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Cuidado con los merodeadores de agosto... - por Violeta NegreR.

Todos guardaban algún secreto pero este no era uno de ellos: era la casa indicada. Los compañeros así me lo han asegurado, ronda tras ronda, pero es que encima esta noche hay luna nueva, de manera que la oscuridad es mi aliada. No debo tener problemas en entrar. La he vigilado lo suficiente para saber que tiene dos accesos: el principal no es seguro. El camino está demasiado iluminado y despejado; pero la puerta trasera suelen dejársela abierta y, a través del seto lateral, el acceso es relativamente fácil. El muro es muy bajo. Puede salvarse con un salto sin complicaciones. Es, puede decirse así, la vivienda de una casa de una familia confiada. Pero, ¡basta de cháchara! Allá voy. ¡¡¡Ale-hop!!! ¡Lista! Ya estoy dentro de la parcela. Desciendo hasta el césped con cuidado por el tronco leñoso de la hiedra…
¡Vaya! El perro de los vecinos comienza a ladrar. Qué fastidio. Ya me ocuparé de él más tarde. ¡Será mejor que me apresure!
Cruzo el jardín como una sombra y llego al edificio pegándome a la pared.
Efectivamente la puerta está abierta y todo tranquilo. Esto va a ser pan comido. Empiezo a relamerme.
Click. Suena súbitamente el interruptor de la luz. Maldita sea, ¡me han descubierto!
-¡Marquesa! ¡Mala, mala y mala! Te has vuelto a escapar. Venga, no me pongas esa cara que ahora mismo te llevo de vuelta. Me parece que estás harta de ese pienso, ¿verdad? Te voy a poner un plato de leche. No, no, no. No me pongas esos ojos. El pastel de atún no está todavía…
La aguafiestas, mientras recogía la cocina y revisaba el temporizador del horno, apagó las luces y contó hasta diez.

Comentarios (8):

Hugo

20/09/2026 a las 01:00

Hola Violeta:

Tu relato es el primero que me toca comentar después del receso. Trataré de hacerlo lo mejor posible y aportar algo que sea útil.

El título y el comienzo me predisponen a pensar que va a ser un cuento de tensión, con un merodeador que planea entrar a una casa con intenciones de robo, pero luego le vas dando una vuelta de tuerca para transformarlo en un relato tierno y simpático muy bien logrado.

Vas dando algunos indicios para alertarnos sobre de qué va el merodeador: “Desciendo hasta el césped con cuidado por el tronco leñoso de la hiedra…” o cuando dice “Empiezo a relamerme”.

Quizá la frase del comienzo quedó un tanto forzada:” Todos guardaban algún secreto pero este no era uno de ellos” . Si no era uno de los secretos que todos guardaban, para qué necesitamos saber que todos guardaban un secreto. No sé si logro explicarlo. En cambio la frase final, que nos revela un final abierto, me hace pensar que cuenta hasta diez porque desea quedarse con la gata.

Me parece muy original que la narradora sea la gata Marquesa. En primera persona y en tiempo presente. Salvo la frase final que está en pasado. En esta última frase, quitaría “mientras” y pondría “luego” antes de “apagó las luces.

Creo redundante decir “la vivienda de una casa de una familia…”, creo que se podría eliminar vivienda y dejar casa. Suena más natural.

“…pero la puerta trasera suelen dejársela abierta…” Reemplazaría dejársela por dejarla.

Más allá de estas pequeñeces formales, tu relato me gustó mucho y me arrancó una sonrisa.

Gracias por compartirlo.

Daniel Calleja

20/09/2026 a las 02:10

Hola, Violeta.Un relato entretenido que tuve que leer dos veces(mal yo) para darme cuenta que se había colado en una casa ajena y no en la propia.Por eso en la primer lectura no entendí por qué vigilaba una casa si era la suya. Te reitero, fue un error mío porque en el texto está clarísimo. Me gusta que lo relate la gata y en tiempo presente.Coincido con Hugo sobre la frase de inicio, entra un poco forzada. La del final, por el contrario, calza a la perfección. Poco para aportarte, te felicito. Saludos. Nos seguimos leyendo.

Violeta

21/09/2026 a las 08:44

Hola Hugo y Daniel, muchas gracias por vuestros comentarios. Me parece que es la primera vez que coincido con Daniel, pero con Hugo sí que nos hemos cruzado varias veces en Literautas, y siempre es una alegría leerte porque tus aportaciones son muy cuidadas y acertadas (¿eres profesor de Literatura? :)). El arranque del texto..!pues claro que es forzado!Este microrrelato lo escribí a principios de verano porque sí y cuando salió la convocatoria de Literautas decidí “aprovecharlo” y la oración de inicio la metí como pude. La frase de cierre y la cuenta hasta diez me temo que está referida más a apagar convenientemente el horno y su temporizador que a que la dueña de la casa quiera quedarse con la gata. Se supone que, de hecho, está harta de que la merodeadora se le cuele. En este caso, al olor del pastel de atún. Lo de la “casa indicada” y “el secreto” hace referencia al conocimiento compartido que tienen los gatos de qué hogares son seguros para ellos. Me refiero a los animales que, tengan o no dueño, suelen campar con cierta libertad por los jardines y terrenos en el caso de urbanizaciones o zonas residenciales. Voy a comentar los vuestros. De nuevo gracias.

