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La comida del domingo - por Miriam TorresR.+18

Web: https://historiasdethaisite.wordpress.com/

Todos guardaban algún secreto.

Se juntaban para verse las caras e interpretar su mejor papel mientras comían garbanzos duros como piedras, pero ninguno quería sentarse a la mesa. Mantenían la tradición por costumbre, o por la esperanza de revivir lo que ya estaba muerto.

La madre presidía el evento con orgullo. Había dedicado su vida a la enseñanza, y las largas jornadas de lectura hasta la madrugada no eran suficientes para cubrir el vacío que la jubilación le había dejado. Ahora buscaba recuperar el tiempo perdido con sus hijos, con llamadas a deshoras y visitas sin avisar. También, con esas invitaciones regulares convertidas en ley. Las breves preguntas por cortesía escondían su necesidad de llamar la atención y, para ello, recurría a los mismos temas de conversación disfrazados de crítica. Una vez cubierto el cupo de la política, el fútbol y la conspiración internacional, el foco se centraba en el aspecto físico y en las maneras del resto de comensales. Ya fuera por comer demasiado, o demasiado poco. Por haber cogido peso, o estar demasiado delgado. Por hablar poco o por tener un aspecto demacrado.

Su nuera era el blanco fácil. Sentada al final y casi oculta detrás de su pareja, deseaba ser invisible. Era la más joven y la más discreta. Sin voz, ni voto, ni opinión. Su presencia tenía más carácter ornamental que funcional, de acompañamiento y respaldo para su pareja. Cada vez que recibía alguno de esos comentarios sin mala intención, sonreía y comía. Total, no había que tenerlos en cuenta. O eso le decían antes de cada nueva visita.

El hijo, sentado a su lado con sonrisa complaciente, se deshacía en elogios y carantoñas cada vez que llegaban a la casa. Sin embargo, se quejaba en la intimidad de los menosprecios de su madre y de la comparativa constante con su hermana. A pesar de haber seguido sus pasos en el terreno profesional y cambiar los negocios por los libros de texto, sabía que a sus ojos jamás sería lo suficientemente bueno, ni tendría el suficiente carácter para dirigir un aula. Y por eso, no actuaba. No se plantaba, ni se levantaba de la mesa cada vez que recibía un desaire, ni salía por la puerta con su pareja de la mano.

La hija, al otro lado y a la misma altura que su hermano, era un muro que se restauraba antes de cada visita. Segura por fuera y quebradiza por dentro, soportaba la incomodidad de quien carga con el peso de la familia desde bien pequeña. La problem solver. Sabía qué hacer para contentarles a todos y no discutía, pero tampoco se plegaba. Nadie le discutía, ni tomaba una decisión sin que ella lo hubiera autorizado.

El yerno contaba con más presencia que la nuera, aunque también pasaba desapercibido. Era un hombre sencillo y tranquilo, de conversación coherente y sentido del humor poco entendido, que no buscaba problemas y se mantenía a la sombra de su mujer. Conocía su lugar y no forzaba la interactuación, ni buscaba agradar, aunque utilizaba las conversaciones sobre fútbol para destensar cuando los silencios eran especialmente incómodos.

Al terminar la comida, procuraban no alargar la sobremesa más que lo justo para recoger y tomar un café, aunque siempre se dilataba con un postre cargado de azúcar y grasas hidrogenadas. Y una partida al parchís. La hija siempre conseguía escaquearse, por lo que el resto quedaban sometidos a la dictadura de la ficha comida y a no cometer errores de cálculo. La nuera, que era más de letras, terminaba agotada.

Aquella noche descubrió que su suegra tenía razón. Frente al espejo del baño repasaba las ojeras marcadas que el corrector ya no conseguía disimular y los surcos que se dibujaban alrededor de su boca. El rostro apagado. Los ojos sin brillo. La expresión triste. Demasiado demacrada. Demasiado flaca. Demasiado callada. Un vuelco en el estómago le hizo vomitar.

Cuando salió para hablar de su malestar con su pareja, él ya estaba en el dormitorio con la puerta cerrada.

Apagó las luces y contó hasta diez.

Ccomentarios (1):

isan

19/09/2026 a las 19:45

Hola, Miriam.
Me ha parecido una descripción de costumbres muy bien narrada. La típica estampa de familia con suegra dominante y familia que le baila el agua, aunque la hija es quien aprueba las decisiones, algo que, en principio, choca un poco.
Quizás el conflicto en sí de relato sea ese, la complejidad de las relaciones. No se sabe quién es la protagonista de la historia. Al final la nuera descubre que su suegra tenía razón y es aquí donde se aprecia más importancia en esta persona que está demacrada, flaca y callada pero no pillo sobre qué tenía razón la suegra ni qué le pasa. En el fondo deja una sensación de soledad.
Hay un «La problem solver» que supongo que quiere decir «la solucionadora de problemas», pero al ser otro idioma que el del resto de relato (catalán supongo), debería ir en cursiva.
Un saludo.

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