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El tiempo del vino - por GitaR.
Todos guardaban algún secreto. Y ella no sería la excepción. Hija bastarda de una hermosa cortesana no hubiera sido bien recibida en ningún palacio.
Sin un apellido que la lanzara a la cúspide de la sociedad en que vivía decidió agenciarse su propia vida.
Años atrás decidió visitar a aquel alquimista, le atraía el brillo de las perlas. Con mucho ingenio lo convenció para ser su ayudante.
Nunca hicieron oro, ni una perla salió del carbón a pesar de su profundo conocimiento de la alquimia. Pero hicieron otro descubrimiento, más importante que el dorado metal.
Ambos estaban fascinados, hasta abrieron una tienda de vinos. Sus investigaciones les habían llevado a abrir un portal en el tiempo. En sus viajes frecuentaban bibliotecas y lugares deconocidos. Optaron por perfeccionar la manera de llegar a fermentar un vino lo bastante especial para comercializar; algo diferente a todos los de aquella época.
─¡Lo lograron!─, su sabor no sólo deleitaba el paladar, tambien los sentimientos. Los remontaba a sus recuerdos más felices; lo que provocaba que quisieran permanecer más tiempo en ése estado, en este lugar. Consumiendo el elixir hasta la saciedad que les permitía sus bolsillos. Nobles y comerciantes venían de diferentes sitios para comprar el extraordinario vino.
Lamentablemente, su mecenas adquirió también un gusto peculiar por su propio vino, más de lo que su cuerpo podía resistir. Su lengua comenzó a entronar su propio descubrimiento. Excéntrico y locuaz en su verborrea comenzó a presumir delante de todos. Desde que llegó a esa pequeña ciudad su pasado había sido un misterio para todos.
Una noche, Beatriz llegó de uno de sus viajes en el tiempo y encontró a su mentor desangrado dentro de la tina. Todo revuelto en el laboratorio, pócimas deshechas coloreando el suelo a su antojo y la sangre, la sangre que como tablero de ajedrez iba de un color a otro. En la esquina un pañuelo que conocía muy bien.
El alquimista se había convertido en el blanco de unos embaucadores que pretendían la receta del extraordinario vino.
Beatriz se juró encontrar a quién habia arrebatado la vida de su viejo y sabio amigo. Sabía por donde comenzar. Con pasos seguros, sobre los adoquines de las calles húmedas, dejaba sentir el plaf- plaf de sus zapatos en el silencio de la noche. Se detuvo frente a aquella mansión que conocía de memoria. Tocó la aldaba con fuerza. Un emperifochado mayordomo con peluca y lunar abrió la puerta.
─¡Señorita!─, exclamó para su sorpresa.
─¡Apártate, quiero hablar con ella ahora!─, rozando la chaqueta impecablente limpia y estirada.
Conocía el camino, bien que lo conocía, sin tocar abrió la puerta y entró. En la alcoba, con unos tragos de más, yacía sobre el almohadón lleno de cintas de seda y satín. Aquella mujer de mediana edad, aún hermosa a pesar del tiempo, con una languidez que la hacía aparentar más juvenil e inocente.
─¿Qué hiciste?─, inquirió furiosa Beatriz. En tanto tiraba sobre su rostro el pañuelo encontrado horas antes.
─Nada, aún estaba con vida. Dijo tu nombre y mencionó un portal, un balcón, algo así─, un rictus amargo endureció su mandíbula.
La mirada de la cortesana viajó a ese momento, cuando una de las manos del sabio a tientas se aferraba a su brazo.
─ Dame la receta del vino─, tan sólo quería ganar más notoriedad en su negocio, ya bastante lucrativo. Sacó el pañuelo de debajo del puño de la blusa y se limpió la mano algo ensangrentada con desazón.
Una semana antes Beatriz, había desentrañado el orígen de su apellido, los libros de historia de aquella estantería recogían muchos artículos interesantes de su época. El nombre de su padre estaba ahí. Siempre se mantuvo distante, sin reconocerla públicamente.
Aquella aristócrata seguía revoloteando cerca de ella, tan sólo quería una cosa, el secreto bien guardado del vino.
Un mes después, con el corazón encogido, sentía que le había fallado a su amigo, no había obtenido otras pistas.
De pronto recordó a su madre, ella podía ser tan intensa como singular. ¿Pero qué se pasaba por alto?. Algo no encajaba bien. Tal vez pudo ver a la persona que le infligió al maestro tal dolor.
Volvería a la biblioteca para consultar la crónica de aquellos días. Frente al espejo la luz de la lámpara bañaba toda la habitación. Apagó las luces y contó hasta diez.
Ccomentarios (1):
Candela Kross
20/09/2026 a las 09:34
Hola Gita. Es mi primera vez participando en este reto (y realmente para mí está siendo más reto esta parte de comentar los textos de otros que redactar el mío propio). Intentaré ser lo más empática y sincera posible:
La idea de un vino capaz de despertar los recuerdos más felices me resulta no solo sugerente, sino digna de una novela de largo desarrollo, y más aún si la sazonas con alquimia y viajes en el tiempo. También funciona la imagen del laboratorio tras el crimen, especialmente esa sangre que “como tablero de ajedrez iba de un color a otro” (ahí has logrado aportar una atmósfera fantástica y muy visual).
Sin embargo, creo que el relato reúne demasiadas líneas argumentales para su extensión: el origen de Beatriz, el portal temporal, el vino, el asesinato, la identidad del padre y la implicación de su madre. Ninguna llega a desarrollarse del todo, por lo que sería conveniente escoger un conflicto principal (probablemente el asesinato) y hacer que los demás elementos conduzcan hacia él.
La investigación también pierde algo de intriga porque se afirma que el alquimista fue víctima de unos embaucadores antes de que Beatriz averigüe quién lo atacó. Además, no queda completamente claro si la cortesana, la aristócrata y la madre son la misma mujer. Aclarar esas relaciones y ordenar mejor las revelaciones ayudaría mucho a seguir la historia.
Por último, convendría revisar la puntuación de los diálogos, algunas tildes y varias repeticiones. El final incorpora la frase del reto, pero no se entiende por qué Beatriz cuenta hasta diez. Si ese gesto activase el portal o formase parte de su investigación, el cierre ganaría sentido y fuerza.
Mi humilde conclusión: tienes una idea que puede ser oro molido (ya que hablamos de alquimia) para un relato mucho más largo, donde se desarrolle bien cada línea argumental. Para dejarla como relato corto, creo que hace falta meter tijera, eliminar cosas que desvían la atención y ordenar los elementos más relevantes para fortalecer la trama principal.
Si yo fuera tú (sin conocerte de nada me tomo esta licencia), dedicaría tiempo a desarrollarla bien, sin límite de palabras, porque tiene potencial suficiente para ser una de esas historias que se recuerdan pasado el tiempo.