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El médium - por Ana Laura PieraR.+18

Web: https://anapieraescritora.com/

Todos guardaban algún secreto. Sus ojos huidizos y sus caras de sufrimiento los delataban. Noté que se movían raro, flotaban al ras del piso. Entonces recordé… Había sentido el frío helado del espíritu que me poseyó la última vez y de inmediato me faltó el aire. Era como si aquel ente no cupiera en mí del todo y mis costuras internas colapsaran. Una punzada de dolor se clavó en mi pecho. Luego, negrura.

Cuando desperté, me encontraba rodeado de aquellos espectros. Uno de ellos me reconoció:

—¡Tú eras el médium! —me dijo emocionado. Yo no lo recordaba, hubo tantos…

El lugar donde estábamos era una casa triste y vetusta. El que me habló me explicó que no podíamos salir de ella. Algo nos retenía, pero ninguno sabía qué era. Yo intuía que tenía que ver con los secretos. ¿Cuál era el mío? No podía recordarlo.

Me dediqué a recorrer aquella mansión, un alma en pena que intentaba escapar. El entorno era deprimente, oscuro, olía a humedad y hacía frío siempre. En uno de los pasillos superiores, sin querer, mi cuerpo rozó el de la mujer. Sentí que me recorría fuego, como cuando uno tiene una descarga eléctrica. Tuve una visión: unas manos que apretaban con fuerza una mantita infantil. Un llanto agudo que se apagó de golpe.

—Tuviste un bebé que falleció —le dije.

Sus ojos se abrieron mucho y se asomaron las lágrimas.

—No fue un descuido tuyo. Tus padres apretaron la manta.

Ella lloró, asintiendo.

—Se avergonzaban de él, pero yo lo amaba.

Sentí el pesar de aquella mujer, pero al mismo tiempo, su alivio. Sonrió débilmente y su cuerpo se fue haciendo niebla ligera hasta desvanecerse.

Entendí que mi don de médium no se había extinguido al morir. Quizás mi destino era liberarlos a todos y, tal vez al final, yo también sería libre.

Quedábamos cuatro.

Se corrió la voz. El primero que vino a mí fue el adolescente. Lo toqué y, tras el latigazo eléctrico, llegó la visión: el chico parado en uno de los pisos de un edificio inacabado mirando al vacío. No estaba solo.

—No te suicidaste —dije—. Te empujaron.

El chico lloró desconsolado un buen rato.

—¡Todos creyeron que me había matado! ¡Hasta yo! ¡Gracias!

Despacio, su cuerpo se deshizo en volutas de humo.

Tras la partida del joven, la casa se volvió aún más silenciosa y triste. Vino a mí un hombre muy mayor; su actitud era hosca, como si me buscara muy a su pesar. Cuando extendí mi mano para tocarlo, se apartó.

—¿Quieres que te ayude o no?

Por fin permitió el contacto. Esta vez la sensación se amplificó. La visión que me sobrevino no estaba del todo clara. Sentí un olor metálico, a hierro y muerte, dentro de una humilde vivienda y nada más. Lo volví a tocar. Esta vez vi cuerpos sin vida encharcados en su propia sangre y, en la esquina, aquel hombre salpicado de rojo y con la mirada vacía. En sus manos tenía un puñal. Solté al viejo, asqueado, y él me vio con miedo. Dudé en revelarle la verdad, pues ello supondría su liberación de aquel limbo. ¿La merecía acaso?
Decidí hablar.

—Eres un asesino. Mataste a tu familia.

El hombre abrió la boca en una mueca de horror. Se miró las manos.

—¡No! ¡No!

Esta vez no sentí alivio de parte de aquel ser. Había mucha angustia, y su cuerpo desapareció en medio de nubes tormentosas.

Solo queda uno —pensé.

Lo encontré junto a la puerta principal. Era el que me había reconocido.

—Se han ido todos —le dije—. Faltas tú.

—¿De verdad no te acuerdas de mí? —me preguntó divertido mientras me extendía su mano.

Lo toqué y, tras el efecto habitual, lo vi escondiendo dinero.

—Tu secreto es una fortuna que ocultaste. ¡Espera! Veo más cosas: quisiste contarle a alguien sobre él y requeriste los servicios de un médium. ¡Tú! ¡Tú fuiste el que entró en mí el día que morí!

—Tenías cierto don, pero en realidad eras un vulgar estafador. Ese día, el pánico de sentir una posesión verdadera detuvo tu corazón.

La verdad dolió más que el infarto que me había traído aquí. Mi vida entera había sido una farsa. Al igual que el asesino, quizá yo tampoco merecía salir.

Nuestros cuerpos empezaron a esfumarse. El hombre apagó las luces y contó hasta diez.

Comentarios (4):

Candela Kross

20/09/2026 a las 12:11

Hola, Ana. El título de tu relato me ha obligado a entrar a leerte.