Moldy Blaston

21/09/2026 a las 18:40

¡Hola Violeta! Primero, darte las gracias por tu amable visita y comentarios a mi relato, a los que te he respondido en mi site #37.
Mis consideraciones sobre tu relato: ¡Qué genialidad de texto! Menudo giro tan simpático, ágil y divertido nos has regalado.
Me ha encantado cómo juegas con las expectativas del lector desde el primer segundo. Toda la ambientación nocturna, la vigilancia meticulosa y la infiltración por el jardín nos hacen pensar en un ladrón de guante blanco calculando su atraco, para de pronto revelarnos que la misteriosa intrusa no es otra que Marquesa, una gata glotona en busca de pastel de atún. Ese contraste entre el tono de intriga inicial y la ternura de la escena doméstica rompe la tensión de forma brillante. Además, la integración del reto del taller («apagó las luces y contó hasta diez») queda perfectamente justificada dentro de la rutina de revisar el temporizador del horno.
Como pequeña sugerencia para hacer la relectura aún más deliciosa, me permito decirte si valdría la pena sembrar al principio un detalle físico muy sutil (como la vibración de los bigotes o el impulso de las almohadillas antes del salto) que pase desapercibido en la primera pasada, pero que haga sonreír de complicidad al lector cuando descubra la identidad de Marquesa.
¡Enhorabuena por una historia tan fresca, ingeniosa y entrañable! Ha sido un verdadero disfrute leerte. ¡Nos leemos!

Pilar (marazul)

23/09/2026 a las 16:10

Hola Violeta, gracias por pasarte a leer mi relato.
El tuyo me ha parecido un relato claro, sencillo y muy agradable de leer. Me gusta la intriga del principio porque, aunque es corto no he sospechado que se trataba de una gata hasta el final. Así qué bien por mantener el misterio.
Yo soy muy partidaria de los relatos que narran escenas cotidianas —el tuyo es entrañable. No creo necesario que deban tratar de grandes hazañas para considerarlos buenos. Lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta.
Encantada de haberte leído.
Saludos

Monica Bezom

23/09/2026 a las 22:50

Hola, Violeta.
Nos traes un relato que me ha resultado muy entretenido y, sobre todo, muy eficaz en el juego que propones al lector. Durante buena parte de la lectura imaginé a alguien preparando cuidadosamente la entrada en una casa ajena; vas sembrando pistas que alimentan esa interpretación: la vigilancia previa, los accesos, el seto, el muro, la prisa por entrar y hasta ese “empiezo a relamerme”, que adquiere otro sentido cuando se descubre quién es realmente la intrusa.
Me gustó especialmente la elección de la primera persona y del presente, porque ayudan a sostener el equívoco hasta el momento de la revelación. El diálogo final reinterpreta de golpe todo lo anterior y convierte lo que parecía una escena de intriga en una situación cotidiana y simpática.
Coincido con los compañeros en que la frase inicial es quizá el punto que menos integrado queda en el relato. “Todos guardaban algún secreto pero este no era uno de ellos” parece necesitar una explicación posterior para que se entienda exactamente qué relación tiene ese “secreto” con la casa y con los merodeadores. Después de leer tu explicación, comprendo la idea de ese conocimiento compartido entre los gatos, aunque me parece que tal información no termina de llegar por sí sola al lector. Quizá sea justamente el único lugar en el que se percibe un poco la presencia de la consigna por encima de la historia.
En cambio, encuentro muy bien resuelto el reto final. Aunque explicás que el “contó hasta diez” está relacionado con el temporizador del horno, también es interesante la interpretación que hace Hugo de ese gesto: el texto permite imaginar, aunque sea fugazmente, que la dueña podría estar pensando en quedarse con Marquesa. Esa posibilidad que aparece sin que necesariamente la hayas buscado, resulta uno de los encantos de la literatura, una vez escrito, el relato también empieza a vivir en la lectura de los demás.
En fin, me pareció un texto ágil, claro y con un giro final sencillo pero efectivo. Y entiendo que ese equilibrio entre crear una expectativa de peligro y terminar en una escena doméstica y casi tierna está muy bien conseguido.
¡Nos estamos leyendo!

Violeta

25/09/2026 a las 15:44

Hola, Pilar y Mónica. Me alegra mucho saber que os ha gustado el relato. Gracias por vuestros amables comentarios. Pilar, escribes barbaridades 😉 Me encantan tus textos, ya lo sabes. Mónica, voy a ver qué me encuentro que seguro que todo bueno…

Juan Antonio

28/09/2026 a las 12:15

Es un texto muy dinámico, con oraciones cortas y verbos que logran mantener un ritmo ágil de principio a fin, logrando que la lectura sea muy rápida y ligera.
Como sugerencia, no ocultar que es una gata; la historia ganaría mucho si se narra el mundo desde los sentidos felinos ( olores, agilidad, la noche) en lugar de usar jerga de espías humanos.

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