Literautas - Tu escuela de escritura

<< Volver a la lista de textos

La mirada en el espejo - por D. Llurba RomeroR.

Todos guardaban algún secreto. La procrastinación, negada a encontrar el momento, cuyo optimismo del tiempo le era infinito; la perfección, con su extremada exigencia, capaz de inmovilizar a la mente más brillante; el lingüista, infravalorado por su nula trayectoria y falta de formación; el lector, acomplejado por acumular tan solo un centenar de obras en su mirada; el constructor de mundos, incapaz de decidir cuál va ser el último epíteto, cordillera o facción a idear. Todos ellos se creían sinceros en su condición, pero guardaban oscuros secretos. Lo que no sabían es que esos secretos eran los mismos para todos: el miedo, la crítica y el fracaso.

No es casualidad, entonces, que el devenir de sus caminos convergiera en un uróboros hacia ningún lugar. Un síndrome de Diógenes creativo, caótico e invisible, sin nadie que lo limpie, sin nadie que trabaje en ello de verdad, eternizando un punto de partida del que nunca se consigue escapar.

Todos ellos se levantaban cada mañana: «He vuelto a soñar con la idea de ayer». Desayunaban su café: «¿Lo escribo? No. Debo ir a trabajar». Veían algo que les catapultaba a otro lugar: «¡Oh! Esta idea es increíble. La apunto en mi chat». Chat o lista eterna de ideas ininteligibles en el transcurrir del tiempo. Leían por la noche: «Palimpsesto. Esta palabra no la conocía. La voy a apuntar en mi diccionario personal». Otro documento engordado sin nadie que lo refrescara. Y así, un día y otro, girando en una obstinada intención de querer ser algo o alguien que no acaba de eclosionar.

«Es que no tengo tiempo». Cuando tenéis tiempo, lo pierdéis con todo menos en sentaros delante del ordenador. «Voy a leer un libro al mes». Espero que os gusten todos porque, a la que haya uno que se os atragante, vuestro propósito se irá al garete. «Me falta disciplina». Y os sobra distracción. «Mañana escribo el relato del taller». Y llega el día quince con un borrador errático que es mejor no publicar.

Y así vagaban, haciendo todos la misma vida; cometiendo los mismos aciertos y errores; siendo todos cómplices de esta reiterada frustración. Hasta que un día se miraron frente al espejo y se reveló el mayor de todos los secretos. No son identidades separadas. Son el todo de un mismo individuo; su voz interior lo delataba. Y esa mirada, ese escrutinio de sus entrañas, le mostró a esa única persona la amarga realidad: o domas tus cinco facetas o estas te consumirán por dentro.

Se puso nombre. Se llamó cobarde y vago. Fue duro consigo mismo, pero fue, sobre todo, un punto de inflexión.

Añadió a sus lecturas libros de desarrollo personal: «Hazlo más fácil», «551 consejos de productividad». Descubrió que en su rutina tenía unos disparadores ineludibles que le llevaban a procrastinar, secuestrado, en contra de su voluntad. Logró identificarlos: redes sociales, videojuegos, YouTube. Aprendió estratagemas para hackear su mente: cambiar el orden de sus hábitos, ocultar cosas que pueden resultar atrayentes, desenchufar o bloquear aparatos. Contar. Parecía absurdo, pero ponerse a contar en un momento clave lo ayudaba a ser consciente de la decisión que estaba tomando y de aquella que realmente quería tomar. Si no lograba desactivar el piloto automático, este le arrastraba a repetir los mismos errores día tras día.

Una tarde llegó a casa tras dejar a los niños en las extraescolares. La mujer trabajaba. Tenía un buen rato para él solo. Era un momento perfecto para sus propósitos, en cambio, se sorprendió al verse en la puerta de la sala de juegos. En el sótano. Sofá, tele y la consola.

No entró. Apagó las luces y contó hasta diez.

Comentarios (5):

Federico Nicolás

20/09/2026 a las 13:10

Hola D. Llurba.

Me pegó mucho tu relato. Es imposible no sentirse identificado. Creo que todos los que estamos en este taller nos hemos visto alguna mañana diciendo “mañana escribo el relato del taller” y llegar al día 15 con un borrador.

La idea de que todos esos personajes – el procrastinador, el perfeccionista, el lingüista, el lector, el constructor de mundos – sean en realidad la misma persona frente al espejo me pareció muy potente y muy bien resuelta. El giro del final, cuando se nombra cobarde y vago, es duro pero es honesto, y creo que por eso funciona como punto de inflexión.

Me gustó mucho. Gracias por compartirlo.

Saludos.

Karx

20/09/2026 a las 17:25

Hola D.Llurba
No puedo estar más de acuerdo con Nicolás sobre tu relato.
La verdad es que mediante lo vas leyendo te vas dando cuenta de que tú también eres esa persona con esas cinco caras. Es una muestra muy sincera de la realidad. Todos alguna vez hemos dejado las cosas para más tarde y esas cosas o no se hicieron o se hicieron con prisas y mal hechas. Me llegó a pasar mucho con los estudios, y ahora, a veces me pasa con nuevos objetivos. Poco a poco intento mejorar y que no me coma la pereza para no convertirme en una persona “cobarde y vaga” como bien dices al final.
Un gran relato. ¡Nos vemos en la próxima recopilación!

Lisa

22/09/2026 a las 13:26

Me ha gustado esta realidad existencialista del día de a día. Una oda a las sobre exigencias, a la ilusión de las metas y a la vorágine que representa el reto de lo que queremos vivir y lo que realmente deseamos.

Pilar (marazul)

23/09/2026 a las 15:49

Hola D.Llurba: me ha parecido muy interesante y original el punto de vista desde donde nos presentas un tema con el que muchas personas nos identificamos: una situación bastante común que tu logras convertirlo en un relato más retórico.
En cuanto a la parte formal no tengo nada que objetar, ya que tu dominio del lenguaje es evidente.Utilizas un narrador omnisciente, ese que lo sabe casi todo; incluso se permite (con bastante criterio) opinar o dar consejos.
Los protagonistas secundarios, bien definidos: procrastinación, perfección, lector, lingüista…
Los antagonistas: el miedo, la crítica, el fracaso…
La acción: es el bucle (representado por el símbolo uróboro) en el que entra el escritor en este caso.
El final, con esa conclusión de que todos forman parte de un único ser: la revelación del secreto es crucial. Aplaudo ese final en donde el protagonista se desengancha y toma la determinación de salir de todo lo que le pueda distraer.
Me apunto a este relato de autoayuda y lo voy a tener presente.
Me ha gustado mucho lo que escribes y cómo lo has contado.
Un saludo

Amadeo

24/09/2026 a las 11:58

D. Llurba
Gracias por compartir tu cuento.
Lo noto algo confuso. Intercalas opinión del relator y pensamientos de personajes varios: me confunden y demoran la lectura y la correcta interpretación´.
La última parte, cuando el personaje se autoidentifica como uno, fluye mejor.
Espero haber colaborado mi opinión como lector
Cordiales saludos.
Amadeo (Argentina)
Nota: estoy en el 40, por si quieres leerlo y comentar

Deja un comentario:

Tu dirección de correo no se publicará. Los campos obligatorios aparecen marcados *