Dejando claro de antemano que me ha gustado mucho, empiezo mi crítica (espero que constructiva) por la parte técnica: revisaría un par de detalles: “frío helado” resulta redundante y “Solo queda uno —pensé” debería mantener el pasado de la narración: “Solo quedaba uno”. También podrías variar ligeramente la secuencia contacto-visión-revelación-desaparición, porque al repetirse con varios espectros el lector llega a anticipar su desarrollo (igual podrías hacer más énfasis en la forma de trascender de cada uno según sus secretos, se me ocurre).

Solo hay una frase que me ha descolocado un poco (y justo es la frase que desvela todo el pastel): “Tu secreto es una fortuna que ocultaste. ¡Espera! Veo más cosas: quisiste contarle a alguien sobre él y requeriste los servicios de un médium.” ¿Sobre él? ¿Quién es él? ¿Una persona? ¿El secreto? ¿Y a quién se lo quiso contar? He tenido que releerlo varias veces intentando entenderlo, y creo que no es siquiera relevante (no es necesario entender por qué contactó con un médium, solo que lo hizo). Podrías resolverlo con una frase más simple que no lleve a confusión.

Y ahora lo que más me ha gustado y considero más destacable es cómo muestras la progresión de los secretos: comienzas con dos víctimas, introduces después a un culpable y terminas volviendo el don contra el propio protagonista. Su dilema ante el asesino (si merece o no ser liberado) prepara muy bien el camino ante la posterior revelación de que él también fue un impostor, de modo que acaba irremediablemente sometido a su propio juicio.

El giro final funciona porque no invalida lo anterior, sino que lo fortalece dándole un nuevo significado: quien parecía destinado a descubrir la verdad ajena llevaba toda su vida ocultándose la suya propia. Esa simetría me parece la idea más potente e inquietante del relato.

Me ha encantado. ¡Gracias por compartirlo!

Greta

21/09/2026 a las 07:18

Me gustó tu historia y específicamente el giro final .sin embargo, por momentos me costó seguir la lectura y tuve que releer lagunas partes para no perderme . Creo que una narración un poco más sencilla en ciertos momentos ayudaría a que la historia fluyera mejor .Aun así ,me pareció una idea muy buena y disfruté de leer el relato .
¡felicidades!

Gabriel

21/09/2026 a las 23:58

Hola Ana. Me ha gustado mucho tu historia, sobre todo el giro final; no me lo esperaba.

Una de las cosas que he visto que podría mejorarse es, como ha comentado también Candela, esa interacción con los espíritus. Sí es cierto que el asesino desaparece de una forma menos “amistosa” que el resto, aunque a mi parecer podría ganar más si fuera una desaparición de acorde con su crimen. Hacerlo irse sabiendo que tendrá un castigo aliviaría al médium, que pensaba que iba a liberarlo del limbo, y podría hacer más temible su propia desaparición final. Pero esto último es más una propuesta que un problema, una posible redención por conocer la verdad también puede plantear dilemas incómodos en ese caso.

Como te he dicho, me ha gustado el giro del final, pero en la frase en la que desvela el secreto creo que puede haber una confusión en la historia, o al menos tal vez podrías desarrollarla un poco más. Esa parte en la que dice “Veo más cosas: quisiste contarle a alguien sobre él y requeriste los servicios de un médium. ¡Tú! ¡Tú fuiste el que entró en mí el día que morí!” habla del espíritu que entró en él y da a entender que fue ese mismo espíritu el que requirió los servicios de un médium. ¿Cómo pudo el espíritu solicitar esos servicios? Tal vez sería más acorde que fuera un familiar que supiera algo del dinero el que requiriese sus servicios, por ejemplo.

En cualquier caso, me ha encantado, este tipo de historias sobrenaturales, con secretos, giros finales y finales no precisamente felices, me atraen mucho.

HenkoSlowLife

24/09/2026 a las 22:36

Hola, Ana:

Enhorabuena por tu relato, me ha gustado mucho, sobre todo el giro final.

Desde mi humilde lectura, al principio pensé que el médium estaba en una especie de trance o poseído. Quizá el propio título me llevó a verlo desde ese personaje.

La transición entre los espectros me ha gustado mucho, aunque quizá habría desarrollado un poco más esa parte hasta llegar a «quedábamos cuatro», porque al principio dices que se encontraba «rodeado de aquellos espectros» y yo imaginé que serían bastantes más. Pero es solo mi observación como lectora.

Me habría gustado saber algo más sobre la casa y su conexión con los secretos. De nuevo, son solo mis propias observaciones.

En cuanto a correcciones, no destacaría nada que mis compañeros no hayan comentado ya.

Y, como te decía al principio, el final me ha gustado mucho porque hasta ese momento no intuí ni descubrí cuál era el secreto del propio médium. Me parece un giro muy bien planteado, especialmente porque al final algunas cosas que habían pasado al principio adquieren otro significado.

¡Enhorabuena!

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