completo. Vi la complicidad entre el ladrón , su hurto y su incomprensión .
Si que es verdad que el sobre cerrado no llego a intuir que quiere decir . Pero me gustó mucho como le habla al burro, como se enfada porque le han comido las medialunas y le abrieron el frigorífico.
Todo da un toque de cercanía, de ladrón truncados

Me queda la duda de hasta donde hubiera conducido si no hubiera encontrado el circo y al burro. Tal vez hubiera cometido un crimen mayor para pagar la deuda. Ja ja ja. El final es bonito y esperanzador . Algo me dice que serán una pareja inseparable .

Buen trabajo Mónica.
Un saludo

Monica Bezom

26/06/2026 a las 21:52

¡Hola, compañeros!
Gracias a todos por pasar y dejar sus aportes.
Clarinete: gracias. ¡Qué bien que te hizo reír!
Lupa: gracias por tu comentario. Es cierto que el final puede resultar conveniente; veré de corregirlo.
Ana Piera: gracias por tus palabras. Cierto que el sobre cerrado puede inducir a confusión; veré de corregirlo.
Otilia: agradezco tus palabras y aporte sobre el sobre y el final. Revisaré ambas cuestiones. Efectivamente. con “trompa”, me quise referir al hocico del burro, parece que con escasa suerte, al igual que “frazadas”, por estos lares equivale a manta de abrigo.

Ignacio: gracias por tu comentario, tomo nota de lo que decís respecto a Platero. Coincidimos con la frase de “la tarde caía con pereza sobre los eucaliptos”; también es mi preferida.

Cassandra: gracias por tus palabras. Cierto que el final es algo abrupto, menos mal que no logró malograr la historia y Jacinto viene a ser un portador de suerte, ¡jaja!

Verso Suelto: gracias por tu comentario. En verdad la historia no esconde ningún trasfondo, como no sea el vínculo entre Jacinto, el burro abandonado y Emilio, devenido en un “no – ladrón” sentimental, obstinado en que robó el burro de oro -Cordelio- contra toda evidencia, en su desesperación por solucionar sus cuentas; es un buenazo y también se torna un simple al negar la realidad. Eso explica que pese a saber que Cordelio sigue tan campante en el circo, se empecina en creer que es “su” burro. Bueno, es lo que pretendí mostrar con desigual suerte. Me alegro que no obstante hayas disfrutado tales malabares.

Moldy: gracias por tus inmerecidos elogios. Cierto que quizás debí mostrar más la convivencia, pero las muy tiranas de las palabras se me mezquinaban a lo loco.

Carlos: gracias por tus palabras, jajá, me hizo gracia lo del burro desdoblado. El “proceso creativo” que me llevó a “la secuencia “burro abandonado por mudanza/burro malabarista/burro robado/burro resuelve deuda”, fue la desesperación por dar con un argumento de mostrar y, paradójicamente, dado que poner a parlamentar al burro hubiese sido exageradísimo, me metí en camisa de once varas.

Codrum: gracias por tus palabras. Así es, por trompa quise decir hocico. Cierto que el sobre cerrado arroja más dudas que certezas. Mala mía.
Un abrazo a todos y nos seguimos leyendo.

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