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Preciada colección - por Aris LumeR.+18
El autor/a de este texto es menor de edad
Todos guardaban algún secreto. Los veía cuidarlo con recelo para que nada fuese visto ni usado, era el único tesoro intangible que todos los humanos parecían tener en común.
Esos secretos resplandecían en su último aliento, en ese pequeño instante en el que sus miradas, fijas en un invisible recuerdo, parecía deslumbrar con cruda honestidad. Un último lamento, un deseo desperdiciado, un anhelo. Sus miradas siempre brillaban dejando al descubierto aquello que tan cuidadosamente escondían… incluso, a veces, para sí mismos.
Mi trabajo rutinario y laborioso apenas se alteraba por esos segundos. Cada uno era diferente, sí; pero no la emoción. Brillaban en diversos tonos e intensidades, pero al final se veía una tierna añoranza permanecer.
Los observaba cada vez que podía. Mi llegada no coincidía, lamentablemente, en todo momento. De hecho, era habitual que mi fría presencia se sintiera cuando toda luz ya estaba opaca. Por ello, cuando lograba adelantarme no desaprovechaba la oportunidad.
Era extraño. A pesar de que sus últimas confesiones resplandecían, antes los humanos parecían grises, cansados… ¿por qué los humanos no caminaban erguidos?
Entonces, cuando su alba ocurría, distinguía un pequeño verde al inicio. Creía que se debía al tipo de vida en el que coincidían pero resultó no ser así. Todos mostraban un primer destello verde, siempre. A los pocos segundos, sin embargo, el color cambiaba.
Uno de mis momentos favoritos fue el de una criatura. La pequeña se enfrió más de lo que estaba cuando el brillo verde apareció. Luego, increíblemente, empezó a intensificarse más y más hasta que todo se transformó. La niña se cubrió del frío que la derribó. El blanco resplandeciente la asemejaba a la nieve, pero no lucía triste ni desolada. Fue algo que, luego aprendí de ellos, se parecía a un ángel.
¿Me preguntaba si este hombre sería igual?
Llegué antes de tiempo. El hombre, como todos aquellos hacia los que me apresuraba, estaba encorvado. No parecía enfermo, ¿pero qué sabría yo sobre las dolencias del cuerpo? Los humanos enfermaban y no siempre era notorio para alguien como yo. Tampoco se mostraba fuerte: temblaba a pesar de no hacer frío.
¿Cuánto tardaría? ¿Me habría equivocado?
Justo cuando pensaba marcharme, ese característico brillo apareció. Creí haber visto mal: no persistía como en los otros, sino que titilaba mientras él seguía moviéndose. Me confundió bastante ¿había visto algo así antes?
Perdida en mis memorias, pronto lo vi encorvarse aún más. Tosía, temblaba y lloraba. Ah… sí, ya lo había visto en otra ocasión. Esperé paciente.
Cuando el hombre soltó un respiro profundo, pareció decidirse al fin a dejarse llevar. Tendido cómodamente, noté cómo sujetaba sus manos con fuerza, sus ojos ahora cerrados todavía mostraban rastros de agua.
Brilló. Un verde claro y hermoso.
Hubo un tenue latido en el que el destello se opacó, pero al instante recuperó su fortaleza y volvió a deslumbrar. Fuerte, cada vez más fuerte, casi tanto como el de aquel pequeño ángel. Y entonces, la luz verde mutó: se transformó en un intenso y profundo rojo.
Conteniendo mi admiración ante ese secreto revelado ante mí, acuné la luz entre mis dedos antes de extraerla totalmente de aquel hombre.
La calidez era la misma que en otros seres, pero no el color.
Miré al hombre, ya desprovisto de humanidad, con la certeza de que ahora sería yo quien cuidara celosamente de su bello secreto.
“Tranquilo” le dije, “puedo con esto”.
Esperé unos momentos aguardando una respuesta, aunque, como siempre, nunca llegó.
Decepcionada regresé la vista a la luz entre mis manos. Estaba alegre de la suerte que significaba capturarla a tiempo, y ya deseosa de añadirla a mi colección.
Ccomentarios (1):
Monica Bezom
20/09/2026 a las 02:57
Hola, Aris Lume.
Me gustó la idea central del relato: esos secretos que los seres humanos guardan durante toda su vida y que, al morir, parecen desprenderse de ellos para quedar en manos de alguien que los recoge y los conserva. La imagen de la luz como representación de ese secreto me parece original.
También creo que se puede intuir que la voz narradora es la Muerte, por las referencias al último aliento, a quienes se dejan llevar y a ese momento en que extrae la luz del cuerpo. Si esa es la intención, quizá me habría gustado que su identidad y su manera de relacionarse con los humanos estuvieran un poco más definidas. La narradora observa, recuerda, se pregunta y se sorprende mucho, pero no terminamos de tener certeza sobre quién es y cuál es exactamente su función.
Sobre todo, me quedé con ganas de comprender qué significan esas luces y, en particular, qué secreto concreto se revela en el caso del hombre. Hay bastante información sobre los colores y los brillos, pero al final el misterio queda quizá demasiado cerrado: sabemos que hay un secreto y que es diferente, pero no alcanzamos a vislumbrar por qué.
Creo que la idea es muy buena y tiene posibilidades. Trabajando un poco más la historia y dejando algunas pistas concretas que permitan interpretar esos símbolos, podría ganar mucha fuerza.
Gracias por compartirlo.